• Jueves, 19 de septiembre de 2019
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Conocer dónde están los servicios y el temor a oler mal son los lastres del día a día de las mujeres con STUI

Las ganas frecuentes de orinar alteran la vida de las mujeres con STUI. Esta situación afecta también a su familia, pareja y entorno, produciendo situaciones que generan ansiedad.

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Los síntomas del tracto urinario inferior (STUI) más frecuentes en las mujeres afectan a su calidad de vida, ya que gran parte de sus actividades diarias se ven afectadas por la presencia de ellos. Para José Luis Poza Barrasús, de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), recuerda que la vejiga hiperactiva/el síndrome de urgencia frecuencia es el STUI más frecuente. Se caracteriza por un deseo miccional difícilmente diferible (urgencia miccional), asociado o no a incontinencia urinaria, y generalmente relacionado con la frecuencia miccional elevada (>7-8 micciones diurnas y 2 o más micciones nocturnas, nocturia,), sin etiología conocida. Por lo tanto, “estamos hablando de síntomas sin una causa patológica que las origine”.

Para saber cuáles son las actividades diarias que más se ven afectadas por los STUI en las mujeres hay que tener en cuenta una serie de factores entre los que se encuentra la edad y la situación laboral. Así, “si la mujer no trabaja, habitualmente, limita sus salidas de casa a aquellas imprescindibles (comprar, acudir al médico, recoger a los niños del colegio…), siempre teniendo en mente los servicios que puede utilizar durante el trayecto (conozco todos  los lavabos que puedo utilizar desde casa a…)”, detalla el ginecólogo.

Ahora bien, si la mujer desarrolla una actividad laboral fuera del domicilio, se verá obligada a utilizar los servicios de su lugar de trabajo con mucha frecuencia, lo que le obliga a dar explicaciones constantemente de porqué tiene que abandonar su lugar de trabajo. Si la mujer no tiene posibilidad de utilizar los servicios de forma fácil, no tiene más remedio que utilizar protección íntima intensa que absorba las fugas de orina y las micciones involuntarias, lo que le obliga a cambios frecuentes de protección íntima y de ropa interior, así como la utilización de colonias y perfumes que disimulen su olor a orina.

En ambos casos las mujeres viven el día a día con la obsesión de conocer dónde están los servicios y del temor a que los de su alrededor noten el olor o su ropa mojada.

Para hacer frente a esta situación, Poza recomienda acudir a su médico y explicarle, sin temor ni vergüenza, sus síntomas. Su médico iniciará las pautas terapéuticas y diagnósticas básicas e iniciará el tratamiento oportuno. Si el médico considera oportuno, derivará a la paciente a un especialista para tratamientos más complejos. No hay otra estrategia, las que realizan las pacientes habitualmente (buscar servicios, utilizar protección, quedarse en casa) no son estrategias terapéuticas, son recursos para no afrontar el problema médico.

Porque los STIU tienen una repercusión psicológica que se debe tener en cuenta, ya que afectan de forma muy intensa, produciendo inseguridad, temor, ansiedad, obsesión, depresión, sentimientos de culpabilidad, pérdida de su autoestima…

El miedo a las fugas de orina o a tener que utilizar los servicios de forma frecuente les limita su relación de pareja, su relación familiar, su actividad laboral…, lo que incrementa sus sentimientos de culpa y la disminución de su autoestima, lo que no es infrecuente que finalice en un síndrome ansioso-depresivo. Es por lo tanto un círculo que hay que cortar en su origen: su sintomatología urinaria.

No es infrecuente que limiten sus salidas a locales de ocio (cine, teatro…), a viajar en autobús, a realizar excursiones, a pasear con amigos; incluso a acudir a casa de familiares donde deban pernoctar, por el miedo a despertarlos por la noche o temor a mojar la cama. La pareja no lo entiende y la familia desconoce que le ocurre. Todo ello vuelve a incrementar la ansiedad de la mujer lo que le lleva a encerrarse en casa.

Es cierto que hay medidas que pueden mejorar los síntomas: disminuir la ingesta de líquidos a un volumen razonable y evitar bebidas irritantes, como el café. De hecho, tal y como detalla Poza, “son las medidas que deben iniciar cualquier tratamiento. Sin embargo, esto no excluye que se deba acudir al médico a consultar sin temor ni vergüenza, su sintomatología. Hemos indicado que el síndrome de urgencia-frecuencia/vejiga hiperactiva no tiene etiología; sin embargo, hay patologías médicas, neurológicas, urológicas, ginecológicas, que cursan con una sintomatología similar y que deben excluirse antes de iniciar cualquier tratamiento”, concluye el especialista.