• Domingo, 25 de febrero de 2018
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Hay que evitar el sedentarismo con pautas realistas y alcanzables

mujer haciendo deporte

La prevalencia del sedentarismo en Europa es muy alta y España es uno de los 4 países más sedentarios de la Unión Europea, alcanzándose cifras superiores al 60 por ciento de la población adulta. Como existen varias definiciones del término sedentarismo, es una dificultad para su control y para su estudio.

Así, es sedentario un individuo que no realiza al menos 30 minutos de actividad física moderada durante la mayoría de días de la semana o aquel que no genera un gasto energético de aproximadamente 720 kcal por semana, siendo una persona de 70 kg de peso haciendo ejercicio físico o relacionándolo con el tiempo que pasa un individuo sentado o recostado.

Otro problema es que no se dispone de un marcador biológico que permita aproximarse de forma objetiva al diagnóstico de sedentarismo. Contar con marcadores de este tipo otorgaría a las investigaciones en actividad física mayor objetividad y calidad científica, pues los estudios epidemiológicos se han basado casi siempre en cuestionarios de autodeclaración de participación en diversos tipos de actividad física.

Aunque es conocida la tendencia de los encuestados a referir un nivel de actividad física superior al realmente desarrollada, los cuestionarios de actividad física validados se han considerado herramientas aptas para la medición de niveles de actividad física y/o sedentarismo. El uso de dispositivos e instrumentos como los podómetros o acelerómetros comienza a generalizarse para realizar estimaciones objetivas, aunque siguen teniendo un alto coste y otros problemas, lo que hace francamente difícil su utilización en estudios con grandes poblaciones.

Primeras recomendaciones

En las consultas de Atención Primaria suelen ser, exceptuando la población más joven, la mayoría de los pacientes. A pesar que desde hace ya muchos años se recomienda hacer ejercicio físico, parece ser un mensaje que no cala. Tan importante es captar al paciente inicialmente para que comience a realizar ejercicio como fidelizarlo para que continúe haciéndolo.

El paciente sedentario se enfrenta a la obesidad y a los factores de riesgo que se le asocian, dando lugar al síndrome metabólico. No se puede olvidar la hipertensión, diabetes, dislipemia, arteropatía periférica y el atrofiamiento óseo y muscular.

La falta de ejercicio también influye en el síndrome depresivo, dado que el ejercicio libera endorfinas, que mejoran el estado anímico, en las enfermedades cardiovasculares, en algunos tipos de cáncer, en la falta de sueño, en la osteoporosis y lumbalgias, y en las mujeres aumento de la sintomatología de la menopausia.

La prescripción de actividad física, aunque es de reconocida importancia tanto a nivel clínico como institucional, es escasamente utilizada más allá del mero consejo.

Prevención primaria

Por eso, aumentar los niveles de actividad física es importante para la prevención primaria de algunas enfermedades crónicas y para mejorar la calidad de vida. La asociación directa entre el sedentarismo y la incidencia de diabetes mellitus es también consistente y reviste una gran importancia para la salud pública.

La mayoría de los pacientes obesos saben lo que se debe hacer para bajar de peso. Los profesionales de la salud conocen que la obesidad es una enfermedad crónica recidivante, costosa, que requiere una educación constante y que se acompaña de instrucciones respecto a la modificación del estilo de vida, como cambios en la forma de comer, un plan de ejercicios, en algunos casos medicamentos, frustraciones, mentiras, cansancio y abandono de tratamiento, entre otros aspectos.

El paciente sí es consciente del problema, pero la desidia en unas ocasiones, las obligaciones profesionales y los problemas físicos que pueda tener en otras, hacen que se abandone y descuide este factor de riesgo para su salud, que es modificable y que solo se combate con la actividad y el ejercicio.

Estilo de vida

Porque realizar actividad física además le ayudará a reducir la ingesta alimenticia. Lo importante tal vez no sea introducir la costumbre del ejercicio en su vida diaria, sino cambiar el estilo general de vida en cuanto a ejercicio se refiere. Hay que potenciar todo tipo de actividades diarias como el convertir las pequeñas distancias diarias en una costumbre, como subir por las escaleras o no utilizar el coche. Normalmente, las actividades sociales o grupales suelen ser un buen caldo de cultivo para este cambio de mentalidad, actualmente en muchos pueblos existe la posibilidad de realizar diferentes actividades, lo que los pacientes llama la ruta del colesterol. Si se quiere mantener la salud a largo plazo y tener un riesgo reducido de sufrir enfermedades crónicas relacionadas con el estilo de vida sedentaria hay que caminar al menos 10.000 pasos al día en adultos jóvenes y unos 8.000 en personas de edad avanzada.

Para intervenir en el cambio de conducta hacia la actividad física parece muy importante conocer el grado de motivación y la disponibilidad del paciente y su familia para el cambio pudiendo utilizar para ello diferentes modelos disponibles en multitud de páginas de internet inherentes al tema.

Las cinco aes

Se pueden seguir las cinco aes: averiguar si el paciente tiene una vida sedentaria, aconsejar de forma clara y personalizada, acordar pactar con el paciente objetivos y métodos adecuados,  ayudar a dar confianza y apoyo para favorecer el cambio, y asegurar las visitas de seguimiento para apoyar y ajustar el plan.

Se debería incorporar el consejo de actividad física en las consultas de atención primaria motivando y reforzando al paciente en cada visita, aunque este no sea el motivo de la consulta, con el objetivo de evitar abandonos y aumentar su efectividad. Desde la administración local debería fomentarse el uso peatonal o del carril bici en la vía pública.. Se debe hacer atractiva cualquier iniciativa que conlleve actividad física, pues al fin y al cabo con ejercicio moderado durante 30-60 minutos al día sería más que suficiente para notar una mejoría general en nuestros pacientes.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores especialistas en Medicina General Juan Antonio Martín Jiménez, Ángel Modrego Navarro, Francisco Javier Santos Pérez, Javier Sánchez Holgado, José Mª García Cañedo y Oscar Morales Pérez Roldan, de Toledo; los médicos de Atención Primaria Carmen Valverde Vaquero, Mª José Lougedo Calderón, José María Tarradellas Banchs, José María Jiménez Rodríguez y Enrique Van Zuylen Souto, de Illescas, y Fausto García Cañadilla, Francisco Flores Pérez, Marcos Pardo Fernández, Pablo Ruiz Gervás, Pedro Barba Gálvez y Pilar Cecilia Cermeño, de Consuegra.

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