• Viernes, 24 de noviembre de 2017

“Existe una crisis de modelo de SNS que requiere adaptarse y modernizarse, no solo sostenerse”

El presidente de FACME, Fernando Carballo, ha concedido una entrevista a EL MÉ.DICO

Recién llegado a la presidencia de FACME, Fernando Carballo cuenta a EL MÉDICO sus líneas de actuación, de claro carácter continuista. FACME es un instrumento al servicio de las sociedades científicas cuya misión es poner en valor el conocimiento que aportan en todos los órdenes, pero especialmente en lo que se refiere al mejor gobierno clínico, así como a la necesaria incorporación institucional de las opiniones y valores de los profesionales para garantizar la mejor calidad científico-técnica de la atención sanitaria.

¿Llega a la presidencia de FACME con una política continuista?

FACME tiene una estrategia bien definida y por tanto la continuidad está garantizada respecto de esa estrategia. Mi valoración personal de la trayectoria previa de FACME es muy positiva, especialmente, claro, de la etapa que mejor conozco que es la de la presidencia de Carlos Macaya. En ella se ha conseguido trasladar adecuadamente que FACME es un instrumento al servicio de las sociedades científicas cuya misión es poner en valor el conocimiento aportado en todos los órdenes, pero especialmente en lo que refiere al mejor gobierno clínico, así como a la necesaria incorporación institucional de las opiniones y valores de los profesionales en tanto garantes de la mejor calidad científico-técnica de la atención sanitaria. La continuidad se demuestra, no obstante, andando y, por tanto, no se va a traducir en continuismo y menos en inmovilidad. Toca desarrollar la estrategia, redefinirla si fuera preciso, y sobre todo seguirla ejecutando.

¿Cuáles son los objetivos prioritarios que se ha marcado a corto plazo?

El corto plazo está siempre marcado por los acontecimientos, pero la acción de FACME tiene que estar siempre referenciada por sus valores, ajustada a su misión y orientada a su visión. Lo más urgente es sin duda conseguir aclarar el gran embrollo que se ha desencadenado tras la puesta en marcha de los criterios de transparencia por parte de la industria farmacéutica. Esta acción fue puesta en marcha sin el debido análisis de su impacto real en la formación continuada. Sin duda, debemos ser capaces cuanto antes de establecer un marco que sea capaz de poner en valor a las sociedades científicas como garantes de una formación médica independiente, reconocida y transparente, que no sea valorada por las autoridades educativas, sanitarias y fiscales como una simple transacción sino como un valor en sí mismo que debe ser promocionado y protegido. Este esfuerzo debe traducirse en cada vez mejores estrategias de comunicación tanto hacia las propias sociedades científicas integradas en FACME como hacia los profesionales en general y la sociedad en su conjunto. Por lo demás siguen en primer plano las aportaciones a la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud a través de un compromiso firme con la gestión clínica, y nuestra alianza con el resto de organizaciones profesionales integradas en el Foro de la Profesión Médica.

En formación, tras la situación actual, ¿cuáles es la línea de actuación?

Arcadi Gual, un reconocido experto en formación continuada, defiende que el Desarrollo Profesional Continuo es un taburete en el que si falla cualquiera de sus tres patas es inestable y no sirve a sus fines. Las tres patas del taburete son los colegios profesionales, las sociedades científicas y la Administración. Y cada una de las tres patas tenemos que ser sólidas y armónicas. Es sin duda el Ministerio el que tiene que fijar las reglas del juego a futuro, y previsiblemente lo hará a no tardar mucho. FACME y la OMC ya está trabajando en la definición de un modelo que pueda ser ofrecido a la Administración como de calidad y evite desarrollar modelos alternativos que sean menos consistentes. El proceso de Validación Periódica de la Colegiación (VPC) unido a la Recertificación de la especialidad (VPC-R) es una gran oportunidad para iniciar ese sólido camino conjunto.

Los cambios que se vislumbran en cuanto a la participación de la industria farmacéutica en este campo, ¿cómo afectarán a la formación?

A la sociedad, a las administraciones, a los pacientes y a la propia industria les conviene que el profesional tenga la mayor capacitación posible. El problema es que no podemos seguir creyendo que esa formación pueda seguir llegando sin conformar un modelo orientado a que el conocimiento necesario, y no el superfluo y menos el sesgado, alcance a todos esos profesionales. La industria viene invirtiendo en formación de manera tradicional y esto cabe entenderlo como un retorno que necesita de clarificación más allá de hacer explícitas las transferencias de valor. Estamos en riesgo de que el actual modelo, basado más en atender la demanda del profesional individual, claudique sin que hayamos sido capaces de sustituirlo por otro en el que las sociedades científicas gestionen esa formación necesaria y que por tanto sean ellas las que puedan administrar los recursos procedentes de la industria.

¿Se verá mermada la participación de los especialistas españoles en los foros internacionales?

La de calidad no, aunque pueda modificarse el acceso a una información presencial de los no contribuyentes natos al intercambio científico.

¿Tienen previsto fomentar acuerdos y programas de formación con sociedades científicas internacionales?

A nivel europeo es muy valioso el trabajo de la Unión Europea de Médicos Especialistas (UEMS). En las diferentes especialidades integradas en esta UEMS hay representantes españoles que se proponen a la OMC que es la organización española que designa estos miembros. Esta colaboración se va a mantener desde luego, dentro de la ya señalada alianza FACME/OMC, porque es muy importante definir criterios de armonización dentro de la Unión Europea, aunque estos no pasen de ser recomendaciones que no sean de obligada aplicación por los estados miembros.

