• Jueves, 15 de noviembre de 2018
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AP25. Primer año

Se cumple ahora un año de la publicación del  documento “La Atención Primaria de Salud en España en 2025”, elaborado por el Grupo AP25 de la Organización Médica Colegial

Dr. Garavis

José Luis Garavís. Grupo AP25.OMC

Un año en el que este grupo de trabajo, constituido a iniciativa de las vocalías de Atención Primaria Rural, Atención Primaria Urbana y Administraciones Públicas, ha venido realizando múltiples actividades tendentes a avanzar en la consecución de su objetivo fundamental que no es otro que establecer las bases para que la Atención Primaria (AP) de la próxima década sea sólida y sostenible, y disponga de los recursos que realmente precisa para ofrecer a todos los ciudadanos la asistencia de calidad que reclaman y merecen.

Pretendemos con esta iniciativa poner a disposición de  los profesionales y del  conjunto de la sociedad un instrumento para la reflexión y el debate sobre la AP que queremos con la perspectiva del año 2025. Han transcurrido más de treinta años desde el inicio de la reforma y desarrollo de la Atención Primaria de Salud, de la creación de la especialidad de Medicina Familiar y Comunitaria, y del establecimiento de las zonas de salud, de los centros de salud, de los Equipos de Atención Primaria. Y treinta años después es más necesario que nunca reivindicar el papel de la AP como eje fundamental del Sistema Nacional de Salud (SNS), capaz de mejorar la eficiencia del mismo y garantizar su sostenibilidad.

La voz de alarma ha sonado ya en demasiadas ocasiones advirtiendo del riesgo de deterioro que acecha a nuestro modelo de AP, un modelo que tanto esfuerzo ha costado desarrollar y que tan magníficos resultados ha obtenido en los cuidados de salud de la población. La falta de apoyos políticos, una financiación insuficiente, la dificultad de acceso a determinados medios diagnósticos, el escaso nivel de participación en la toma de decisiones sobre la gestión de los centros de salud, un cierto desprestigio de la especialidad en el que intervienen sin duda factores como su escasa presencia en la universidad y el empeoramiento de las condiciones laborales y retributivas son algunos de los puntos clave que están conduciendo a la AP a esta situación de crisis como modelo y de desánimo profesional.

Proponemos una serie de cambios tanto en la estructura, como en la organización y en las herramientas e instrumentos que deben estar en manos de la Primaria, para que esta sea el verdadero eje, o como se dice en el documento, el “centrocampista” del sistema sanitario.

Es preciso implementar urgentemente cambios estratégicos dirigidos a resolver los problemas detectados en el modelo y a encarar los profundos y acelerados cambios sociales, profesionales, demográficos y tecnológicos que están teniendo lugar en nuestro país y en el mundo en los últimos años.

Son necesarios cambios a todos los niveles. Cambios en el sistema, aumentando los recursos de la AP, aumentando el número de profesionales que trabajen en ella. Si nuestra sociedad quiere que la AP resuelva satisfactoriamente los problemas de salud que afectan a la población, la organización sanitaria debe disponer de unos recursos apropiados y suficientes en personal, equipamiento y medios, es decir, precisa una adecuada financiación. La financiación es clave pues, como se dice en el documento, “lo que no figura en los presupuestos no está disponible para la acción y se necesita un horizonte de estabilidad, mejora y solvencia presupuestaria para empezar a hablar en serio de mejorar la infraestructura de la Primaria en España”. Durante la crisis, la participación de AP en la inversión sanitaria pública no ha parado de bajar y ya estamos en unos niveles difícilmente soportables. Las consecuencias las están sufriendo los pacientes y los propios profesionales: cargas de trabajo desmesuradas, acúmulos casi diarios por falta de sustituciones, consultas masificadas, demoras excesivas… Deben los gestores tomar buena nota, pues si desde Primaria no se puede seguir resolviendo el 85-90 por ciento de la demanda que le llega, todo el SNS puede colapsar. Sin una financiación adecuada, suficiente y equitativa de la AP, no se podrá hacer frente a los grandes retos del SNS con eficiencia y calidad.

Se hace necesario un redimensionamiento de las plantillas de médicos en AP para una mejor redistribución de cupos en función de sobrecargas asistenciales, mayor frecuentación por población envejecida, proximidad o lejanía al centro de salud, etc. En definitiva, es importante avanzar no sólo en un incremento de los recursos humanos, sino en una mejor distribución de los mismos, adaptando estos a las necesidades asistenciales y de salud de cada territorio.

Consideramos necesarios cambios en el modelo de gestión de estos equipos, tanto de la gestión económica como de la gestión de los procesos propios de la AP, como de su continuidad con Atención Hospitalaria. El médico de AP debe tener una participación más activa en los procesos asistenciales y en los recursos necesarios para el desarrollo de los mismos, debe gestionar los componentes del proceso asistencial (tiempos de consulta, tiempo asignado por paciente, derivaciones e interconsulta con otros especialistas, cuándo y a dónde derivar, gestión de avisos domiciliarios, periodos formativos y docentes, etc.). Igualmente es importante la participación activa del profesional en la gestión de los recursos materiales y humanos necesarios.

El modelo sanitario de España debe dejar de ser un modelo hospitalocentrista y pasar a ser un modelo basado en la AP.

Proponemos en el documento acciones tendentes a minimizar el impacto de la ola de medicalización que invade la sociedad, medidas para eliminar lo superfluo e ineficaz y combatir la iatrogenia, situando la seguridad del paciente entre las prioridades de nuestra actividad clínica. La necesidad de un cambio del SNS de un modelo de agudos a un modelo que garantice el abordaje con garantías de la cronicidad, la correcta aplicación en la práctica clínica y en la gestión clínica de las tecnologías de la información y comunicación, la inclusión de la asignatura de Medicina Familiar y Comunitaria como obligatoria en todas la facultades de Medicina y la creación de departamentos de Medicina de Familia y AP, dirigidos y constituidos por médicos de AP. El desarrollo profesional continuo y la validación periódica de la colegiación como elementos primordiales de garantía y seguridad en la atención a los pacientes son otras de las propuestas y reflexiones que contiene el documento.

Si queremos que nuestro SNS continúe obteniendo unos resultados que se encuentran entre los mejores del mundo, y además a un coste que es de los más bajos de nuestro entorno, es preciso mantener los principios y valores de la AP: accesibilidad, longitudinalidad, puerta de entrada al sistema sanitario, continuidad asistencial, integralidad, hábil manejo de la incertidumbre, polivalencia profesional. Sin AP no progresamos en salud, y sin salud no avanzamos en bienestar y desarrollo.

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