• Jueves, 24 de octubre de 2019
Array ( [0] => WP_Term Object ( [term_id] => 1479 [name] => Internacional [slug] => internacional [term_group] => 0 [term_taxonomy_id] => 1479 [taxonomy] => category [description] => [parent] => 1350 [count] => 6824 [filter] => raw [cat_ID] => 1479 [category_count] => 6824 [category_description] => [cat_name] => Internacional [category_nicename] => internacional [category_parent] => 1350 ) )

Identifican ‘neuronas espejo’ en modelos experimentales que se activan al observar el dolor experimentado por otros

Los estudios de neuroimagen humana han demostrado que cuando experimentamos dolor nosotros mismos, activamos la corteza cingulada del cerebro

Investigadores del Instituto Neerlandés de Neurociencia, en Ámsterdam, Países Bajos, han descubierto que el cerebro de un  modelo experimental activa las mismas células cuando observan el dolor de los demás que cuando experimentan el dolor propio. Además, sin la actividad de estas “neuronas espejo”, los animales ya no comparten el dolor de los demás.

Como muchos trastornos psiquiátricos se caracterizan por una falta de empatía, encontrar la base neuronal para compartir las emociones de los demás y poder modificar la cantidad de animales que comparten las emociones de los demás, es un paso emocionante hacia la comprensión de la empatía y estos trastornos. Los hallazgos de este nuevo estudio se publican en ‘Current Biology’.

Los estudios de neuroimagen humana han demostrado que cuando experimentamos dolor nosotros mismos, activamos una región del cerebro llamada “la corteza cingulada”. Cuando vemos a alguien más con dolor, reactivamos la misma región. Sobre la base de esto, los científicos formularon dos especulaciones: la corteza cingulada contiene neuronas espejo, es decir, neuronas que provocan nuestro propio sentimiento de dolor y se reactivan cuando vemos el dolor de los demás, y que esta es la razón por la que nos estremecemos y sentimos dolor al ver el dolor de los demás.

Sin embargo, esta teoría de la empatía intuitivamente plausible no se ha probado porque no es posible registrar la actividad de las células cerebrales individuales en los humanos. Además, no es posible modular la actividad cerebral en la corteza cingulada humana para determinar si esta región cerebral es responsable de la empatía.

 

Los modelos experimentales animales comparten las emociones de los demás

Por primera vez, los investigadores del Instituto Holandés de Neurociencia pudieron probar la teoría de la empatía en animales. Hicieron que las estos observaran a otros individuos que recibieron un estímulo desagradable (‘shock’ leve) y midieron lo que sucedió con el cerebro y el comportamiento del observador. Cuando los animales tienen miedo, su reacción natural es congelarse para evitar que los depredadores las detecten. Los autores hallaron que los individuos también se detuvieron cuando observaron a otros individuos expuestos a una situación desagradable.

Este hallazgo sugiere que el observador compartió la emoción del otro individuo. Las grabaciones correspondientes de la corteza cingulada, la misma región que se cree que apuntala la empatía en los seres humanos, mostraron que los observadores activaron las neuronas en la corteza cingulada que también se activaron cuando el individuo experimentó dolor en un experimento separado. Posteriormente, los investigadores suprimieron la actividad de las células en la corteza cingulada a través de la inyección de un medicamento. Encontraron que los observadores ya no se paralizaban sin la actividad en esta región del cerebro.

Misma región cerebral en animales y humanos

Este estudio muestra que el cerebro nos hace compartir el dolor de los demás activando las mismas células que provocan nuestro propio dolor. Hasta ahora, esto nunca se había demostrado para las emociones, las llamadas neuronas espejo solo se habían encontrado en el sistema motor. Además, esta forma de empatía por dolor se puede suprimir modificando la actividad en la corteza cingulada.

“Lo que es más asombroso –dice el profesor Christian Keysers, autor principal del estudio– es que todo esto sucede exactamente en la misma región del cerebro en animales que en los humanos. Ya habíamos encontrado en los humanos, que la actividad cerebral de la corteza cingulada aumenta cuando observamos el dolor de los demás, a menos que estemos hablando de criminales psicopáticos, que muestran una notable reducción de esta actividad”.

Así, el estudio arroja algo de luz sobre estos misteriosos trastornos psicopatológicos. “También nos muestra que la empatía, la capacidad de sentir con las emociones de los demás, está profundamente arraigada en nuestra evolución. Compartimos los mecanismos fundamentales de la empatía con los animales.