• Viernes, 20 de julio de 2018
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Enfermería tiene un papel clave en el control cardiovascular

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El papel de la enfermería es primordial en el control de la enfermedad cardiovascular y complementa la acción del facultativo. Es importante que se implique en la adquisición de hábitos de vida saludables, coordinando los consejos sobre nutrición y ejercicio físico, y haciendo seguimiento del tratamiento y observación de la adherencia terapéutica. La enfermedad cardiovascular precisa de un abordaje multidisciplinario para la optimización de su diagnóstico y manejo terapéutico. La coordinación entre niveles asistenciales, tanto en atención primaria como en atención hospitalaria, cada uno con su enfermería, debe ser clave para la correcta modificación favorable del pronóstico de los pacientes.

A la hora de manejar pacientes con hipertensión arterial, diabetes mellitus tipo 2, dislipemia, tabaquismo y/o obesidad, la implicación de la enfermería debe ser imprescindible para la mejor evolución del paciente, independientemente del riesgo cardiovascular añadido, si bien los que se van a beneficiar más, son aquellos con un riesgo más elevado.

Asimismo, es un gran activo en la detección oportunista de casos y en ofrecer información sobre su enfermedad o situación de riesgo cardiovascular. También es clave en la prevención de la enfermedad cardiovascular, con el objetivo eliminar o minimizar el impacto de las enfermedades cardiovasculares y la discapacidad asociada a ellas lo cual representa una estrategia coste-efectiva muy importante.

Formación

Nadie pone en duda que los profesionales de enfermería están plenamente facultados para prestar cuidados generales, pero en algunos casos necesitan completarlos con formación especializada para desarrollar su trabajo en determinados campos de la salud. Es el caso de las enfermedades cardiovasculares, en las que su diagnóstico y tratamiento han experimentado avances importantes en los últimos años y el perfil del paciente cardiópata se ha hecho más complejo, donde se requiere de la existencia de profesionales con una mayor y mejor formación y cualificación.

Y es que el nivel de formación y cualificación necesario conlleva la necesidad del reconocimiento de la especialización en Cardiología, que contemple además la formación continuada y la actualización que se precisa para garantizar la seguridad del paciente. Por eso, sin duda debería existir especialización, sobretodo en el seguimiento de pacientes con insuficiencia cardiaca y tras episodio de cardiopatía isquémica. La enfermería adecuadamente formada, además de su fundamental labor formativa y de autocuidado, pueden detectar signos y síntomas de descompensación temprana lo que ayudaría a disminuir la morbimortalidad de estos pacientes. En los servicios de Cardiología, no así en los centros de salud, deberían tener un conocimiento avanzado del proceso asistencial de la cardiopatía isquémica, insuficiencia cardiaca,… Saber reconocer signos de alarma y complicaciones, y los cuidados específicos ante técnicas invasivas cardiológicas, manejo de equipos, electrocardiografía forman parte de sus necesidades formativas.

Riesgo cardiovascular

Es cierto que el nivel de conocimientos de enfermería en el campo del riesgo cardiovascular es amplio. No obstante, son necesarios cursos de formación continuada similares a los que llevan a cabo los médicos. La adquisición de conocimientos sobre la evidencia científica más reciente, junto a compartir experiencias sobre pacientes de un perfil cardiológico, resulta importante para poder formarse de manera integral. Los cursos deberían ir especialmente dirigidos a mejorar conocimientos, habilidades, destrezas y actitudes que se deben manejar para administrar cuidados de calidad a los pacientes, especialmente en la fase de prevención, centrándose en los  cambios de vida saludables, como alimentación, fomento del ejercicio, ayuda para deshabituación tabáquica, control de obesidad, dislipemia y diabetes.

En líneas generales, los especialistas consideran que la formación de la enfermería de atención primaria es escasa y dispar por falta de apoyo institucional. Por ello, depende en gran medida de cada profesional.

Anticoagulados

El profesional de enfermería juega un importante papel en el manejo y control de los pacientes anticoagulados y de los enfermos afectados por patologías cardiovasculares en general. Por ello, en el caso concreto de la anticoagulación, debe tener los conocimientos sobre el funcionamiento del programa, las habilidades suficientes para la realización de la prueba, y la formación precisa para resolver las dudas que le pudiera plantear en un momento alguno de los pacientes.

El profesional no sólo debe prestar atención a los signos y síntomas de la patología de base que afecta al paciente, sino que debe tener la suficiente formación para poder prevenir las posibles complicaciones que pueda presentar, las derivadas del tratamiento con anticoagulantes, y cualquier otra incidencia que pudiera surgir en el curso de la enfermedad y que muchas veces ponen en riesgo la vida del enfermo.

La actitud del profesional de enfermería con estos pacientes es indispensable mientras está en el hospital, pero es incluso más importante la educación sanitaria que debe proporcionar fuera del hospital, al paciente y su familia, que les permita entender la enfermedad de que se trate, comprender la importancia del tratamiento, identificar posibles complicaciones en el curso de la enfermedad y todo aquello relacionado con su patología.

Aunque existen fármacos nuevos que no necesitan tantos controles, el sintrom sigue siendo el más utilizado. Son los profesionales de enfermería los que realizan periódicamente el INR, para saber si están en rango de anticoagulación y así reducir al mínimo los efectos adversos y conseguir el máximo beneficio con la menor dosis posible. No obstante, el tratamiento con los nuevos anticoagulantes orales (NOAC) ha supuesto un gran cambio y la necesidad de formar e informar tanto a pacientes como a otros profesionales pues hay modificaciones relevantes en relación a los controles de coagulación, nutrición, polifarmacia, interacciones farmacológicas, presencia de insuficiencia renal…

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores especialistas en Medicina de Familia Andrés Tomas Andrés Marcos, Mercedes Irazazabal Velasco, Ana Martínez Gras, Vicente Zabala Alarcia y María José González Castilla, y nefrológo José Antonio García Donaire del Centro de Salud Cerro Almodovar; Ana Isabel Corcuera Martínez, Sonia Peral Moya y Juan Carlos García Álvarez, del Centro de Salud Dr. Mendiguchia Carriche; Francisco Javier Llorens, Rafael Martínez de Carnero, José Carlos González, Antonio Iglesias, José Antonio Cabreros y Idelfonso Cano, de Valdepeñas, y Vicenta Hernández Perlines, María Ángeles Díaz-Entresotos Cortes, Myriam Pérez Escribano y Mercedes Parrilla Laso.

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