• Sábado, 17 de Agosto de 2019
Array ( [0] => WP_Term Object ( [term_id] => 1479 [name] => Internacional [slug] => internacional [term_group] => 0 [term_taxonomy_id] => 1479 [taxonomy] => category [description] => [parent] => 1350 [count] => 6691 [filter] => raw [cat_ID] => 1479 [category_count] => 6691 [category_description] => [cat_name] => Internacional [category_nicename] => internacional [category_parent] => 1350 ) )

La inflamación del tejido adiposo epicárdico es más frecuente en los pacientes diabéticos que además padecen una cardiopatía isquémica

Los autores de un estudio resaltan que conocer los mecanismos de este tejido puede ayudar a desarrollar nuevas estrategias terapéuticas y a mejorar el pronóstico

tejido adiposo epicárdico

Investigadores del hospital Virgen de la Victoria de Málaga han analizado los marcadores que inciden en el tejido adiposo epicárdico (TAE), estableciendo la conexión con que su inflamación es más frecuente en los pacientes con cardiopatía isquémica y diabetes mellitus tipo 2 (DMT2). De hecho, subrayan “la importancia del TAE en la aterosclerosis coronaria en pacientes con DMT2ˮ.

El estudio, coordinado por los investigadores Manuel Jiménez y Lourdes Garrido, analiza los niveles de expresión del ARN mensajero (ARNm) en el tejido adiposo epicárdico. La conclusión, publicada en Journal of Translational Medicine, es que los marcadores son más elevados en los pacientes con cardiopatía isquémica y diabetes.

Los autores subrayan que las lipoproteínas de baja densidad oxidadas y los receptores ‘scavengers’ (RS) desempeñan un papel importante en la formación y el desarrollo de placas ateroescleróticas. “Sin embargo, poco se sabe sobre su presencia en el tejido adiposo epicárdico”. El objetivo del estudio fue evaluar la expresión del ARNm de diferentes RS en el TAE de pacientes con cardiopatía isquémica, la estratificación por el estado de la diabetes y su asociación con variables clínicas y bioquímicas.

Asimismo, en los pacientes diabéticos se identificó a los receptores ‘scavengers’ como factores de riesgo independientes asociados a la cardiopatía isquémica, junto con los niveles de glucosa, insulina y la presencia de tabaquismo, hipertensión y dislipidemia.

En el estudio se analizó a un total de 68 pacientes, 45 de ellos con cardiopatía isquémica: 23 con DMT2 y 22 sin esta patología. Los 23 restantes sirvieron de control y no padecían ni cardiopatía isquémica ni diabetes. La expresión del ARNm fue “significativamente mayor” en los pacientes diabéticos con cardiopatía isquémica en comparación con los que no padecen diabetes y los de control. La glucosa y la hemoglobina glucosilada también demostraron ser factores de riesgo.

Los autores recuerdan que la cardiopatía isquémica es una de las principales causas de muerte y discapacidad en los países desarrollados. “Aunque las tasas de mortalidad por cardiopatía isquémica en todo el mundo han disminuido en las últimas décadas, persiste como responsable de un tercio o más de todas las muertes en individuos adultos”, subrayan en este sentido.

En los últimos años, se ha propuesto que el tejido adiposo epicárdico desempeña un papel relevante en la fisiopatología de la cardiopatía isquémica. El TAE participa en la protección del miocardio y del vaso coronario, manteniendo el balance energético, pero su mal funcionamiento “se ha implicado en la progresión y el curso más agresivo de cardiopatía isquémica”. Una de estas afecciones patológicas que podrían alterar la funcionalidad normal del TAE es la presencia de diabetes mellitus tipo 2.

Los responsables del estudio recuerdan que el estrés oxidativo desempeña un papel importante en la génesis de este tipo de diabetes. De hecho, las lipoproteínas de baja densidad oxidadas son clave en la formación y el desarrollo de placas ateroescleróticas y se han asociado con la mayoría de los factores de riesgo, incluida la obesidad, la dislipemia, el síndrome metabólico y la DMT2.

Cada día, un mayor número de pacientes diabéticos y con TAE son tratados en hospitales “y el número será epidémico en los próximos años debido principalmente al aumento de la esperanza de vida y los niveles de obesidad”, apuntan los autores del estudio, que resaltan que las estrategias propuestas logran una mejoría clínica a cierto nivel a la vez que se describen nuevos escenarios clínicos como la revascularización incompleta. Por ello, “conocer exactamente los mecanismos que subyacen en la importancia del TAE puede ayudarnos a desarrollar nuevas estrategias terapéuticas y mejorar el pronóstico de los pacientes diabéticos con enfermedad coronaria”.