• Miércoles, 19 de junio de 2019
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El control de la diabetes en menores de 50 años es clave para evitar complicaciones a largo plazo

diabetes

Cerca del 20 por ciento de los pacientes diabéticos que se ven en las consultas de Atención Primaria tienen menos de 50 años. Los perfiles de este tipo de pacientes suelen ser adultos con sobrepeso, con un índice de masa corporal (IMC) mayor de 25; obesidad, sedentarismo, mayores de 45 con familiares de primer grado con diabetes, con enfermedades concomitantes como hipertensión, pacientes identificados con síndrome metabólico (dislipemia), mujeres con diabetes gestacional, mujeres diagnosticadas de ovario poliquístico, antecedentes de enfermedad cardiovascular o cardiópatas. En cuanto al sexo, hay más incidencia en mujeres que en hombres. El hecho de que se detecten diabéticos en población más joven viene favorecido por situaciones como sobrepeso y obesidad, sedentarismo, falta de ejercicio físico y la mediocre alimentación.

Al desarrollarse la enfermedad en edades más tempranas hace que se viva más años con la misma, y probablemente de manera asintomática, por lo tanto más tiempo para favorecer el desarrollo de las citadas complicaciones.

Detección rutinaria

La detección viene marcada por la presencia de estos síntomas poliuria, polidipsia, visión borrosa, polifagia, debilidad, pérdida de peso y molestias digestivas. No obstante, la diabetes mellitus tipo 2 puede no presentar síntomas durante años y suele diagnosticarse por un análisis de forma casual.

Generalmente el grado de cumplimiento, en cuanto a toma de medicación, de los menores de 50 años es menor que el de los mayores. En el principio de la enfermedad existe un cierto temor que desaparece con el paso del tiempo, teniendo en cuenta la frecuente ausencia de sintomatología en relación con la misma. Sin embargo, sí es cierto que en los más jóvenes, como es lógico, existe una mayor disposición a la realización de ejercicio físico. Por otra parte, no presentan tantas patologías como los mayores que les dificultarían el buen control de la enfermedad.

Hay que tener en cuenta que la actividad física controla los niveles de glucemia en sangre, reduce el sobrepeso, mejora la calidad de vida del paciente y evita las posibles complicaciones que puedan surgir por el desarrollo de la enfermedad. Adaptar la cantidad de calorías adecuada a la actividad física, edad, sexo es fundamental en este tipo de pacientes para controlar el peso y el IMC. En líneas generales estos pacientes muestran una mayor disposición a modificar sus hábitos de vida, tanto a nivel de dieta como de ejercicio físico, debido a su edad suelen tener mayor facilidad para incorporar el ejercicio físico a su rutina diaria.

Terapia farmacológica

El tratamiento dependerá de la respuesta al mismo de cada paciente. Si la HbA1c es menor del 8% se comenzará el tratamiento solo con modificaciones en el estilo de vida (dieta y ejercicio). Si en 3-6 meses no se consigue alcanzar el objetivo, se recomienda la introducción de la metformina. En caso de intolerancia o contraindicación a la metformina, se optará por una sulfonilurea o un iDPP4. Si con la monoterapia no se consigue el objetivo, se combinará la metformina con otro fármaco oral. Si con la doble terapia oral tampoco se alcanza el objetivo, se añadirá un tercer fármaco oral, insulina basal o un agonista de los receptores del péptido similar al glucagón tipo 1.

En los casos en los que la HbA1c está entre el 8 y el 10% se iniciará el tratamiento con cambios en el estilo de vida y metformina en pacientes asintomáticos, o con una dosis de insulina basal y metformina si el paciente está muy sintomático.

Cuando la HbA1c es mayor del 10%, y el paciente está muy sintomático o si hay pérdida de peso reciente, es preferible comenzar con una dosis de insulina basal asociada a metformina. En pacientes con pocos síntomas se puede empezar con doble terapia; metformina y otro fármaco oral.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores especialistas en Medicina de Familia Concepción Rodríguez Fernández, Jerónimo Fernández Torrente, del Centro de Salud Milagrosa, y Ana Guerra España, del Centro de Salud Burela, ambos en Lugo; Francisco Bacariza Piñón, Alberto Luis Bravo Pereiro y Manuel Francisco Tarrio Tobar, del Centro de Salud Lopez Mora; José Manuel Rodríguez Macia, del Centro de Salud Cuba, y Julio Jose Rica Jelusich, del Centro de Salud Goian.