• Martes, 12 de diciembre de 2017

Descubren microARNs que controlan el 80% de los genes implicados en dolor neuropático

Los investigadores del Instituto Karolinska en Suecia muestran su esperanza en que los fármacos basados en microARNs sean una futura posibilidad

Investigadores del Instituto Karolinska en Suecia, dirigidos por el profesor Patrik Ernfors del Departamento de Bioquímica Médica y Biofísica, han publicado un estudio en el que muestran el cambio de función de una neurona, que normalmente permite sentir una agradable sensación táctil, a transformarse en percepción del dolor.

Hasta ahora se suponía que ciertas neuronas sensoriales solo transmiten agradables sensaciones táctiles, mientras que otras neuronas se especializan para transmitir el dolor. Durante el dolor crónico, el tacto normal puede causar dolor, pero cómo sucede este hecho y su mecanismo sigue siendo un misterio.

Los científicos del Instituto Karolinska han descubierto que una pequeña molécula de ARN (microARN), localizada en las neuronas sensoriales, regula cómo se percibe el tacto. “Nuestro estudio muestra que los nervios sensibles al tacto cambian de función y comienzan a producir dolor, lo que puede explicar cómo se produce la hipersensibilidad”, señala Ernfors.

El equipo descubrió que el clúster miR-183 controla la expresión de más del 80% de los genes regulados en el dolor neuropático. Cuando se produce una neuropatía, el clúster miR-183 es rápidamente regulado y su expresión disminuida, al tiempo que se produce una sobreexpresión de los genes relacionados con el dolor. “El dolor neuropático es una condición compleja con muchos mecanismos subyacentes”, explica Ernfors. “Lo que es interesante de nuestro estudio es que podemos mostrar que la molécula de ARN controla la regulación del 80% de los genes que se sabe que están implicados en el dolor neuropático. Mi esperanza es que un día los fármacos basados en microARNs sean una posibilidad”, apunta.

Es vital entender los mecanismos que conducen al dolor crónico

La investigación se realizó principalmente en ratones, pero también se verificaron  pruebas en tejidos humanos, en donde niveles bajos de microARN podrían estar vinculados a altos niveles del canal iónico específico y viceversa, lo que sugiere que el mecanismo es el mismo en humanos. “Es vital que entendamos los mecanismos que conducen al dolor crónico para que podamos descubrir nuevos métodos de tratamiento”, afirma Ernfors. “Las compañías farmacéuticas se han concentrado fuertemente en sustancias que apuntan a canales y receptores iónicos en las neuronas del dolor, pero nuestros resultados muestran que podrían haber estado enfocándose en el tipo incorrecto de neurona”.

La gabapentina, por ejemplo, se utiliza a menudo para tratar el dolor crónico, a pesar de que el mecanismo de acción no es muy conocido. El nuevo estudio muestra que la gabapentina opera en las neuronas sensibles al tacto y bloquea el canal iónico que aumenta cuando los niveles de microARN disminuyen. Sin embargo, únicamente la mitad de todos los pacientes responden positivamente al tratamiento.

Poco se sabe sobre la complejidad celular y molecular real durante la transducción del dolor, simplemente debido a la falta de conocimiento sobre los tipos de neuronas sensoriales, de la conducción somatosensación y del dolor. Uno de los principales objetivos del laboratorio, continúa Ernfors, es determinar la complejidad celular y molecular del dolor y desentrañar los tipos celulares críticos que lo causan en determinados tipos de trastornos del dolor.

En la actualidad, el equipo del doctor Ernfors enfoca sus estudios de investigación en la comprensión de los conjuntos complejos de las neuronas sensoriales y los códigos de la sensación somática. “Para este propósito, estamos utilizando la identificación y clasificación imparcial de los tipos de células sensoriales en roedores y primates no humanos y explotar este conocimiento para revelar su participación en el dolor agudo, inflamatorio y neuropático usando genética de ratón. Por lo tanto, el objetivo general es proporcionar conocimiento sobre la existencia de tipos definidos de células nociceptivas y asignar su participación a determinados tipos de estados de dolor”, añade.

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