• Miércoles, 16 de octubre de 2019
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El manejo de las comorbilidades es clave al abordar las dislipemias

hipertensión arterial

La presencia de comorbilidades es habitual en los pacientes con dislipemia y desempeñan un papel importante en el pronóstico del paciente, ya que influyen significativamente en la duración de estancia hospitalaria, en las complicaciones, discapacidad, posibilidad de rehabilitación, mortalidad, estado funcional, calidad de vida y reingresos.

Las comorbilidades más frecuentes en estos pacientes son hipertensión arterial, enfermedad respiratoria crónica y diabetes mellitus. Hay que mencionar también que las escalas de riesgo cardiovascular como SCORE O REGICOR no solo consideran a las comorbilidades, sino también ponen énfasis en los factores de riesgo como edad, tabaquismo y sexo masculino, que sumados a las comorbilidades pueden duplicar el riesgo cardiovascular a 10 años.

Cuando se habla de las comorbilidades de los pacientes dislipémicos hay que incluir a pacientes con enfermedades cardiovasculares. En estos, es de gran importancia el buen control de los perfiles lipídicos, ya que los factores de riesgo aumentan notablemente el riesgo cardiovascular, coronario y vascular periférico.

Objetivos terapéuticos

Los objetivos del tratamiento de las dislipemias se establecen en función de las cifras de LDL, y es más o menos agresivo en función de la existencia de otros factores de riesgo añadido. La primera recomendación terapéutica será siempre la modificación de los hábitos de vida, donde hay que incluir la dieta y la práctica de ejercicio físico. En el caso de la existencia de hipertrigliceridemia, ya sea aislada o asociada a hipercolesterolemia, se debe hacer énfasis en la dieta absolutamente exenta de alcohol y de bebidas azucaradas, y en la necesidad indiscutible de perder peso.

Las guías de las distintas sociedades científicas plantean diferentes enfoques de manejo de la hiperlipidemia en estas situaciones, aunque en todas ellas las estatinas son la base del tratamiento. Debido a que en dichos pacientes es necesario alcanzar niveles más bajos de c-LDL y de colesterol no-HDL, con frecuencia se precisa un tratamiento combinado con otros hipolipemiantes, como ezetimibe o fibratos. Los inhibidores de PCSK9 pueden aportar un beneficio adicional en pacientes seleccionados.

Pautas no farmacológicas

Hay pocas opciones no farmacológicas ante el abordaje de las dislipemia cuando falla el tratamiento estándar. Reforzar los hábitos higiénico-saludables es imprescindible, sobre todo con dieta y ejercicio. También se debe contemplar la opción de derivar al paciente a las unidades de lípidos de los hospitales, donde se emplean en algunas ocasiones L-carnitina para el tratamiento de la hiperproteina y de PCSK9, que es de uso hospitalario.

Otra opción son los ácidos grasos omega 3, que se encuentran especialmente en las carnes de pescados de aguas frías y en algunos aceites vegetales como el de canola. Disminuyen el colesterol total (CT), el LDL y los TG. Por su parte, la levadura de arroz rojo inhibe la producción de colesterol por la acción de la enzima HMG-CoA, que es la responsable de la síntesis del colesterol, obteniendo un descenso del colesterol. La monocolina K ha sido sometida a una serie de investigaciones/estudios y se ha visto que tiene efectos beneficios para la reducción del colesterol y de los TG, ya que reduce la producción de VLDL (apoproteína responsable del transporte de TG en sangre).

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores Alejandro Vila Belmonte, María Angeles Berenguel Anter, Sara Darnes Soler, David Antonio Minchola Guardia, de Girona; Armando Jurado Fortoul, Evangelina Torres Ramírez, Adelaida Chia Mena, Verónica D’Alicandro y Marysabel Solorzano Planas, del Centro de Salud Arquitecto Bennassar, y Francesc Planas Ayma, Antonio Jesús Amor Fernández, Enric Ballestar Más y Josefa Rafael Rivera, de Barcelona.