• Lunes, 15 de octubre de 2018
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29 de septiembre, Día Mundial del Corazón: Prevenir es vivir, más y mejor

A pesar de haber conseguido reducir el porcentaje de fallecimientos en la última década gracias a nuevos fármacos y tecnologías punteras, y a la mayor concienciación en la práctica de medidas preventivas, las enfermedades cardíacas siguen siendo el motivo de una elevada mortalidad y también de una alta incidencia de discapacidad

Día Europeo Insuficiencia Cardiaca

Las enfermedades cardiacas causan cada año 120.000 fallecimientos directos en nuestro país. En el mundo, 17,5 millones de vidas se pierden cada año. En el Día Mundial del Corazón, que se celebra el 29 de septiembre, se intenta concienciar a la población de la importancia de  reducir al mínimo los factores de riesgo.

La enfermedad cardiovascular podría dejar de ser la causante de los 17,5 millones de muertes prematuras que se producen cada año en el mundo tan solo modificando algunos hábitos de vida. Sin embargo, se estima que  la cifra crecerá hasta alcanzar los 23 millones de muertes en el año 2030. “A pesar de los avances en fármacos y tratamientos, estas patologías continúan estando en mortalidad muy por delante del cáncer y de los accidentes de tráfico, lo que choca con la visión que tiene la sociedad de los siniestros en las carreteras, que provocan cada año 3.000 muertos en comparación con los más de 120.000 fallecimientos por dolencias cardiovasculares. A pesar de ello, la repercusión mediática es incomparablemente menor”, reconoce el doctor Carlos Macaya, presidente de la Federación Española de Cardiología (FEC).

Por tipología, las patología cerebrovasculares continúan situándose como las más mortíferas, causando el 23 por ciento del total de defunciones cardiovasculares; aunque existe una tendencia a la baja, concretamente un cinco por ciento menos hoy que en 2004. El 18 por ciento de las muertes se producen por lo que el informe del INE denomina como “otras enfermedades del corazón”. Entre las cuales, la insuficiencia cardíaca se mantiene como la tercera causa de defunción, con un 15 por ciento del total de fallecimientos cardiovasculares, seguida de “otras enfermedades isquémicas del corazón (14 por ciento) y del infarto agudo de miocardio (14 por ciento)”.

En los últimos años, se ha pasado en mortalidad del 33 por ciento al 29 por ciento, es decir, de 130.000 a 120.000 muertes. Claramente ha habido una reducción en su prevalencia e incidencia, seguramente por las medidas de prevención que se han llevado a cabo en algunas de ellas. El doctor Manuel Anguita, presidente de la Sociedad Española del Corazón (SEC), señal que “la Ley del Tabaco ha sido clave para que se haya producido un importante descenso de muertes por infartos, insuficiencia cardíaca y todas las patologías asociadas, pero si no se continúan tomando medidas como esta pueden volver a aumentar”, sostiene.

Factores genéticos y hábitos de vida

La herencia genética en las patologías cardiovasculares y en la cardiopatía isquémica y la arterioesclerosis es importante. Es un factor de riesgo no modificable, por eso, cuando se empieza la historia clínica de un enfermo de corazón, lo primero que se le pregunta es por los antecedentes familiares. “La clave está en poder averiguar el porqué de esa carga genética. En algunos casos son, por ejemplo, hipercolesterolemias familiares; si identificamos el motivo, que observamos analizando el árbol genealógico del paciente, podemos actuar evitando los accidentes cardiovasculares. Desde el punto de vista clínico-práctico lo averiguamos en la historia clínica”, explica el doctor Macaya.

Sin embargo, como recuerda este experto,  la predisposición a padecer una enfermedad cardiovascular no significa estar sentenciado a padecerla. Según la Organización Mundial de la Salud, hasta un 80 por ciento de las muertes cardiovasculares prematuras, por debajo de los 70 años, se evitarían con medidas preventivas bastante sencillas. “Pero si tienes predisposición y además añades factores de riesgo, la posibilidad de desarrollar un accidente cardiovascular se multiplica”, reconoce el presidente de la FEC.

Al hablar de prevención, los expertos inciden en la necesidad de educar desde la infancia en hábitos de vida saludables, que empiezan por una correcta alimentación junto con ejercicio regular. “Los expertos no hablan de deporte sino de ejercicio físico, para que las recomendaciones valgan para todos”, matiza el Dr. Macaya. “Evitar la obesidad y el sedentarismo son las dos mejores medidas preventivas controlables; a ellas hay que sumar, los posibles factores de riesgo cardiovascular que conocemos y que son modificables, entre ellos, dejar de fumar y controlar la hipertensión arterial, tan prevalente –somos el segundo país del mundo con más hipertensos tras Japón–, y la hipercolesterolemia. En cuarto lugar, tenemos la diabetes, que condiciona un daño a nivel macro-micro vascular y que hay que controlarla”, explica Macaya.

