• Lunes, 21 de enero de 2019
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La adaptación del diabético marca cómo afecta la enfermedad a su vida laboral

gripe

El diagnóstico de la diabetes en la vida laboral afecta de manera muy desigual por varios factores, como el sexo, el ámbito laboral y la edad. Cuando un paciente es diagnosticado de diabetes tipo 2, la integración y aceptación de la enfermedad dependerá de su actitud. No tiene que influir más allá de tener un control con las comidas (dependiendo también de la medicación), incluso para aquellos pacientes que están insulinizados se puede compaginar perfectamente sin que suponga ningún contratiempo. Lo fundamental es la adaptación.

Los miedos más frecuentes que suelen tener los pacientes son llevar una dieta adecuada y calcular bien, sobre todo los pacientes insulinizados, el número de raciones de hidratos de carbono que están ingiriendo. También suelen manifestar miedo a las hipoglucemias pero rápidamente se adaptan a sus nuevas condiciones de vida. Entre los temores más habituales también se encuentra la obesidad, el desarrollo de neuropatías, retinopatía y problemas renales, entre otras complicaciones.

Las hipoglucemias y el uso de insulinas son parte de las inquietudes de estos pacientes que son motivo de consultas, donde demandan educación sobre medidas higiénico-dietéticas, una buena y correcta alimentación, así como empezar a tener una actividad física constante a la semana son aspectos clave.

Estilo de vida

Entre las pautas que se deben de llevar a cabo el paciente diabético para poder integrar la enfermedad en su vida diaria destacan las que pasan por cambiar hábitos de vida hacia otros más saludables, que implican cambios en la dieta e introducir el ejercicio físico regular. Los principales problemas para llevar a cabo estos cambios son comer fuera de casa a diario, un horario laboral difícil de adaptar para poder hacer ejercicio, no acudir a las revisiones periódicas a no ser que sea una revisión médica de empresa y olvidar tomar la medicación de forma adecuada.

Una de las dificultades a las que puede verse expuesto una persona con diabetes son las hiperglucemias extremas y las hipoglucemias. Respecto a estas últimas, el mismo paciente suele reconocer la sensación que provocan y evitan que se compliquen. Hay que tener en cuenta que no hay pautas establecidas que funcionen en la mayoría de pacientes, por tanto hay tantas pautas como pacientes. Todos los cambios que tienen que realizar los harán más o menos rápido dependiendo de la actitud del paciente, su capacidad de adaptación y la flexibilidad que exista en su vida diaria, pero la enfermedad no tiene que afectar a la vida laboral del paciente.

Adherencia terapéutica

Por eso, es importante que el paciente sea buen cumplidor para que pueda incluir su patología en su hábito de vida, tanto laboral como personal. Las trabas que más frecuentemente se escuchan en las consultas están relacionadas con los horarios de las comidas y para el adecuado cumplimiento del tratamiento farmacológico (antidiabéticos orales/insulinas) y no farmacológicos.

En este contexto, hay que tener en cuenta que muchos trabajadores con diabetes, para minimizar su “visibilidad” y las interrupciones en su trabajo, prefieren mantener sus niveles de glucemia en niveles más altos que los recomendables y disminuir sus visitas periódicas a los profesionales de salud, a pesar de ser necesarias, para evitar faltar al trabajo. A pesar de ello, la mayoría de los diabéticos saben que sus hábitos de vida no son los más adecuados para el control de su enfermedad, pero intentan mejorarlos a pesar de que, muchas veces, los cambios se relacionan con su actividad laboral y la dificultad de compaginar los cuidados apropiados de alimentación y ejercicio físico. Dependiendo de cada situación, el enfermo intenta buscar soluciones o adaptarse a los cambios que requieren los cuidados de la diabetes.

Controles periódicos

Y es que los trabajadores diabéticos no suelen acudir de forma regular a los controles de su enfermedad, lo que se suele justificar por la falta de tiempo o por no disponer de permisos en el trabajo. El éxito del control de la diabetes se centra en el equilibrio de tres factores: los medicamentos (insulina o antidiabético oral), la comida y la cantidad de ejercicio. Los tres deben funcionar de manera sincronizada. La manera de saber si estos tres factores se desarrollan adecuadamente es con los controles periódicos, no sólo en relación con la realización de pruebas analíticas que permitan afirmar o modificar el resto del tratamiento sino las relacionadas con la detección precoz de complicaciones de la enfermedad. Los controles periódicos deben servir al paciente diabético y al profesional que le atiende para evaluar los objetivos fijados y reajustarlos. En general, la mayoría de los pacientes diabéticos acuden a los distintos controles periódicos a los que son citados.

La pérdida de horas laborales por las revisiones suelen estar justificadas por documentos que certifican la asistencia del paciente a consultas de control bien médicas o de enfermería, y posteriormente el paciente también debe de ir ajustando su cumplimentación terapéutica con sus horarios de trabajo, para hacerlos coincidir de manera que no se vean afectados en ninguno de los casos.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores Sissi Ruiz Rodríguez, Liuba Acosta Fernández, Mirna Lara Mota, José Francisco Felipe Oliveros, Rolando Espinosa Pérez y Edwin Garzón Burgos, del Centro de Salud Arona Costa I; Pedro José de la Paz Gutiérrez, José María Narváez Martín, Jorge Ruiz Fernández, Gianna Elena Quintero Pita, Miguel Sixto Alarcón Gómez y Alfredo Bartolomé Andrés, del Centro de Salud Guimar; Eduardo Arcalá Campillo, Jesús López Ávila, Miguel Gutiérrez Paredes, Alfonso Segovia Martínez, Benjamín Avilés Moya y Marcelo Carmona Valiente, de Jaén; Ricardo Moya Medina, Marcelino López Álamo, Miguel Ángel Ramos Melián, Manuel Antonio Sánchez Díaz, Evelyn Pascual Matute y Juan Pérez Vega, del Centro de Salud Ingenio, y Catalina Cárdenes Cárdenes, Juan Ramón Peraita Aguilar, Óscar Nuño García, Manuel Gil Marrero, Mabel Tavarez Durán y José Ramón Cortizas Martínez, del Centro de Salud Maspalomas.

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