• Viernes, 20 de octubre de 2017

Buenos resultados de la nefrectomía parcial en tumores menores de 4 cm

La nefrectomía parcial consiste en la extirpación o exerésis de una parte de un riñón que, generalmente, está afectada por... Ver artículo

La nefrectomía parcial consiste en la extirpación o exerésis de una parte de un riñón que, generalmente, está afectada por un tumor renal de pequeño tamaño, por debajo de 4 cm. La técnica puede ser por vía abierta o por vía laparoscópica. La primera se suele realizar por vía lumbar, que es más clásica, más asequible y se obtienen excelentes resultados. La vía laparoscópica requiere de un entrenamiento mucho más exhaustivo, ya que es una técnica más difícil que su homóloga abierta, pero en manos expertas no suele presentar más complicaciones que la abierta, con mejoras sustanciales en cuanto a los resultados estéticos y en cuanto a la estancia postoperatoria. Con esta intervención se conserva un porcentaje de la funcionalidad del riñón.

Tal y como se ha señalado, la indicación es la extirpación de  una masa renal sospechosa mediante URO-TC de neoplasia no mayor de 7 cm. También se empela para la heminefrectomía en sistema doble por atrofia de un hemiriñón por patología infecciosa y/o reflujo o ambas.

Pronóstico

En líneas generales, los resultados obtenidos son buenos. No obstante, el pronóstico oncológico depende del grado Furman del tumor y de la presencia o no de márgenes quirúrgicos afectados. El pronóstico funcional de riñón intervenido estará en función del tamaño y localización del tumor, es decir, del número de unidades funcionales viables en el riñón tras la cirugía.

En cuanto a la necesidad de tratamientos complementarios, con resecciones completas, márgenes quirúrgicos libres y tumores pequeños, habitualmente no se necesitan tratamientos adyuvantes. Por eso, en la inmensa mayoría de los caso no es necesario, siempre y cuando la indicación quirúrgica haya sido del todo correcta.

De esta forma, el seguimiento de los pacientes debe ser estrecho con pruebas analíticas  para poder valorar la función renal y de imagen, sobre todo Eco y URO-TC. Con estos datos, se adaptará al riesgo asociado de diseminación de la enfermedad. Así, el control clínico del paciente una vez realizada la cirugía se llevará a cabo con pruebas de imagen, normalmente TAC  alternando con ecografía en un periodo mínimo de 5 años.

En la elaboración de este artículo han participado los doctores Pedro Arrosagaray Echepare y David García Calero.

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