• Miércoles, 22 de mayo de 2019
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CESM alerta de que las agresiones no físicas a médicos van en aumento

Con motivo del Día Nacional contra las Agresiones en el Ámbito Sanitario, CESM ha propuesto mejorar las medidas preventivas al respecto

El Colegio de Médicos de Toledo contra las agresiones médicas

Según estimaciones solventes, hasta el 85 por ciento de los médicos han experimentado alguna vez episodios de violencia física, verbal o gestual por parte de pacientes o familiares, y el perfil mayoritario de la víctima es el de una mujer médico que trabaja en el ámbito extrahospitalario.

Es por ello que con motivo del Día Nacional contra las Agresiones en el Ámbito Sanitario, la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM) ha hecho una llamada a profesionales, pacientes y autoridades políticas y judiciales para luchar juntos contra esta lacra, de la que tiene constancia que va a más, particularmente en el caso de las manifestaciones de violencia que no son de naturaleza física.

En primer lugar, CESM ha querido agradecer y recordar todo lo que se ha avanzado en esta materia. A saber: considerar al médico autoridad pública (de modo que la agresión denunciada sea susceptible de ser considerada delito en vez de falta), la puesta en práctica en la mayoría de CC.AA de protocolos de actuación, la creación en 2017 del Interlocutor Policial Sanitario, o que ya haya sentencias en base a la aplicación de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales y no del Código Penal (responsabilizando así a la Administración Sanitaria pública de la falta de medidas de prevención).

Más medidas preventivas

Pese a todas estas medidas, la realidad es que queda mucho por hacer. Así CESM proponía una serie de medidas preventivas al respecto. Algunas de ellas eran más y mejores dispositivos de seguridad en los centros (vigilantes de seguridad que protejan a los profesionales, al menos en los centros más conflictivos, cámaras, interfonos y timbres de alarma, softwares específicos en ordenadores y teléfonos móviles, etc.). Igualmente, proponen actuar sobre aquellos factores que disparan la agresividad de ciertos pacientes y familiares, y que también está en manos de la Administración sanitaria corregir. Entre ellos hay que destacar la masificación de la asistencia provocada por el recorte en recursos humanos y técnicos. En este sentido, ampliar plantillas e invertir en sanidad es fundamental, porque la falta de recursos y excesivas expectativas crea frustraciones en los pacientes que sirven de caldo de cultivo para las agresiones, aunque, obviamente, en ningún caso las justifican.

También señalaban otras cuestiones como la elaboración de planes y protocolos integrales de prevención que sean uniformes en todas las CC.AA. y tengan como objetivo dotar a los profesionales de la Sanidad de las medidas de seguridad y la formación necesarias para minimizar las posibles agresiones que puedan sufrir en sus centros de trabajo, así como crear u sistema de atención inmediata al profesional agredido que suponga su relevo del trabajo y la asistencia médica necesaria hasta su completa recuperación.

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