• Miércoles, 25 de abril de 2018
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El control de la hipercolesterolemia reduce la aparición de la enfermedad cardiovascular

Tener el colesterol alto afecta a nivel micro y macrovascular

hipercolesterolemia

La enfermedad cardiovascular es la principal causa de muerte prematura en Europa y el colesterol es uno de los principales factores de riesgo para su desarrollo. Por lo tanto, “entenderemos que el control de las cifras de lípidos supondrá una disminución del riesgo cardiovascular de nuestros pacientes”, asegura Ignacio Rasero Hernández, endocrinólogo del Hospital de Mérida.

Porque tener el colesterol alto afecta a nivel micro y macrovascular. Yolanda González Fernández insiste en que “es de vital importancia asegurar que nuestros pacientes sean conscientes de los problemas que provoca el colesterol a estos niveles”.

Pere Castellano coincide con su colega al afirmar que el colesterol es uno de los principales factores de riesgo cardiovascular, especialmente, por la aparición de placas de ateroma a nivel coronario. Para disminuir su prevalencia el principal consejo es seguir una dieta baja en grasas saturadas y hacerse determinaciones periódicas para mantener los niveles en rango.

Así, Salvador Aguilar Pérez comenta que el riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular está directamente relacionado con los niveles de colesterol total en sangre. Por eso, controlar el perfil lipídico es necesario para preservar una buena salud, ya que es responsable del 10 por ciento de toda la carga de enfermedades de los países desarrolados.

Riesgo cardiovascular

Por su parte, Manel Peña Arnaiz se ha referido al concepto de factor de riesgo cardiovascular, que surge de los primeros resultados del estudio Framingham que aparecieron a principios de los años 1960. Desde una perspectiva epidemiológica, un factor de riesgo es una característica o rasgo de un individuo o población que está presente en edad temprana de la vida y que se asocia a un riesgo aumentado de desarrollar futuras enfermedades. El colesterol es uno de los principales factores de riesgo cardiovascular. El Dr. Castelli, uno de los primeros directores del estudio Framingham, observó que el límite de colesterol existe debajo del cual las alteraciones cardiovasculares, sobre todo a nivel coronario, son muy poco probables. Este umbral de colesterol total es de 150 mgr/dl.

Con el análisis de los big data y el uso de la metodología omics se concibe la dislipemia como a un componente fundamental del riesgo residual, que es aquel que aún persiste después de controlar los FRCV, según indican las guías de práctica clínica. Éste se sitúa entre un 30-40 por ciento. Es decir, más de un tercio de los eventos cardiovasculares continúan aconteciendo a pesar de estar en objetivos de control.

El principal disruptor metabólico es la obesidad, sobre todo a nivel visceral. Un poco menos de la mitad de la población general (44,7 por ciento) presenta obesidad abdominal en la provincia de Lérida (más de 102 cm en hombres y más de 88 cm en mujeres). Este exceso de energía se empaqueta en forma de triglicéridos (TG) que es trasportado por el torrente vascular junto el colesterol, ya que los primeros no son hidrosolubles. Tanto los TG como las diferentes fracciones de colesterol están un estrecho equilibrio metabólico que depende de muchos factores.

Cuando la homeostasis se altera, tanto por exceso energético (80 por ciento de los casos) como por resistencia central a la insulina (20 por ciento), los TG se depositan en tejidos ectópicos no diseñados para almacenar grasa o no en esa cantidad, lo cual implica una disfunción de sus rutas metabólicas fisiológicas. Así el hígado se convierte en hígado graso, esteatohepatitis y finalmente en cirrosis.

Acción de las grasas

Y a nivel visceral esa grasa secreta un serie de citoquinas proinflamatorias que inducen un estado inflamatorio de predominio vascular. Lo cual conduce a que esa placa de ateroma que se ha ido formando a partir de las LDLc pequeñas y densas que han atravesado el endotelio vascular y han sido fagocitadas por macrófagos, transformándose en células espumosas, continúan incrementando su carga de TG hasta que finalmente se pone en contacto con el torrente vascular, activando la cascada de la coagulación. Eso favorece la aparición de un evento coronario agudo o, a nivel central, un ictus.