¿A qué retos se enfrenta el sistema de salud?

Estamos en un momento crítico, que por desgracia se está manteniendo en el tiempo. El detonante ha sido la crisis económica, pero en realidad el problema no se va a resolver solo con la mejora de la economía. Es una crisis de modelo que requiere adaptarse y modernizarse, no sólo sostenerse. El gran reto de nuestro sistema de salud es pasar de ser un modelo alabado a un modelo real y soportado por todos los interlocutores. Hoy más que nunca necesitamos altura de miras para entre todos encontrar la tarea común que es el cambio necesario de un sistema de salud orientado a obtener resultados de salud, manteniendo la calidad y con un gran compromiso de eficiencia.

Ahora que parece ser que la situación económica se está estabilizando, ¿se necesita hacer una mayor inversión en salud?

La educación y la Sanidad son las dos grandes inversiones básicas de un país que quiere ser o seguir siendo avanzado. La Sanidad es una garantía básica para el mejor y pleno desarrollo de los proyectos que un país quiera y pueda desarrollar. Esa inversión debe ser siempre la mayor posible, pero no sólo en el sentido de alimentar el mercado y los intereses de unos u otros, sino en el de alcanzar, como planteaba en mi anterior preguntar, sostener un sistema eficiente orientado a resultados de valor en salud.

¿Cuáles son las áreas más necesitadas?

Sin duda potenciar una visión integradora de los problemas de salud y favorecer un abordaje que nos permitan adelantarnos a que esos problemas sean más y más graves, lo que siempre va a conllevar mayor sufrimiento y coste. Por ello, es muy importante favorecer la integración entre Atención Primaria y hospitalaria, la gestión de la cronicidad y la implicación cada vez mayor de pacientes y ciudadanos en general en el autocuidado y la promoción de la salud. No se trata de que primaria u hospitalaria primen o dirijan. Se trata de trabajar sin fisuras juntos en la solución de los problemas.

Con respecto a la tecnología sanitaria, ¿es necesario invertir en recambio de equipos?

La tecnología es un medio necesario para alcanzar los fines de la actividad sanitaria. La inversión es siempre oportuna para obtener los mejores resultados posibles. La obsolescencia ligada a lo no renovación de equipos afecta a la calidad de los resultados y a la propia eficiencia del sistema. Por tanto, debe definitivamente abordarse, dentro del modelo sanitario, la forma en que la tecnología pueda ser introducida en los servicios asistenciales mediante procedimientos objetivos, pero al tiempo rápidos. Hoy en día dependemos más de reglas de presión de mercado y resistencia inversora institucional que de criterios de racionalidad objetiva. Desde luego desde FACME estamos dispuestos a apostar por una evaluación tecnológica que al tiempo sea independiente, responsable y ejecutiva. 

¿Cómo redundará esto en la asistencia?

Sin duda para bien, siempre que sepamos entre todos descartar la tecnología que no aporte valor en salud para volcarnos en la que sí lo haga.

¿Con qué herramientas reales se cuenta para poder medir la calidad asistencial?

Las herramientas son sólidas y están bien desarrolladas. Pero necesitamos que la calidad asistencial pase a ser un objetivo clínico primario y no solo un objetivo institucional evaluativo o comparativo. Necesitamos, por tanto, ser capaces de desarrollar registros y estudios que estén asentados en la realidad clínica. En este sentido los proyectos RECAL (Registros y Calidad) en las diferentes especialidades son muy importantes. 

En cuanto a la gestión clínica, ¿en qué se ha avanzado?

La gestión clínica es interpretada de diferentes maneras y está supeditada a intereses y reservas procedentes de diversos estamentos e instituciones. Realmente lo que importa es entender que sin una descentralización de las decisiones en gestión nunca podrá alcanzarse un compromiso real de eficiencia ligada a calidad en las unidades clínicas. Se ha avanzado decisivamente en cuanto a clarificación conceptual, pero poco en cuanto a formalización y ejecución con modelos que puedan ser objetivamente extendidos al conjunto del sistema.

¿Se está implicando cada vez más el profesional sanitario en la gestión clínica?

Suele decirse que los procesos existen se gestionen o no. Los profesionales, por tanto, los estamos gestionado ya. Lo que se trata es que los gestionemos con luz y taquígrafos y con reconocimiento y método. Allá donde se den las condiciones el profesional responderá de manera excelente, pues esa es su pauta natural de comportamiento.

¿Cómo valora los logros obtenidos en términos de eficiencia y calidad?

Son parciales y con necesidad creciente de extensión. Ya he comentado la importancia de los registros en que los profesionales viertan información objetiva destinada a conocer resultados que sirvan de base para la mejora. Este camino se ve permanente enriquecido por aportaciones de gran calidad, pero dista de ser todavía el estándar.

¿Qué es lo que queda por hacer en gestión clínica?

Yo veo la botella más bien medio vacía que medio llena. Por eso, el camino se prevé de momento poco claro. Para empezar, necesitamos clarificar que lo importante es gestionar bien en el medio clínico; llamemos como llamemos a nuestra unidad clínica. Pero para que luego este concepto sea efectivo necesitamos no solo tolerancia sino una apuesta decidida de las organizaciones a favor de la descentralización. De momento esto es más un discurso que una realidad

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