• Miércoles, 17 de julio de 2019
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El manejo de los factores de riesgo cardiovascular debe ser individualizado

riesgo cardiovascular

El porcentaje de pacientes con hipertensión, diabetes y dislipemia que se ven en los centros de salud varía en función de las áreas geográficas, pero suele superar el 5 por ciento, mientras que los que presentan dos, HTA y dislipemia o HTA y diabetes, suele situarse en torno al 40 por ciento.

En líneas generales, la HTA suele ser la primera en diagnosticarse. Se sabe que determinados tratamientos antihipertensivos (diuréticos, beta-bloqueantes) pueden influir sobre el perfil lipídico e igualmente fármacos hipolipemiantes pueden tener algún efecto sobre la presión arterial y la enfermedad cardiovascular, sin relacionarse directamente con la modificación del perfil lipídico. Por otro lado, a pesar de la diversa etiología de la diabetes, el estado hiperinsulínico genera situaciones de gluco y lipo-toxicidad, que puede promover procesos inflamatorios y de estrés oxidativo que alteren el metabolismo de HC, grasas y proteínas, y además estudios epidemiológicos sugieren que un aumento de colesterol puede anteceder al desarrollo de la hipertensión y del mismo modo la dislipemia puede encontrarse presente en estadios precoces de la hipertensión.

Hay que tener en cuenta que la alteración del LDL no es la más frecuente en diabetes y las estatinas han demostrado beneficios, por lo que los fibratos se deben dejar para la dislipemia aterogénica e hipertrigliceridemias graves para evitar el riesgo pancreático.

Control de la HTA

En el control de la presión arterial, hay que actuar sobre el eje renina-angiotensina-aldosterona, con IECAS O ARA 2. No obstante, se debe tomar en cuenta el papel de los beta-bloqueantes en prevención secundaria y los calcioantagonistas en diabetes con microalbuminuria.

Disponer de diversos fármacos hace que se pueda individualizar el tratamiento, teniendo en cuenta la evidencia disponible de que los fármacos glucosúricos (SGLT2) disminuyen de forma muy importante el riesgo cardiovascular, la enfermedad renal crónica y la mortalidad global. En dicho contexto, también se tiene más evidencia con los antagonistas GLP1. Por supuesto, el adecuado control de cada uno de estos factores de riesgo deberá ser considerado en el abordaje integral con el fin de minimizar el daño CV y sus consecuencias.

Con respecto a las guías de práctica clínica, hay que señalar que existen varias. Están las europeas ESC/EAS/Tabla SCORE, basadas en estudios Framinghan, y calibrada para España, donde se priorizan pacientes de alto riesgo, tratando de prevenir muerte prematura por ECV contribuyendo a mejorar en la práctica los factores de riesgo.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores José María Tolosana Almale, Amalia Casasus Martínez, María Vicenta Sánchez Miralles, Amparo Lucia Aznar Basset y Ana Carmen Villanueva Matoses, del Centro de Salud Salvador Allende.