Con respecto a la ingesta de alcohol, hay estudios epidemiológicos que sugieren que un consumo bajo –una copa de vino al día- puede no ser malo, pero no está demostrado que sea bueno. “No se puede recomendar alegremente que se tomen bebidas alcohólicas, porque no está demostrado con ningún estudio que sea bueno”, añade el doctor Anguita. Por otro lado, los expertos reconocen que vamos hacia atrás en salud cardiosaludable en lo que a la dieta se refiere. Por eso consideran que debieran producirse cambios legislativos y “declarar la guerra a las grasas trans”; además de recordar que cada vez se ingieren menos fruta, verdura y pescado.

Sobre si la ciudadanía ha interiorizado la necesidad de realizar ejercicio para tener una vida más saludable, los expertos reconocen que en los niveles socioeconómicos medio-altos sí ha calado el mensaje, pero a nivel general, en los más bajos, la recomendación no ha surtido efecto; no se hace ejercicio y los índices de obesidad se disparan preocupantemente. Según señala del Dr. Macaya, “hay que empezar también por la base y eso se conseguiría haciendo de manera diferente a como actualmente se hace en los colegios con educación física. En los centros educativos los niños no están adquiriendo la costumbre de hacer regularmente ejercicio; parece que es difícil conseguirlo”.

Conseguir que el paciente lleve una vida saludable es, por tanto, una medida básica. “A veces los médicos asustamos. No tenemos que agobiar, sino conseguir que el paciente se preocupe de cuidarse y contralar sus factores de riesgo… Si no lo consigue con buenos hábitos de vida, tendrá indefectiblemente que medicarse, pero será el médico quien tendrá que decírselo”, explica Anguita.

En relación a si se está notando en el número de siniestros cardíacos la implantación de desfibriladores en lugares públicos de nuestras ciudades, los cardiólogos reconocen que en España el número es pequeño con respecto a otros países de nuestro entorno. Desde las sociedades científicas, aunque sepan que no son la panacea, se recomienda una mayor implantación de los mismos.  “Con respecto a otros países de nuestro entorno nos encontramos en una situación inferior. Además, hace falta preparar a gente para que sepa manejarlos -policía, bomberos, personal sanitario…-, pero también la ciudadanía en general. Desde la SEC hemos firmado un convenio con la Cruz Roja para que los voluntarios sepan manejar las instrucciones del aparato; tienen que familiarizarse con él. En los países donde se han generalizado -Japón, Alemania…- ha descendido notablemente la muerte súbita. Y en España hay 30.000 muertes súbitas al año. Suelen ser personas jóvenes y no disponer cerca de un desfibrilador puede suponer que la persona muera o viva con una gran discapacidad”.

Por otro lado, y según distintos estudios, también influye la economía en la salud cardiovascular, por los costes de los servicios en un sistema sanitario público universal y gratuito y, más aún, en un país con envejecimiento poblacional acelerado. De los que pueden ser extrapolables a España, se desprende que las intervenciones médicas han contribuido a reducir las patologías cardiovasculares en un 40 por ciento, el resto se debe a la mejoría de la calidad de vida, incluyendo unos ingresos per cápita mayores.

Según destaca el Dr. Macaya, “ahora mismo es el problema de los países emergentes que empiezan a aumentar sus rentas per cápita. Con frecuencia se piensa que solo las medicinas rebajan las muertes cardiovasculares, cuando en realidad es un conjunto de factores: las campañas de los sistemas de salud, el papel de los médicos de familia, la implantación de desfibriladores… ayudan a la prevención y en último caso a la resucitación cardiovascular. Si recuperáramos solo a 3.000 de los 30.000 infartados súbito eso sería resucitar a 9.000 personas”.

Sistema sanitario y la atención cardiovascular

En lo que atañe a la atención cardiovascular, la pregunta es si existe un equilibrio de igualdad en el tratamiento al paciente en todas las Comunidades Autónomas o las diferencias son notables. Los cardiólogos indican que en teoría no debieran de producirse diferencias o tendrían que ser muy pequeñas. Pero sí, sí las hay, “sobre todo en el síndrome coronario agudo. En las comunidades donde había Código Infarto, la mortalidad es inferior”, señala el presidente de la FEC; que añade que en España “las diferencias actualmente no son tanto de tratamiento, sino debidas a inversiones en Sanidad, aunque no en enfermedades cardiovasculares específicamente. Hay CC.AA. que invierten 1.300 euros por habitante y otras, 900. Con esas diferencias en presupuestos, por muy eficientes que sean sus administradores, no obtendrán los mismos resultados, se traducirán en desajustes”, reconoce.

A la hora de hablar de tratamientos farmacológicos, se pone de manifiesto que, desde el punto de vista cardiovascular, los nuevos medicamentos más efectivos para la diabetes, contra la hipertensión arterial, para los lípidos… están contribuyendo a reducir la tasa de mortalidad, por lo que aumentará la longevidad y hará que cada vez haya más enfermos cronificados.

