• Martes, 14 de Agosto de 2018
Array ( [0] => WP_Term Object ( [term_id] => 1483 [name] => Sanidad Privada, Mutualidades y Empresas [slug] => sanidad-privada-mutualidades-y-empresas [term_group] => 0 [term_taxonomy_id] => 1483 [taxonomy] => category [description] => [parent] => 1350 [count] => 1556 [filter] => raw [cat_ID] => 1483 [category_count] => 1556 [category_description] => [cat_name] => Sanidad Privada, Mutualidades y Empresas [category_nicename] => sanidad-privada-mutualidades-y-empresas [category_parent] => 1350 ) )

“El 12% de las mujeres asignadas a cada especialista de AP sufre o ha sufrido maltrato”

Cifra que algunos estudios apuntan que podría llegar hasta el 25%

XLV Semana de Humanidades de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao

“El 12 por ciento de las mujeres asignadas a cada especialista en Medicina Familiar y Comunitaria sufre maltrato, si bien, algunos estudios apuntan a cifras incluso mayores, que en algunos ámbitos podrían llegar hasta el 25 por ciento”, afirma Leonor Aurrekoetxea, médica de atención primaria del Servicio Vasco de Salud-Osakidetza, durante la XLV Semana de Humanidades de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao, en su ponencia: “Protocolo de detección de la violencia de género en Atención Primaria”.

“La violencia disminuye la propia valoración como persona e induce a un menor cuidado personal, favoreciendo conductas perjudiciales: abuso de alcohol u otras drogas, tranquilizantes, tabaco, abandono en relación con la alimentación y el ejercicio, etcétera. Hay un deterioro de la autoestima y las víctimas llegan a cuestionarse y a culparse. Esto, en muchos casos da lugar a cuadros de ansiedad, depresión, trastornos de la alimentación, disfunciones sexuales y otros. En muchas ocasiones nos encontramos con que la depresión aumenta con la falta de recursos personales, el haber recibido poca ayuda institucional y por haber constatado respuestas de evitación por parte de familiares y amigos”, ha señalado María Ángeles Rodríguez-Arenas, de la Escuela Nacional de Sanidad, durante su ponencia, que ha precedido a la de la Dr. Aurrekoetxea, “Necesidades de salud en poblaciones en situación de migración o refugio”.

Falta de información en los profesionales

Las mujeres maltratadas ˮacuden más a los servicios sanitarios que a los que no lo son”, por lo que es de gran importancia “el conocer los síntomas que pueden apuntar a un posible maltrato”, explica la profesional.

Sin embargo, la realidad es que “en la mayoría de las ocasiones, los profesionales sanitarios no preguntan sobre el maltrato porque los síntomas son presentados como desligados de la situación vital que la mujer está viviendo ya que existen barreras psicológicas que dificultan que las mujeres hablen del tema”. Para la experta, “hay una falta de información en los profesionales sanitarios pero mejorando nuestra formación y con protocolos adecuados, podemos aumentar nuestra capacidad de detección e intervención sobre el maltrato”.

Qué hacer ante la detección de maltrato

Ante la detección de una situación de maltrato físico, Leonor Aurrekoetxea señala: “tendremos que valorar el riesgo de la paciente, informarle de los servicios de asistencia y apoyo, y apuntar en la historia clínica el suceso. Cuando el delito es claro existen ya recursos de otro tipo”.

Asimismo, en el caso de que la agresión no sea de riesgo inmediato “facilitaremos que la mujer se encuentre cómoda, acogida y apoyada. Le ofreceremos un entorno de confidencialidad y seguimiento mediante citas programadas. No hay que olvidar que la situación de maltrato suele ser prolongada en el tiempo y la paciente necesita asumir a su ritmo lo que le ocurre, entender que se le puede ayudar y tenemos que asumir sus propios plazos”, explica.

Por último, la especialista en Medicina Familiar y Comunitaria de Osakidetza añadió que el maltrato puede darse en un quíntuple plano: “por un lado, está la violencia más conocida y evidente, que consiste en el maltrato físico. Pero igualmente existe el maltrato psíquico (como desvalorización, insultos, menosprecio, humillaciones, amenazas, exigencia de obediencia), el maltrato social (controlar actividades normales de la pareja como el estudio, trabajo, amigas y familia de origen) y el maltrato sexual (obligando a la mujer a actos que no desea). No obstante, también se ha de incluir en la violencia de pareja la conducta de control económico”.

Este sitio web utiliza solamente cookies de Google Anaylitics. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies