• Viernes, 20 de octubre de 2017

La diabetes se considera una ?epidemia? y cada vez hay más afectados

La diabetes tipo 2 se ha convertido en uno de los problemas sanitarios más graves de nuestro tiempo, de tal... Ver artículo

La diabetes tipo 2 se ha convertido en uno de los problemas sanitarios más graves de nuestro tiempo, de tal forma que puede ser considerada una epidemia en la mayor parte del mundo.  Se estima que existen 246 millones de personas afectados, cifra que puede llegar a los 380 millones en el año 2025 si se cumplen las últimas predicciones. En España, los resultados preliminares del estudio di@bet.es sitúa la prevalencia total de diabetes en el 12 por ciento.

Los factores como el envejecimiento de la población, la disminución de la mortalidad, los cambios en los criterios diagnósticos y un aumento en la incidencia por los cambios en el estilo de vida han influido en mayor número de diabéticos. Así, los criterios diagnósticos se basan en HbA1c (? 6,5%), la glucemia basal en ayunas (GB) (? 126 mg/dl), como con la glucemia a las 2 horas de una prueba de tolerancia oral a la glucosa con 75 gr de glucosa  (SOG) (?  200  mg/dl), dejando claro que no existe una prueba superior a otra.

Con respecto a las complicaciones, hay que diferenciar entre agudas y crónicas. Entre las primeras se encuentra la hipoglucemia, hiperglucemia, cetoacidosis diabética, síndrome hiperosmolar y acidosis láctica, mientras que entre las segundas están la microvasculares, como retinopatía, nefropatía, neuropatía, pie diabético, y las macrovasculares: cardiopatía isquémica, enfermedad cerebrovascular y enfermedad arterial periférica.

Y es que la prevalencia total de diabetes 2 ajustada por la edad y sexo se incrementa progresivamente con la edad, es algo menor en la población de mujeres y en prácticamente la mitad sí que saben que tienen la enfermedad. Suelen ser personas con obesidad y con más factores cardiovasculares asociados como HTA, colesterol unido al HDL más bajo y los triglicéridos más altos y en mayor proporción tienen más antecedentes familiares de diabetes. El  nivel educativo también se relaciona con el riesgo, de tal manera que un nivel económico bajo supone casi un incremento del 30% en el riesgo de presentar la enfermedad.

Pacientes añosos

Los pacientes de edad avanzada presentan una serie de peculiaridades que condicionan su diagnóstico y tratamiento, puesto que tienen una elevada comorbilidad; presencia de síndromes geriátricos, como deterioro cognitivo, depresión, caídas; alta prevalencia de polifarmacia, lo que favorece el desarrollo de interacciones farmacológicas; situaciones de dependencia y de aislamiento social; alto riesgo de hipoglucemia; heterogeneidad clínica en cuanto a duración de la diabetes, comorbilidad, estado funcional y esperanza de vida, y  problemas nutricionales y cambios de su composición corporal.

Por eso, la prevención de las complicaciones de la diabetes no es sólo responsabilidad de médicos, centros sanitarios e instituciones. La aportación del paciente en el control de la diabetes es fundamental para evitar las complicaciones, por lo tanto es importante que adopte unos hábitos de vida lo más sanos y saludables posible. Un buen control de las medidas higiénicas y dietéticas así como la práctica de alguna actividad física le ayudarán positivamente en este aspecto. También la frecuencia de aparición de complicaciones asociadas a la diabetes aumenta con la edad y el tiempo de evolución, pero existen una serie de factores sobre los que podemos actuar y que disminuyen la aparición de estas complicaciones. Entre ellas están la hipertensión, tabaquismo, dislipemia, obesidad, sedentarismo y dieta deficiente, factores más abundantes en nuestros pacientes. La morbimortalidad que provoca la diabetes se asocia principalmente a sus complicaciones crónicas. Es la primera causa de inclusión en un programa de diálisis, duplica o cuadriplica el riesgo de sufrir un evento cardiovascular, es la causa más frecuente de ceguera en adultos jóvenes y de amputaciones en las extremidades inferiores. La aparición de las complicaciones se relaciona con el grado de control de la enfermedad. Así, favorecer el empoderamiento del paciente como responsable de su salud y de su calidad de vida es uno de los objetivos más difíciles de conseguir.

Implicar al enfermo

Pero es realmente importante para optimizar el control de la enfermedad y las personas toleran mejor las decisiones en las que han participado de forma activa. Para ello, es necesario compartir las ideas, las dudas que se presentan y ser sinceros con los pacientes, comentando los resultados que se piensan obtener con una actuación determinada y cuáles van a ser las consecuencias a corto y largo plazo, aunque hay que tener en cuenta que todo va a depender del nivel cultural e intelectivo del paciente, ajustando su nivel de implicación en relación a estos factores.

Para mejorar el cumplimiento en pacientes ancianos se cuenta con algunas medidas, como la reducción de la polimedicación a los fármacos imprescindibles, el uso de fármacos con dosificación sencilla, pocas dosis diarias, utilización de cajas de administración de dosis de fármacos, diarias o semanales, implicación de cuidadores y/o familiares, conocimiento de la enfermedad y complicaciones, manejo de tratamientos y supervisión de cumplimiento.

Las medidas principales para obtener mejor control pasan por la comunicación sincera con el paciente y la información clara de los beneficios que se consiguen con el adecuado control, preferiblemente autocontrol. Aquí la gran importancia de la colaboración estrecha con el personal de enfermería. También hay que tener en cuenta que los nuevos fármacos que evitan hipoglucemias y síntomas hipoglucémicos sobre todo en ancianos, con la posología cómoda de una o dos veces al día y evitar aumento de peso, permite un manejo rápido y eficaz en el control del paciente. Así, no se necesita control glucémico asiduo, con tolerancia adecuada  para que no rechacen las tomas y vean la efectividad en poco tiempo, y con la independencia de la ingesta para adecuarse a sus circunstancias laborales. Además, hay que reforzar el apoyo que se pueden dar en pacientes con nivel cultural más bajo o limitaciones de distancia para que comprendan en lo posible su propia enfermedad.

Así, una buena técnica de comunicación verbal puede seguir el siguiente esquema; empezar por preguntas abiertas que permiten que el paciente responda de la forma que considere más oportuna sobre una cuestión determinada, ya que las preguntas cerradas limitan mucho las respuestas. Sin embargo, con las abiertas se implica al paciente en la comunicación, puede expresar todas sus preocupaciones relacionadas con la salud, abriendo un abanico importante de posibilidades.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores especialistas en Medicina de Familia María Paz Muñoz Izquierdo, José Juan Atienza Gaona, Rosa María Mañes Morales, Teresa Serrano Martínez, Antonio Vicente Marín y José German Loscos Llavador, del Centro de Salud de Almansa, Carlos A. García Arnedo, José Antonio Sánchez García, Mariano Callado Ramón, Juan Antonio Cotillas Soria, Antonio Manzano Martínez  y Martino Sánchez Ruiz, de Hellín, Emiliano De La Fuente Ila, Rosario Beltrán Díaz, Lucinio Carrión Valero, Ricardo Córdoba Talavera, Encarnación Piquer Gómez y Juan Luis López Carrasco, de Albacete, y Olga García Vallejo, Aurora García Lerín y Ana  Mª Zúñiga Guerrero, del Centro de Salud Comillas. Antonio Rascón Fernández, Cecilio Garrido Marcos, Manuel Mazabel Flores, Patricia Javierre Pérez y Nicolás Gamazo Matilla. 

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