• Jueves, 18 de octubre de 2018
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“La asignatura del dolor debería ser impartida por un equipo multidisciplinar en la universidad”

La Sociedad Española del Dolor ha celebrado del 24 al 26 de mayo en Palma de Mallorca su XV Congreso, bajo el lema “Vivir sin dolor”. Hablamos con el doctor Antonio Montero, presidente del Área Clínica del Comité Científico, jefe de Servicio de Anestesiología, Reanimación y Clínica del Dolor del Hospital Universitario Arnau de Vilanova en Lérida y Profesor Titular de la Universidad de Lérida

Antonio Montero_SED

¿Cuál es su valoración sobre el congreso?

El balance del congreso ha sido muy positivo, con una media de asistencia considerada buena, unos 1.100 asistentes. Ha tenido unos factores diferenciales de una calidad superior, lo que nos indica que cada año vamos mejorando, y destacaría, por un lado, la transversalidad de las diferentes especialidades implicadas en el tratamiento del dolor, ya que han asistido tanto reumatólogos como médicos anestesiólogos de las clínicas del dolor, así como traumatólogos, neurocirujanos, neurólogos, fisioterapeutas e incluso psiquiatras y expertos en las nuevas tecnologías, (apps, big data), incluso ha habido una mesa dedicada al tema de la nutrición. Y todo en un ambiente muy enriquecedor. Ha sido un congreso con un fuerte impacto internacional, con ponentes extranjeros de muy alto nivel.

Ha habido muchas conferencias en inglés sin traducción simultánea, lo que significa el desarrollo del conocimiento en inglés médico entre los profesionales del país, lo que conlleva un intercambio de opiniones muy interesante.

¿Continua siendo el dolor neuropático uno de los problemas fundamentales?

Sí, ya que es un dolor que implica diferentes fases de la nocicepción y diferentes áreas del circuito del dolor, así que de un componente periférico mínimo, como puede ser una intervención menor, aparece para el paciente un problema importante para el que los analgésicos convencionales tipo antiinflamatorios no funcionan. Los opiodes, derivados de la morfina, funcionan, pero muy parcialmente, y tenemos que ir a fármacos que actúen sobre neurotransmisores cerebrales, como algunos de la familia de los antiepilépticos, antidepresivos y a veces los tratamientos son largos y difíciles e incluso se dan situaciones bastante tormentosas que evolucionan mal y acaban siendo muy dramáticas.

¿Sigue siendo la investigación básica clave para el futuro del tratamiento del dolor crónico?

Sigue siendo clave y muy necesaria. Lo que ocurre, como en todo el tema de investigación a nivel estatal, es que las inversiones no son lo que deberían de ser en este sentido. En este sentido, se necesita mucha ayuda, porque algo está pasando cuando llevamos unos veinte años sin que aparezca un analgésico nuevo. La investigación básica es un tema que hay que tomárselo con mucha seriedad, ya que en estos momentos sabemos mucho más del dolor, su fisiopatología, anatomía, transmisión y sus mecanismos, pero desde el punto de vista farmacológico no podemos aportar nada nuevo.

¿Cuál es su opinión sobre las unidades del dolor específicas para dolor crónico infantil?

Las unidades del dolor específicas para dolor crónico infantil son necesarias en zonas muy concretas como en hospitales de nivel tres, con un potencial de patología pediátrica muy importante como la Oncología pediátrica. Sería muy interesante potenciar estas unidades para estos grupos de pacientes, ya que su impacto familiar es muy importante.

¿Considera el manejo del dolor como una especialidad médica autónoma con formación universitaria y de pregrado, multidisciplinaria y transversal en el futuro?

Yo lo comento siempre a mis alumnos en la universidad, ya que una asignatura puramente dedicada al dolor dentro de los seis años de los estudios de Medicina, no la hay. El dolor se da en alguna clase de Farmacología y algo en Traumatología, pero siempre de forma minoritaria. El problema es que esto no cuadra con la realidad, ya que en cuanto salgan como médicos y un hospital los contrate para completar su formación de residentes, en la primera guardia que hagan en urgencias, el 80 por ciento de los pacientes que verán les manifestarán que tiene dolor en algún sitio y ellos no tienen la formación específica en ello. Por lo que lógicamente estamos solicitando y está totalmente justificado que la asignatura dolor, tanto agudo como crónico, sea de forma transversal impartida por un equipo multidisciplinar en la universidad con un protagonismo propio.

¿Sigue en aumento el papel de la Enfermería en el tratamiento del dolor?

El papel de la Enfermería es fundamental, incluso, si pudiera ser, deberían tener consulta propia y sobre todo consulta telefónica para aclarar y aconsejar, por ejemplo, el seguimiento del tratamiento, o como colocarse los parches, los problemas que puedan surgir, las respuestas ante las dudas de los pacientes. Incluso ya la Enfermería está implicada en terapias. Necesitan más protagonismo y colaboración.

¿En qué punto se encuentra el tratamiento del dolor en España?

Desde el punto de vista de la formación en dolor, en España estamos absolutamente al día de lo que se hace en otros países, ya que la formación es global e internacional. Estamos al día en todas las nuevas técnicas y tecnologías. El problema que tenemos al igual que otros países con Sanidad universal, es, al igual que en otras especialidades, la masificación y esto crea un efecto dominó. Tenemos masificación en Primaria, por lo que hay que buscar soluciones de mejor coordinación entre las distintas especialidades médicas, es decir, entre receptores y derivadores de pacientes del dolor, ya que si no, nos vamos colapsando y todo pasa por mejorar el sistema desde el médico de Primaria, que tendría que ser el consultor básico.

Así y todo, necesitamos mejor organización y más formación. Las clínicas del dolor se tienen que utilizar en situaciones de dolor complejo. Los especialistas que derivan tienen que tener mejores ayudas, apoyos, facilidades de intercomunicación con nosotros. Igualmente es fundamental la formación de la sociedad. La sociedad tiene que saber que hay dolores en los que se puede ayudar, buscar solución, pero también que hay dolores que evitarlos al cien por cien es imposible. Necesitamos una coparticipación entre todas las especialidades médicas implicadas y los pacientes. Todo esto pasa por intercambiar ideas, hacer reuniones y formarnos, educarnos mutuamente entre nosotros.

Ante el dolor, ¿podemos hablar de prevención?

En dolor neuropático es difícil, pero se pueden hacer seguimientos. Cuando los estudios sobre genética estén más globalizados, se podrán hacer estudios preventivos de estos pacientes. En dolor musculoesquelético sí podemos educar y prevenir. Por ejemplo, en educación posicional, en hacer deporte sí o no, cómo y de qué forma. Al igual que la educación de las horas de estar sentado. Es, sobre todo, la actitud ante la vida. Al igual que es importante la educación desde el punto de vista psicológico, con refuerzos de autoayuda. Todo esto hay que potenciarlo porque en el fondo, previene, mejora y educa para eliminar problemas posteriores.

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