Otro de los tratamientos de futuro pasa por investigar en torno a la regeneración del tejido cardíaco. “No es ficción, pero tampoco una carrera meteórica. Venimos prometiendo la regeneración del tejido cardíaco desde hace mucho tiempo; se ha logrado en la piel y órganos más sencillos, pero el corazón es más que un músculo, es un órgano complejo. Y aunque se hayan logrado regenerar unos pequeños grupos de células no hemos conseguido ir más lejos”, señala el Dr. Macaya. Tal y como afirma, “hace diez años decíamos que los avances eran inminentes, pero los médicos tenemos que ser cautos y no prometer lo que no se puede prometer sin saber cuándo ni cómo. En este sentido, sí podemos decir que el futuro va por ahí; es una línea irrenunciable. Ojalá sea más pronto que tarde. Firmaría para que dentro de 10 años se pudieran obtener corazones con tejido cardíaco nuevo a partir de células madre propias”.

Con respecto a la situación en nuestro país en comparación con otros de nuestro entorno, hay que reconocer que en los occidentales la situación es muy similar a la española. En los nórdicos la incidencia es algo mayor que en España, tal vez por la alimentación, pero por otro lado disponen de unos mejores registros de información de salud. Con respecto a la asistencia y a la tecnología estamos al mismo nivel, coinciden en señalar los expertos.

Otro factor clave en el abordaje de la enfermedad cardiovascular es la propia situación de los profesionales. Es verdad que la Cardiología es de las especialidades más rápidas en el diagnóstico, pero la crisis, los recortes, el citado factor económico, los modelos de convivencia sociales… han afectado. Los problemas fundamentales radican en la insuficiencia de la plantilla de cardiólogos, así como también en la renovación de las tecnologías, que puede que se haya ralentizado un poco y haya influido en el avance de esta especialidad.

Las demandas de los cardiólogos, al igual que en otras especialidades, pasan por una remuneración adecuada y el reconocimiento profesional. “Nuestro sistema sanitario es eficiente, pero la remuneración profesional es muy baja. Ahora mismo el problema que arrastramos es que contamos con un equipamiento obsolescente herencia de los 5 años de crisis. Y la Sanidad es demandante de equipamiento de forma continuada; bajamos la mortalidad y alargamos la vida porque hay envejecimiento con cronicidad, con lo que cambian los parámetros asistenciales a los que hay que hacer frente”, zanjan los expertos.

Por su parte, la Atención Primaria, como puerta de entrada al sistema, debe enfrentarse a nuevos retos en este campo en el día a día. Es en este nivel asistencial donde se hace prevención, se hacen los primeros diagnósticos y se controlan los factores de riesgo y las enfermedades estabilizadas.

Según datos del Grupo de Patología Cardiovascular de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), un año más vuelve a subir el número de pacientes hipertensos (19,81 por ciento), diabéticos (7,8 por ciento) o con cifras elevadas de colesterol (18 por ciento). En opinión de Pablo del Brío Ibáñez, miembro de dicho grupo de trabajo, las cifras “no son buenas”, por ello es necesario seguir trabajando desde Atención Primaria y “mantener el foco dirigido a los grupos sociales con mayores necesidades”. Como solución, apunta a “nuevas y más agresivas campañas de promoción de la salud y educación sanitaria”, con el fin de modificar los estilos de vida no saludables y disminuir la incidencia y prevalencia de las enfermedades cardiovasculares, incluyendo en el análisis también las condiciones socioeconómicas.

Respecto a los problemas pendientes, cabe destacar que considerando la obesidad y el sobrepeso conjuntamente, más de la mitad (54,5 por ciento) de los adultos españoles tiene exceso de peso. Igualmente, aunque se haya ralentizado su uso y el consumo de tabaco mantenga la tendencia de descenso ya afianzada en los últimos años, el 22,1 por ciento de la población mayor de 15 años afirma fumar diariamente y a estas cifras hay que sumar el 2,3 por ciento de fumadores ocasionales.

En cuanto al aumento de las principales patologías asociadas a los riegos cardiovasculares, en el caso de la diabetes destaca que la prevalencia de diabéticos prácticamente se ha doblado desde 1993 y, como ya marcaba la tendencia, el mayor incremento se ha producido en hombres a partir de los 55 años. Todo apunta como causa a los malos hábitos de vida, dieta, sedentarismo, tabaco, alcohol… Algo similar puede decirse de la prevalencia de cifras elevadas de colesterol, que se han duplicado en el mismo período.

A estas cifras nada cardiosaludables hay que sumar que la prevalencia de sedentarismo en tiempo libre es del 36 por ciento, que en el caso de las mujeres se eleva hasta el 40 por ciento. Además, el 35,3 por ciento de la población entre 15 y 69 años no cumple con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en relación a la práctica de actividad física, según la encuesta.

Ver vídeo Semana Mundial del Corazón de la Fundación Española del Corazón (FEC).

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