• Martes, 12 de diciembre de 2017

Diabesidad, una combinación peligrosa que se debe controlar

El término diabesidad fue acuñado por Paul Zimmet en el año 2001 y hace referencia a la estrecha relación entre el sobrepeso-obesidad y la diabetes. Ambas enfermedades están en aumento. De hecho, la obesidad se considera la epidemia del siglo XXI y si se consigue prevenir o combatir, se reducirá la incidencia de diabetes, puesto que 8 de cada 10 diabéticos son obesos. La diabetes y la obesidad son dos epidemias gemelas, cuya prevalencia crece a un ritmo alarmante en todo el mundo. Esta combinación forma un cóctel explosivo por el alto riesgo de desarrollar una enfermedad cardiovascular. Pero no se trata de un problema de adultos, las cifras en niños y adolescentes son alarmantes, ya que 1 de cada 10 adolescente con obesidad mórbida son prediabéticos y el 1% son diabéticos.

Y es que la obesidad localizada a nivel abdominal produce adipocinas que dificultan la acción de la insulina, es decir, la llamada resistencia a la insulina que conducirá a la larga a la aparición de la diabetes mellitus tipo 2. También hay una gran liberación de sustancias proinflamatorias que conllevan a una resistencia a la insulina endógena y con ello un estado de hiperglucemia y estado preinflamatorio. Además, la obesidad provoca mayor sobrecarga en las articulaciones, artrosis, esteatosis hepática, arteriosclerosis acelerada…

Complicaciones

Con respecto a las complicaciones y comorbilidades de la diabetes, hay que recordar que se dividen en microvasculares y macrovasculates según se afecten los vasos arteriales más pequeños, medianos o de gran tamaño. Entre las primeras destacan la afectación renal y de la retina, como la nefropatía diabética o la retinopatía diabética, que a la larga pueden provocar insuficiencia renal crónica y ceguera. Entre las macrovasculares se encuentran las afectaciones cerebrales, de las arterias de miembros inferiores y la afectación arterial coronaria.

La población en general no es consciente del riego a medio plazo que supone la obesidad, de ahí que su incidencia siga aumentado. Por eso, hay que insistir en llevar a cabo una dieta saludable, desde las primeras etapas de la vida, que se debe complementar con el ejercicio físico.

Por eso, es recomendable que el personal sanitario tenga la formación necesaria, para que pueda transmitir a los pacientes la información adecuada para mejorar su estado de salud. Los pasos iniciales en la terapia de la diabesidad se centran en la necesidad de un cambio en los estilos de vida del paciente, que es la base de toda terapia, con un cambio en la dieta, con un descenso en la ingesta de grasas saturadas y promover un aumento del ejercicio físico a realizar, todo ello encaminado a conseguir un control o pérdida ponderal adecuados; también sería aconsejable el abandono del alcohol y el tabaco.

Estilo de vida

Si con las modificaciones en el estilo de vida y el ejercicio físico no se consiguen los objetivos marcados, hay que comenzar el tratamiento farmacológico, que se inicia con metformina,  hasta aclaramientos de creatinina de 30, asociada con posterioridad a un inhibidor de la DPP-4, que han demostrado tolerabilidad y  seguridad, ayudando incluso de manera ligera al control del peso. La última novedad terapéutica ha sido la llegada de las glifocinas, que pueden asociarse a las anteriores cuando el paciente presenta un IMC superior a 30, consiguiendo un mayor control metabólico y disminución de la Obesidad, sobre todo de predominio central.

En el tratamiento de la diabetes, si además es el paciente es obeso hay que promover el uso de los fármacos antidiabéticos que provocan disminución de peso o que tengan efecto neutro, como pueden ser los inhibidores de la SLGT-2, análogos de la GLP-1, inhibidores de los DDP4 o metformina.

Los diabéticos obesos suelen tener todos unos perfiles de síndrome metabólico y, por tanto, dislipemia aterogénica que poseen triglicéridos altos, un colesterol LDL alto con partículas densas pero pequeñas y una HDL baja. La primera elección son las estatinas pero no suelen ser muy efectivas en la reducción de la hipertrigliceridemia, así que es frecuente se prescriba una administración combinada de una estatina y un fibrato. Estos pacientes suelen estar polimedicados, por lo tanto el uso de combinaciones fijas de medicamentos mejorara el cumplimiento terapéutico.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores especialistas en Medicina Interna Abselam Mohamed Buskri y Jesús Santiago Toscano, los especialistas en Medicina de familia Ricardo Ortega Fernández, Ana María Amate Garrido, Juan Carlos Mata Padilla y Francisco Marchante Melero, del Hospital Universitario de Ceuta, y Fuad Bitar Mamich, Francisco Solano Gil Fernández, Antonio José Fernández Romero, Francisco Santos Huertas y José Antonio Jiménez Plata.

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