• Lunes, 11 de diciembre de 2017

El cribado para HBP mejora el diagnóstico precoz y la eficacia de los tratamientos

Los programas de cribado para la hiperplasia benigna de próstata (HBP) no se pueden establecer claramente como los del cáncer de próstata. Todo varón a partir de los 40 años va a padecer una HBP que podrá presentar sintomatología o no.  Cuando un varón consulte para revisión, sea asintomático o aqueje sintomatología relacionada, deberá ser explorado adecuadamente, incluyendo un tacto rectal. Se deberá solicitar una analítica con función renal y PSA, así como un sedimento de orina. La superposición que existe entre la HBP y el cáncer de próstata obliga a discernir ante qué situación se encuentra el paciente.

En este sentido, no se recomienda hacer cribado de PSA en varones mayores de 75 años, y expectativas de vida inferior a 10 años, ya que se produce sobredetección, sobretratamiento, mayor morbilidad, mayor número de biopsias y elevado coste económico.

El cribado en España todavía no ha conseguido demostrar un descenso de la mortalidad por cáncer de próstata, sin embargo, en el caso de la hiperplasia benigna de próstata parece que el diagnóstico precoz mejora la eficacia de los tratamientos. Así y todo, no se contempla screening para la hiperplasia benigna de próstata, salvo que se sospeche neoplasia. Lo único es que hacerlo ayuda en la toma de decisiones diagnósticas y terapéuticas.

Sintomatología

Hay que tener en cuenta que la HBP es una de las causas de la sintomatología del tracto urinario inferior (STUI) del varón. En líneas generales se pueden dividir en síntomas de llenado (aumento de frecuencia miccional diurna y nocturna, urgencia e incontinencia) de vaciado (dificultad de inicio de la micción, disminución del flujo miccional, necesidad de prensa abdominal) y postvaciado (goteo, sensación de vaciado incompleto).

Todo estos síntomas puede empeorar progresivamente hasta que un paciente presente infecciones de orina por vaciado incompleto, uropatía obstructiva con afectación de la función renal, la aparición de litiasis vesicales o la retención urinaria completa, la cual va a obligar a colocar una sonda vesical. La HBP también va a poder complicarse con la aparición de hematuria de origen prostático.

Abordaje terapéutico

En líneas generales, el tratamiento de la enfermedad se basa en tres pilares. El primero se centra en los cambios de estilo de vida, con la modificación del patrón de ingesta de líquido, cambios en los horarios de ciertas medicaciones como diuréticos, evitar alcohol, cafeína o micciones programadas. Fundamentalmente, se dirigen a pacientes con sintomatología leve. En segundo lugar, está el tratamiento farmacológico que se basa en alfabloqueantes dirigido a pacientes con síntomas moderados o graves, fundamentalmente de vaciado; en inhibidores de 5 alfa reductasa para pacientes con síntomas moderados o graves y próstatas de mayor tamaño (mayores de 40 ml). Son los únicos que han demostrado disminuir la incidencia de retención aguda de orina y la necesidad de cirugía; antimuscarinicos, pacientes con síntomas moderados o graves con predominio de síntomas de llenado; terapias combinadas (alfabloqueantes más inhibidores o alfabloqueantes más antimuscarínicos) y agonistas beta 3, inhibidores de 5 fosfodiesterasa o desmopresina.

Cirugía

Por su parte, la cirugía está indicada en pacientes con síntomas graves que no responden a tratamiento médico o en presencia de complicaciones de la enfermedad, como retención aguda de orina, hematuria, litiasis vesical o infecciones de repetición. El tratamiento se basa en dos técnicas, la resección transuretral en próstatas menores de 70-80 ml y la adenomectomía en próstatas de mayor tamaño. En los últimos años nuevas técnicas basadas en la utilización de distintos tipos  de energía láser  o la cirugía laparoscópica han complementado a las convencionales.

Por eso, el tratamiento médico a largo plazo se mantiene cuando la eficacia se demuestra disminuyendo los síntomas y no existen efectos secundarios destacables. El objetivo es mejorar la calidad de vida del paciente.

Calidad de vida

Porque la HBP afecta a la calidad de vida según refieren la mayor parte de los pacientes. Para conocer el grado de afectación existen cuestionarios validados ampliamente, como el IPSS, en el que se valora la afectación de la calidad de vida. Tanto la sintomatología de llenado y la de vaciado van a afectar en menor o mayor medida la calidad de vida. A eso, se puede añadir diversas complicaciones como las infecciones de repetición, la aparición de litiasis, la hematuria, la uropatía obstructiva con insuficiencia renal o la retención urinaria que obliga a la colocación de una sonda vesical que pueden invalidar la vida cotidiana de un varón o requerir de un ingreso hospitalario.

Teniendo en cuenta que la etiología de la hiperplasia benigna de próstata es multifactorial y relacionada con la edad, los síntomas se pueden mejorar con ciertos cambios en el estilo de vida del paciente, pero su desarrollo histológico no. Se han llevado a cabo estudios clínicos y epidemiológicos para conocer sus factores de riesgo, como dieta, tabaquismo, HTA, consumo de alcohol…pero no se dispone de información que permita establecer conclusiones definitivas, aplicables a programas de prevención de riesgo.

En la elaboración de este artículo han participado los doctores José María Prats de Puig, Juan Uría González Toba, Luis Miguel Herranz Fernández, Manuel Álvarez Ardura, Xavier Bonet Puntí, Félix Vesga Molina, José Luis Ruiz Rubio, José María Rodríguez Vallejo y Carlos Alcalá-Santella Casanova. 

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