A nivel del colon y de su microbiota, el exceso de colesterol y de la mala alimentación produce que exista menos sustrato probiótico provocando una disregulación prebiótica que conduce a un estado inflamatorio local. Lo cual repercute en la absorción de nutrientes. El sistema inmunológico también se ve afectado, tanto a nivel del tubo digestivo local como a nivel humoral sistémico. Siguiendo el eje cerebro intestinal, por medio de las incretinas los agonistas dopaminérgicos y los supresores del apetito existe un feedback entre la alimentación y la necesidad subjetiva que percibimos, “lo que nos apetece comer”.

Además, el colesterol que está intrínsecamente unido a la diabesidad, diabetes tipo 2 producida por obesidad, participa de manera muy directa con la lipotoxicidad que a nivel analítico se puede objetivar con el diagnóstico de dislipemia aterogénica, resistencia a la insulina y síndrome metabólico.

Prevención

Para disminuir la prevalencia de la hipercolesterolemia, y en concreto para reducir las cifras de LDL (“colesterol malo”), que es el tipo de colesterol con mayor riesgo cardiovascular, es primordial llevar a cabo un estilo de vida saludable. “Debemos reducir el exceso de peso corporal, realizar actividad física de forma diaria durante al menos 30-45 minutos y llevar a cabo una alimentación equilibrada reduciendo el consumo de grasas saturadas y grasas trans y aumentando la ingesta de fibra y de fitoesterlores. En ocasiones, además de las medidas higiénico-dietéticas es preciso añadir fármacos para el adecuado control de las cifras de colesterol de nuestros pacientes”, aseguran los especialistas.

El ejercicio, según Salvador Aguilar, es buen aliado para mantener el control lipídico, ya que eleva el HDL. A eso hay que añadir una reducción de las grasas saturadas, abandonar el tabaco, tomar la medicación pautada y la dieta mediterránea.

Por su parte, Manel Peña recuerda que el principal consejo cuantitativo para disminuir la dislipemia es mantenerse en el peso ideal. “Desde el punto de vista cualitativo la ingesta debe ser con alimentos con una buena dosis de fibra soluble, que se une al colesterol y sus precursores en el sistema digestivo y los arrastran fuera del cuerpo antes de entrar en la circulación. Las grasas poliinsaturadas disminuyen directamente la fracción de LDLc”, indica el especialista quien añade que “son los esteroles vegetales. Los 5 alimentos que tienen estas propiedades son avena, que aporta fibra soluble; las legumbres, que son ricas en fibra soluble, disminuyen el vaciado gástrico y aumentan así la saciedad; los frutos secos no procesados (almendras y nueces), que son ricos en ácidos grasos poliinsaturados del tipo omega 3;  el pescado azul o pescado graso, que se recomienda de dos a tres veces a la semana ya que además de tener una gran cantidad de ácidos grasos omega 3 también sustituyen las grasas saturadas de las carnes, y los alimentos enriquecidos con esteroles, que pueden disminuir hasta un 10 por ciento el nivel de LDLc”.

Las grasas trans o desnaturalizadas hay que evitarlas, ya que se comportan como disruptores metabólicos y aumentan la fracción de las LDLc.

Ejercicio

Todo esto hay que completarlo con ejercicio aeróbico adecuado a las capacidades del individuo, junto a la abstinencia del tabaco y del exceso de alcohol se comportan como antioxidantes. Un mecanismo similar es postulado a la ingesta moderada de alcohol, que además estimula la creación de HDL-c y su funcionalidad. A este factor se le denominó factor Bourgogne, por la localización vinícola en la que fue descrito.

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