• Sábado, 17 de Agosto de 2019
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Pacientes y médicos tienen buena percepción del valor añadido que ofrece la innovación incremental en medicamentos

Por el contrario, reguladores y pagadores raramente la entienden como un progreso frente a los tratamientos existentes

innovación incremental en medicamentos

En la última década, alrededor del 40 por ciento de los fármacos innovadores que han llegado al mercado se enmarcan dentro del concepto de innovaciones incrementales, parte sustancial del esfuerzo investigador de la industria farmacéutica.

Se trata, en general, de variaciones en la formulación y concepto original del medicamento que generan grandes ventajas para pacientes y profesionales sanitarios, tales como mayor rapidez de actuación, facilidad de uso o mejoras en la eficacia del compuesto y en la adherencia del paciente al tratamiento. Algunos ejemplos de dichas innovaciones incrementales serían nuevas vías de administración, la combinación de dos principios activos, utilización para una nueva indicación, ayuda en aplicaciones o soportes tecnológicos, o mejoras en la seguridad o posología.

Sin embargo, se ha constatado una severa discrepancia en la percepción del valor añadido que ofrece dicha innovación incremental en pacientes y médicos frente a reguladores y pagadores. Mientras que los primeros consideran esas mejoras como un importante avance para el abordaje de la enfermedad, los segundos raramente las entienden como un progreso frente a los tratamientos ya existentes.

Así se desprende de un estudio elaborado por la consultora especializada Iqvia, por encargo de la Federación Europea de la Industria Farmacéutica (Efpia), en el que se analiza cómo ha sido contemplado históricamente en Europa el valor de estos nuevos fármacos desde una perspectiva integral, no solo clínica, por las administraciones públicas y otros agentes decisores en materia de precio y reembolso.

Diferencias

El estudio analiza las diferencias de evaluación entre distintos productos, áreas terapéuticas y países. Como ejemplo de productos analizados están un inhalador que combina dos fármacos de administración conjunta, un tratamiento de cuatro moléculas concentrado en una sola pastilla diaria, un antidiarreico que, una vez aprobado, se muestra efectivo contra la encefalopatía hepática, o la combinación de tramadol y paracetamol en un solo comprimido para mejorar la adherencia al tratamiento contra el dolor.

Entre los resultados se observa que médicos y pacientes reconocen la notable aportación terapéutica de estas innovaciones y las sitúan al mismo nivel en términos de valor añadido que a los fármacos que presentan mecanismos de acción completamente nuevos.

Por el contrario, reguladores y pagadores, si bien reconocen el valor añadido a esos medicamentos radicalmente innovadores, se resisten a hacerlo con las distintas fórmulas de mejora que se agrupan bajo el concepto de innovación incremental, con el consiguiente impacto directo en los procesos de aprobación y fijación de precio.

Consecuencias

La media de las decisiones de las agencias nacionales al respecto es siempre inferior al precio fijado para el medicamento de referencia en esa indicación, llegando a reducciones de entre el 15 por ciento y el 20 por ciento en países como Italia, España, Suecia y Holanda.

En este sentido, obviar los beneficios reales que genera la innovación incremental supone un obstáculo para el acceso de los pacientes a estos medicamentos que, o no son incluidos en la prestación farmacéutica pública, o lo son a precios tan bajos que no son de interés para la compañía farmacéutica que los ha desarrollado.

Soluciones

El estudio propone, entre otras cuestiones, que pacientes y profesionales sanitarios participen en los procesos de evaluación de tecnologías sanitarias, incluir en esa evaluación información sobre la experiencia de uso del producto, o la consideración por parte de los reguladores y pagadores de la opinión de otros agentes (como pacientes, profesionales sanitarios…) para la fijación del precio más justo.