• Domingo, 17 de febrero de 2019
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El paciente con sensibilización central suele ser resistente al tratamiento habitual para el dolor

“Necesita fármacos que actúen sobre todo a nivel de la modulación del dolor”, explica Ana Navarro, médica de Familia

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El dolor del paciente con sensibilización central es desproporcionado respecto a la lesión objetiva, un fenómeno que se denomina hiperalgesia. En la exploración, cuando el médico hace una pequeña presión al paciente con un dedo o con un cepillo, a pesar del mínimo contacto, el paciente también dice que le duele, y este efecto se llama alodinia. Estas circunstancias, entre otras, hacen que el paciente con sensibilización central sea frecuentemente resistente a la terapia habitual. “Puede probar diferentes tratamientos, y casi ninguno le viene bien, no hay nada que le alivie”, destaca Ana Navarro Siguero, médica de Familia en el Centro de Salud Puerta del Ángel de Madrid.

Aparte del ejercicio suave, como las caminatas, el médico puede recomendar al paciente con sensibilización central cierto tipo de tratamiento que puede aliviarle el dolor. “El tratamiento para la artrosis, y, en general, para el dolor osteoarticular, está formado por analgésicos y antiinflamatorios, principalmente. Los pacientes con sensibilización central suelen tener una escasa respuesta, porque sienten un dolor persistente. El cerebro procesa ese dolor de una forma exagerada. Si tratamos ese dolor solo a nivel de articulación, el paciente no va a mejorar. Son necesarios otros fármacos que actúen sobre todo a nivel de la modulación del dolor, como fármacos antiepilépticos, entre estos, pregabalina y gabapentina, que también tienen indicación para el dolor neuropático”, explica la doctora.

Según esta facultativa, otros medicamentos actúan a nivel de las vías que regulan la transmisión del dolor, como las vías noradrenérgicas y serotoninérgicas; así, pueden ayudar el tramadol, los antidepresivos tricíclicos, antidepresivos que sean inhibidores de la recaptación de la serotonina y noradrenalina, como pueden ser la duloxetina y la venlafaxina. “Además, también disponemos de tapentadol, que es un opioide mayor que actúa a nivel de la vía noradrenérgica”, señala.

Otros fármacos que no están a disposición de Atención Primaria son aquellos que actúan a nivel de receptores del dolor, los receptores NMDA, como la ketamina. También parece que el magnesio puede ayudar.

Depresión o insomnio

Con todas estas herramientas el médico realiza el tratamiento más adecuado y personalizado: “Para ayudar al paciente, debemos explicarle bien en qué consiste la sensibilización central, fomentar que lleve una vida activa y realizar un seguimiento periódico”.

En función del estado del paciente, y según las épocas, el tratamiento del dolor puede ser puntual o continuo. “La base es la educación y el ejercicio, y según en la fase en que se encuentre el paciente, hay que recetarle unos u otros fármacos. Por ejemplo, si tiene depresión por la enfermedad, le pueden venir bien los antidepresivos. Si el paciente duerme muy mal, tenemos estudios que indican que la pregabalina mejora el sueño y reduce la ansiedad”, comenta Ana Navarro, quien apunta que “se puede recurrir al tapentadol si el dolor es muy severo y no ha mejorado con los demás fármacos”.

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