• Jueves, 19 de octubre de 2017

El daño cardiaco causado por la quimioterapia es peor en pacientes con diabetes

En los próximos años esta cardiotoxicidad parece destinada a aumentar la carga de insuficiencia cardiaca en los sobrevivientes de cáncer

El daño cardiaco causado por la quimioterapia es peor en los pacientes de cáncer que también tienen diabetes, según revela un estudio presentado en EuroEcho-Imaging 2016, la reunión anual de la Asociación Europea de Imágenes Cardiovasculares (EACVI, por sus siglas en inglés), una rama de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC, por sus siglas en inglés), que se celebra hasta este sábado en Leipzig, Alemania.

“Cada vez se habla más de la cardiotoxicidad inducida por la quimioterapia con antraciclinas, principalmente porque ahora muere de cáncer una menor proporción de pacientes”, señala la doctora Ana Catarina Gomes, cardióloga en formación en el Hospital García de Orta en Almada, Portugal.

“En los próximos años esta cardiotoxicidad parece destinada a aumentar la carga de insuficiencia cardiaca en los sobrevivientes de cáncer”, advierte. “La buena noticia es que la cardiotoxicidad puede ser reversible en las primeras etapas antes de que se produzca una insuficiencia cardiaca importante”, añade.

A su juicio, los programas de vigilancia son muy beneficiosos, sobre todo en el primer año de tratamiento cuando se desarrolla hasta un 80 por ciento de la disfunción sistólica. El Hospital García de Orta cuenta con un programa de vigilancia, dirigido por Cardiología, Oncología y Hematología, para monitorear a pacientes con cáncer que reciben quimioterapia basada en antraciclinas.

En este tipo de programas, se realiza la evaluación clínica y ecocardiográfica antes, durante y después de la quimioterapia, independientemente de si el paciente tiene o no síntomas. El objetivo es detectar la cardiotoxicidad temprana para prevenir la insuficiencia cardiaca.

En su investigación, Gomes evaluó los factores que podrían afectar a la probabilidad de que los pacientes tengan daño al corazón después del tratamiento con antraciclinas. El estudio analizó el impacto de los factores de riesgo cardiovascular y el tipo de cáncer en el desarrollo de la cardiotoxicidad para ayudar a identificar a los pacientes con mayor riesgo.

El estudio incluyó a los 83 pacientes del programa de vigilancia, de los cuales 54 tenían cáncer de mama, 20 linfoma y nueve tumores gástricos. Se recogieron datos demográficos de cada uno de ellos, factores de riesgo cardiovascular (hipertensión, diabetes mellitus, dislipidemia, tabaquismo), enfermedades cardiovasculares y no cardiovasculares previas y tipo y dosis acumulativa de antraciclinas.

La evaluación ecocardiográfica incluyó las dimensiones de la cámara cardiaca, la función sistólica y diastólica, la fracción de eyección y la deformación longitudinal global. Se realizaron las mediciones antes de iniciar la quimioterapia, durante el tratamiento y después de terminar el tratamiento de quimioterapia.

Los investigadores evaluaron el impacto de cada factor de riesgo en los cambios en los datos ecocardiográficos desde la línea de base hasta el seguimiento. Además, los cientifícos compararon los datos ecocardiográficos entre pacientes con diferentes tipos de cáncer.

Un total de 39 pacientes fueron tratados con doxorrubicina y 44 recibieron epirubicina. Las dosis acumuladas estaban dentro de los rangos recomendados. Los pacientes tenían 52 años en promedio (en un rango de 39 a 65 años) y el 78 por ciento eran mujeres. Un 31 por ciento tenía hipertensión, el 7 por ciento estaba también aquejado de diabetes, el 16 por ciento tenía dislipidemia y el 16 por ciento era fumador.

En general, la deformación longitudinal global y la fracción de eyección del ventrículo izquierdo disminuyeron progresivamente y fueron significativamente más bajas después de la quimioterapia en comparación con la línea de base. Los pacientes con hipertensión mostraron una tendencia hacia mayores reducciones en la fracción de eyección y los que tenían diabetes registraron una disminución mayor en la deformación longitudinal global durante el tratamiento, a pesar de presentar niveles basales similares a los no diabéticos.

Gomes dice: “La reducción subclínica en la deformación longitudinal global es un predictor temprano de la insuficiencia cardiaca y fue particularmente pronunciada en pacientes con diabetes. Es posible que la tendencia a una mayor reducción en los pacientes con hipertensión pueda llegar a ser estadísticamente significativa en un estudio más amplio”.

Los pacientes con cáncer de mama tenían efectos cardiotóxicos más leves en comparación con aquellos con cáncer gástrico o linfoma. Después del primer ciclo de quimioterapia, tuvieron una disminución menor en la fracción de eyección y una mejor función diastólica, mientras que a mitad del tratamiento presentaron mejor función sistólica.

Las diferencias fueron independientes de la dosis acumulativa de antraciclinas que fue similar en todos los tipos de cáncer. “Tenemos la hipótesis de que los propios cánceres podrían tener efectos cardiotóxicos directos inducidos por las citoquinas –dice Gomes–. Estos efectos cardiotóxicos pueden variar con el tipo de cáncer”.

Y añade: “Los pacientes con cáncer deben controlar estrictamente los factores de riesgo cardiovascular con cambios en el estilo de vida y, si es necesario, con la medicación. Pero, por supuesto, la prevención cardiovascular nunca debe posponer el inicio de la quimioterapia, ya que el tratamiento del cáncer es la primera prioridad”.

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