• Lunes, 15 de octubre de 2018
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El microRNA-30c, presunto biomarcador diagnóstico y diana terapéutica potencial para el dolor neuropático

María Amor Hurlé, autora de este estudio sobre la búsqueda de perfiles de expresión génica para definir el riesgo de desarrollar dolor neuropático, ha concedido una entrevista a El Médico Interactivo

María Amor_investigadora

Un estudio sobre la búsqueda de perfiles de expresión génica que permitan definir el riesgo individual de desarrollar dolor neuropático tras una lesión neural ha sido publicado recientemente en Science Translational Medicine. La coordinadora de este estudio de la Universidad de Cantabria (UC) y el Instituto de Investigación Marqués de Valdecilla (IDIVAL), María Amor Hurlé, catedrática de Farmacología de la UC y miembro de la Sociedad Española del Dolor (SED), ha concedido una entrevista a El Médico Interactivo.

¿Cuál es su opinión respecto a la importancia de las moléculas microRNA-30c en la relevancia clínica de los hallazgos experimentales del estudio?

Nuestro estudio  en el animal de experimentación pone de manifiesto que microRNA-30c se encuentra sobreexpresado por las células neurales de las ratas que desarrollan dolor neuropático tras la lesión del nervio ciático. Este incremento se ve reflejado por un aumento de sus niveles circulantes en la sangre  y en el líquido cefalorraquídeo. Además, el silenciamiento de microRNA-30c en el sistema nervioso central protege contra el desarrollo de dolor neuropático. La administración precoz en la cisterna magna de un inhibidor específico de microRNA-30c evita el desarrollo del dolor neuropático. Si la administración tiene lugar tardíamente, cuando el dolor neuropático está plenamente instaurado, el anti microRNA-30c lo revierte de forma completa.

En nuestra cohorte de pacientes con dolor neuropático en la extremidad inferior causado por isquemia crítica, también observamos niveles elevados de microRNA-30c en líquido cefalorraquídeo y en plasma; más aún, sus niveles circulantes nos permiten discriminar, con sensibilidad y especificidad, a aquellos pacientes que sufren dolor neuropático de los que están libres de dolor. Es obvio que no podemos disponer de muestras de tejido nervioso de los pacientes, pero el paralelismo entre la sobreexpresión en el modelo experimental y los pacientes nos permite proponer a microRNA-30c como presunto biomarcador diagnóstico de dolor neuropático, accesible, sensible y específico, y como diana terapéutica potencial para el desarrollo de un novedoso tratamiento del dolor neuropático.

¿Podríamos hablar del comienzo de una nueva vía para empezar a conocer los complejos procesos neuroinflamatorios?

En un síndrome altamente resistente a los tratamientos convencionales como es el dolor neuropático, conocer cómo se desarrolla el proceso neuroinflamatorio subyacente (actores, mediadores, vías de señalización implicadas, etc.) es fundamental para el diseño de nuevas dianas terapéuticas más eficaces que las existentes. En este sentido, nuestros resultados aportan un importante punto de partida para la implementación de nuevas terapias basadas en el silenciamiento de microRNA-30c. Los microRNAs están emergiendo con fuerza como dianas terapéuticas en diversos procesos patológicos y su desarrollo clínico está empezando a materializarse.

Sin embargo, el conocimiento del por qué es un reto del que estamos todavía muy alejados. En mi opinión, algunas preguntas clave son: ¿Por qué tras el mismo daño o enfermedad del sistema nervioso somatosensorial solamente una pequeña proporción de pacientes desarrolla dolor neuropático? ¿En qué se diferencian los pacientes propensos a desarrollar dolor neuropático de aquellos que son resilientes? Si pudiéramos responder a estas preguntas, tendríamos la clave para prevenir la instauración del dolor cuando un paciente vulnerable se ve sometido a cualquiera de los múltiples procesos que asocian este síndrome doloroso (traumatismos, diabetes, infección por herpes zoster, ictus, intervenciones quirúrgicas, y un largo etc.). Las bases sentadas por nuestro trabajo publicado en Science Translational Medicine han dirigido nuestra investigación a la búsqueda de perfiles de expresión génica que permitan definir el riesgo individual de desarrollar dolor neuropático tras una lesión neural.

Siguiendo el buen desarrollo del estudio, ¿podemos vislumbrar a corto o medio plazo unos resultados óptimos en cuanto al alivio del dolor neuropático?

Los hallazgos preclínicos del estudio son francamente alentadores. Además, la consistencia de los resultados obtenidos en el modelo experimental y en los pacientes con dolor neuropático nos permite ser optimistas en lo que a la traslación clínica de nuestro descubrimiento se refiere. No obstante, para poder transferir nuestros resultados preclínicos al paciente con dolor neuropático todavía tendrá que transcurrir tiempo. Hay que tener en cuenta que microRNA-30c regula la expresión génica en numerosas células de nuestro organismo, por lo que su inhibición no selectiva podría desencadenar desequilibrios funcionales en órganos y sistemas, provocando serios efectos indeseados. Antes de poder administrar al primer ser humano un anti-microRNA-30c, al igual que sucede con cualquier compuesto nuevo, es imprescindible establecer su perfil de seguridad mediante profundos estudios pre-clínicos de toxicidad, tanto local como sistémica.

Hay un aspecto de nuestro estudio que sí podría tener una traslación clínica en el corto o medio plazo. La expresión de microRNA-30c en líquido cefalorraquídeo y sangre se encuentra elevada en los pacientes con dolor neuropático de origen isquémico, y sus niveles plasmáticos nos permiten discriminar, con sensibilidad y especificidad, a aquellos pacientes que sufren dolor neuropático de los que están libres de dolor. Estos resultados permiten postular el valor de los niveles circulantes de microRNA-30c como biomarcadores accesibles a pie de cama de dolor neuropático. En la actualidad, carecemos de pruebas diagnósticas y biomarcadores accesibles que ayuden a un diagnóstico precoz, eficiente y objetivo del dolor neuropático. Este aspecto tiene una gran importancia porque el dolor neuropático carece de signos y síntomas patognomónicos y, en muchas ocasiones,  la detección  precoz del origen neural del dolor entraña dificultad. Frecuentemente, el diagnóstico fehaciente de su cualidad de neuropático tiene lugar cuando el dolor lleva plenamente establecido un largo periodo, lo que reduce  las probabilidades de una buena respuesta a la intervención terapéutica específica.

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