• Martes, 21 de noviembre de 2017

El déficit de vitamina K y D aumenta el riesgo de hipertensión

Con motivo del Día Mundial de la Hipertensión, que se celebra el 17 de mayo, la Fundación Española del Corazón (FEC), quiere recordar que esta enfermedad es uno de los factores de riesgo clave en el desarrollo de las enfermedades cardiovasculares

Unos niveles bajos de vitamina K y D incrementan el riesgo cardiovascular, especialmente porque aumentan la incidencia de hipertensión, según un reciente estudio llevado a cabo por La Universidad Libre de Ámsterdam.

En concreto, observaron una mayor incidencia de niveles altos de presión arterial sistólica y diastólica en participantes entre 55 y 65 años que, de forma basal, no presentaban hipertensión al inicio del estudio. Sin embargo, debido a este déficit de vitaminas D y K, el 62 por ciento de los participantes en el estudio terminó desarrollando hipertensión arterial al cabo de seis años.

La vitamina D ayuda al cuerpo a absorber el calcio y se encuentra mayoritariamente en pescados grasos (atún, salmón y caballa). Por otra parte, las hierbas (tanto frescas como secas), las coles de Bruselas, los espárragos, el repollo, el brócoli o especias como el curry o el pimentón están entre las mejores fuentes de vitamina K, responsable de producir proteínas para la formación de huesos y tejidos o ayudar a coagular la sangre. La Fundación Española del Corazón (FEC) recomienda incluir estas vitaminas a través de una dieta variada y saludable.

“Tener un factor de riesgo como la hipertensión aumenta muy significativamente las posibilidades de sufrir una enfermedad cardiovascular y es un signo de alerta importante que indica que es necesario revisar nuestro modo de vida”, incide Paola Beltrán, vocal de la Sección de Riesgo Vascular y Rehabilitación de la Cardiaca de la Sociedad Española de Cardiología.

La FEC recuerda que la mejor manera de controlar los niveles de tensión arterial es mediante hábitos de vida cardiosaludables: no fumar, moderar el consumo de alcohol, controlar el peso, realizar ejercicio regularmente y seguir una dieta cardiosaludable, evitando especialmente la sal, ya que España destaca por su alto consumo de sal. Según la Organización Mundial de la Salud, España consume el doble recomendado (5g al día vs 11g consumidos por los españoles).

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