• Jueves, 15 de noviembre de 2018
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Cambios en el estilo de vida y el tratamiento, aspectos que más dudas generan en diabetes tipo 2

Cuando una persona es diagnosticada de diabetes surge el miedo y la incertidumbre a lo desconocido, a cómo tendrá que abordar su enfermedad y si podrá o no controlarla. Es cierto que, actualmente, hay mucha información al respecto, pero aun así el diabético debutante se enfrenta con temor y desconfianza. Surge la necesidad de aceptar la enfermedad y poner todos los medios para su control. Las dudas se relacionan sobre todo con alimentación, con evolución de enfermedad y con el uso de insulina, como pincharse, posibles efectos secundarios, hipoglucemia, aumento de peso.

Las preguntas más frecuentes que suelen realizar en la primera visita son sobre el tipo de alimentación, si van a poder realizar el mismo tipo de dieta que antes, si pueden tomar azúcar, si pueden comer fuera de casa. Otra cuestión que se plantea el paciente es sobre la influencia de la enfermedad en su estilo de vida actual; si a poder trabajar con normalidad, realizar ejercicio físico, viajar, etc. En algunas ocasiones, el paciente experimenta sentimientos de culpa y se pregunta si ha hecho algo para tener diabetes tipo 2, si lo ha heredado, si es porque no hace ejercicio o porque toma azúcar.

También preguntan si se les va a insulinizar. Una vez aclarado, preguntan si es para toda la vida, y conforme se van relajando, van preguntando por lo que ellos han percibido de otros pacientes o familiares, como es si se van a quedar ciegos, si las pastillas engordan, si la dieta es obligada… A lo largo de varias entrevistas, se puede disipar y aclarar, junto con enfermería, sus miedos, enseñándoles a modificar sus estilos de vida.

Miedo a complicaciones

Tienen miedo que ellos puedan desarrollar complicaciones que han tenido sus familiares o conocidos diabéticos, como problemas de visión, retinopatía diabética, amputaciones, pie diabético o cualquier complicación que ellos conocen. Otra reacción es aceptar que la diabetes es una enfermedad crónica y que tendrá que medicarse para el resto de su vida. Inicialmente, en muchos casos se desarrolla una negación a la evidencia.

Los pacientes con diabetes acuden en primera instancia a su centro de salud para ver a su médico de familia, aunque también enfermería es un referente para la ayuda y seguimiento. Enfermería juega un papel muy importante en la vida del paciente DM2, ya que son estos profesionales de salud los que conviven más con el paciente. Son los responsables de hacer un buen control del peso, dieta y los hábitos higénico-dietéticos necesarios para cada uno de los pacientes con DM2. También son los que llevan el control de todas las pruebas relacionadas con su control y seguimiento.

Información en la red

Entre las ventajas que tiene acudir a la red para que los pacientes obtengan información está que es una ayuda para tomar decisiones terapéuticas, aumentar su autonomía, reforzar su prevención y la adherencia terapéutica. Por el contrario, pueden caer en consultar información no contrastada y sin respaldo científico, interpretar esa información de forma incorrecta, autodiagnóstico, automedicación e hipocondria. Se recomienda que se utilicen la información de internet siempre que venga de organismos oficiales de salud, que sea una información fiable y contrastada con el personal sanitario.

En una primera instancia el cambio de hábitos suele suponer el principal handicap para estos pacientes. Las modificaciones de la dieta y la instauración de una actividad física regular son, a priori, las mayores dificultades con las que se van a encontrar. También la toma de conciencia de la enfermedad y el constituirse como los auténticos protagonistas en el seguimiento de su patología son otros de los problemas habituales. Además, la adaptación a los diferentes fármacos antidiabéticos y a sus efectos secundarios son otra de las barreras a salvar.

Adaptación

En el paciente más joven, el adaptar su estilo de vida a los cambios que precisa para controlar su enfermedad suele ser sencillo. Realizar ejercicio físico de forma regular, limitar el consumo de hidratos de carbono de absorción rápida, moderar consumo de alcohol, abandonar el consumo de tabaco, alimentación variada basada en el consumo de frutas y verduras evitando las grasas saturadas son pautas necesarias que deben seguir. En el paciente más mayor los cambios en el estilo de vida y en la alimentación suelen ser más costosos, puesto que suelen presentar limitaciones físicas o falta de hábito para hacer ejercicio y son más reacios en general a introducir modificaciones en los hábitos alimenticios. La indicación de tratamiento farmacológico supone una dificultad en pacientes de más edad polimedicados que en general son reacios a la introducción de nuevos tratamientos. En pacientes jóvenes el iniciar un tratamiento farmacológico supone una toma de conciencia de la enfermedad con rechazo inicial a la toma de medicación que debe ser superado.

Apoyo familiar

El papel de la familia y los cuidadores de los pacientes con DM2 es fundamental. En el caso del paciente anciano, la familia y el cuidador son imprescindibles para poder establecer un cambio de hábitos de vida y seguir las pautas higiénico dietéticas marcadas por el personal sanitario. Así, con los profesionales de la sanidad, son la familia o cuidadores los que más pueden ayudar a controlar a los pacientes con diabetes tipo 2, quizá mucho más que las nuevas tecnologías y que las asociaciones, ya que un cuidador o familiar estará siempre junto al paciente y podrá ayudarle directamente y corregir los errores que se pueden ir produciendo. Sus familiares y el equipo de salud tendrán que jugar un papel activo y responsable fomentando el autocuidado de tal manera que se logren identificar las ventajas y desventajas de conductas saludables, percibir el beneficio en la salud aumentar la calidad de vida.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores especialistas en Medicina de Familia Azucena Rodríguez Martínez, Purificación Gómez Jara, Emilio Ángel Macanas Pérez, Francisco Ramírez Espín, Ramón López Guillén y Rosario Martínez Guillamón, de Murcia; Ingrit Terceros Taboada, Miriam López Marín, Beatrice Madelina Morna, Rocío Portales y Lorena Camargo Moscote, de Barcelona; los especialistas en Medicina General Inmaculada Portilla García, Encarnación Nicolás Martínez, Carmen Paniagua Merchán, Francisco Martínez López y Carmen Albuixech Negueroles, del Centro de Salud Cartagena Este; Jerónimo Cartagena García, Francisco Alcazar Manzanera y María Teresa Villamor de Santiago, del Centro de Salud Cartagena Isaac Peral; Juan Aledo Peralta, Pablo Moreno Canelo, Victoria López Vellibre, Concepción Carvajal Lucerga y  Juan Francisco Fernández de Simon Bermejo, del Centro de Salud Cartagena Oeste; Cristina Castella Cuesta, Rosaura Analia Chaparro Cardoz y Carlos Alberto Bascou Caram, de Blanes, y Beatriz Rodríguez Merchan, Alejo Millet López y Josep Llaona Butiña, de Masnou.

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