• Lunes, 21 de enero de 2019
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La AEP lanza una campaña contra el tabaco en hogares y vehículos en los que haya niños

El cincuenta por ciento de los menores convive con un fumador que no respeta estos espacios comunes, por ello la campaña irá dirigida especialmente a los padres

tabaco y niños

El 31 de mayo se celebra el Día Mundial Sin Tabaco, y una de las nuevas iniciativas este año correrá a cargo de los pediatras. Así, desde ese momento, los especialistas distribuirán un certificado de compromiso a los padres fumadores para una casa y un coche libres de humos. Esta idea surge de la Asociación Española de Pediatría (AEP), que ha señalado que la mitad de los niños españoles convive con algún fumador, tal y como ha señalado Juan Antonio Ortega, coordinador del Comité de Salud Medioambiental de la AEP.

Por este motivo, los pediatras insisten en que no se debe fumar en ninguna estancia de la casa ni en el vehículo, incluso cuando los niños no están presentes. Según explica Ortega, “no son pocos los padres que intentan reducir la exposición de sus hijos al tabaco con medidas poco efectivas como fumando con la ventana abierta, la puerta de la cocina cerrada o en espacios alejados como el trastero. Sin embargo, desconocen que el humo es muy ubicuo y persistente debido a que pesa más que el aire y las partículas se quedan impregnadas en las superficies, de forma que son inhaladas posteriormente por los niños”.

La influencia del humo en los niños

Otra de las ideas que se ha querido manifestar desde la AEP es que los niños son especialmente sensibles al humo del tabaco. En este sentido, María José Mellado, presidenta de la AEP, ha recordado que “los niños son particularmente vulnerables a los efectos del humo, ya que por su altura están más expuestos a los contaminantes, respiran más veces por minuto que un adulto, y su cuerpo en pleno desarrollo y madurez”.

Así, es importante recordar que los niños están expuestos a estos contaminantes incluso aunque los padres no sean del todo conscientes. Es el caso del llamado “humo de tercera mano”, que es aquel que proviene de la combustión de la brasa del cigarrillo. “Este humo se caracteriza por una alta concentración de partículas y gases que pesan más que el aire que se concentran por debajo del metro de altura y, por tanto, son más tóxicas para los niños y se acaban adhiriendo a objetos con los que juegan o tocan: muebles, cortinas, alfombra, coche… A través del contacto, los niños pueden estar expuestos a muchos de los compuestos químicos del tabaco, ya que pueden llevarse las manos a la boca”, aporta Juan Antonio Ortega.

Por último, se ha recordado que aunque las enfermedades cardiovasculares se asocian generalmente a la medicina del adulto, el riesgo cardiovascular comienza en los primeros diez años de vida. Por eso, el coordinador del Comité de Salud Medioambiental de la AEP ha alertado igualmente de que “si queremos evitar tener pacientes crónicos debemos prevenir estas enfermedades desde la etapa infanto-juvenil. Siempre será más fácil mantener y fijar unos hábitos adquiridos en los niños que cambiarlos en la edad adulta”. Por ello, además de la prevención durante el embarazo y el primer año de vida, es importante “centrar esfuerzos en los 3 y 5 años, ya que es en ese periodo cuando empiezan a desarrollarse las placas de ateroma”, es decir, la formación de grasa en el vaso sanguíneo que puede causar el cierre de las arterias.

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