• Sábado, 21 de septiembre de 2019
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Desarrollan una técnica para erradicar el contagio de la malaria

La supervivencia del parásito está basada en la producción de isopentenil pirofosfato, este descubrimiento podría contribuir a acelerar el desarrollo de medicamentos y ofrecer la base para la primera vacuna efectiva contra la enfermedad

Científicos de la Universidad de Stanford y de la Universidad de California en San Francisco (EE UU) han desarrollado una técnica para inactivar al parásito de la malaria a través de un procedimiento que consistente hacerlo depender del suministro externo de una sustancia química vital, el isopentenil pirofosfato (IPP). De este modo, a través de la cepa domesticada de Plasmodium, el parásito causante de la malaria, podría dejar de provocar la enfermedad.

Los resultados se publican en la revista PLoS Biology, y se centran en identificar el IPP como una sustancia absolutamente esencial para la viabilidad del parásito y la posibilidad de cultivar grandes cantidades de este parásito modificado, incapaz de provocar la enfermedad.

El estudio ha sido liderado por la profesora de la Universidad de Stanford y de la Universidad de California en San Francisco, Ellen Yeh y el investigador del Instituto Médico Howard Hughes (EE UU) Joseph DeRisi. Ambos demuestran que durante la etapa en la que está infectando la sangre, el parásito puede vivir sin su apicoplasto siempre que siga obteniendo la sustancia química de otra fuente.

Los autores explican que a pesar de que el apicoplasto genera muchos productos diferentes, únicamente la producción de IPP es fundamental para la supervivencia del parásito durante la etapa en la que se encuentra en la sangre.

Durante el estudio, Yeh y DeRisi encontraron que si añadían antibióticos al medio de cultivo en combinación con una única sustancia, el IPP, los parásitos que no tenían apicoplasto se multiplicaban rápidamente en el cultivo. Como explica Yeh, esto indica que el IPP es la única sustancia que el Plasmodium necesita verdaderamente de su apicoplasto durante su etapa en sangre.

Con estos nuevos hallazgos podrán realizarse nuevos medicamentos y vacunas. No obstante, Yeh advierte que todavía pasarán muchos años hasta que esta investigación llegue a la fase clínica, “aunque se está más cerca que antes”.