• Miércoles, 17 de julio de 2019
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La mayoría de los servicios de Oncología no realiza cribado psicológico a sus pacientes

Entre un 5 y 60% de los pacientes con cáncer podrían padecer ansiedad y depresión, pero las intervenciones psicológicas tienden a realizarse en estadios avanzados de la enfermedad

cribado psicológico

Los tratamientos psicológicos que se aplican al paciente con cáncer y su familia son generalmente eficaces para la consecución de objetivos como la mejora en la calidad de vida, reducción del distrés, adherencia al tratamiento, autoimagen o alteraciones emocionales. Sin embargo, y a pesar de que entre un 5 y 60 por ciento de los pacientes con cáncer podrían padecer ansiedad y depresión, tan solo el 18,5 por ciento de los servicios públicos de Oncología utilizan cribado psicológico para detectar las necesidades de los pacientes al respecto, y solo un 44 por ciento dispone de indicadores de seguimiento de periodicidad anual (39,1%) o trimestral (26,1%).

Así se recoge en el informe ‘La atención psicológica al paciente de cáncer en España‘, elaborado por el Instituto Max Weber y Mylan, y presentado este jueves por algunos de los expertos que han colaborado en el proyecto.

En el informe, entre otras conclusiones, se constatan realidades del día a día de nuestros hospitales como que las intervenciones psicológicas tienden a realizarse en estadios avanzados de la enfermedad o la necesidad de formación a los oncólogos en la gestión de malas noticias al paciente. Un 98 por ciento de estos profesionales considera necesaria la atención psicológica, y sugiere destinar más recursos tanto a formación como a personal.

Según explica Santos Enrech, jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital de Getafe, más del 80 por ciento de los Servicios de Oncología no hace ningún tipo de cribado psicológico, y la mayor parte de ellos carecen de indicadores de seguimiento de la evolución del enfermo a lo largo del tratamiento. “Teniendo esto en cuenta, es frecuente que la atención psicológica llegue tarde en el transcurso de esa evolución”, señala el oncólogo, y resalta como una de las conclusiones la importancia de la necesidad de mejorar la formación de nuestros oncólogos en humanización y gestión de la comunicación al paciente.

Para Santiago Pérez Camarero, presidente del Instituto Max Weber, con este proyecto se ha pretendido realizar una foto diagnóstica y útil de la situación de la atención psicológica en Oncología, “conocer qué estaba funcionando y qué no”. El informe se ha dividido en tres partes, que recogen, por un lado, la eficacia y utilidad de la intervención psicológica en los pacientes con cáncer, “cuyo resultado fue positivo, demostrando que la psicooncología aporta un valor y la calidad de vida de esos paciente mejora”; una segunda parte centrada en conocer los contenidos y planes del sistema sanitario al respecto, evidenciándose en este sentido que prácticamente la totalidad de Comunidades Autónomas recogen de alguna forma esa asistencia, y por último, y tras comprobarse que es útil y eficaz, un análisis con los expertos de cómo son los procesos de integración de la atención psicológica en los hospitales y cómo es el abordaje de dicha atención.

Destaca Marta Redondo, del Departamento de Psicología de la Universidad Camilo José Cela, la importancia de las variables psicológicas: “para poder abordarlas es primordial detectarlas, de ahí que el primero objetivo del proyecto sea diseñar y validar dicho cribado; por otro lado, ante la falta de formación del oncólogo, es objetivo importante el diseño de talleres de intervención en los que formar a los especialistas en estrategias de comunicación eficaz”. En este sentido, Ignacio Juez, jefe del Servicio de Oncología del Hospital Universitario de Fuenlabrada, ha destacado durante su intervención el momento actual del oncólogo, “en que quizás perdemos la habilidad de la comunicación, la habilidad de tacto, la comunicación no verbal, o la valoración humanística que conlleva a la empatía. Tenemos la necesidad de cultivar la necesidad de la empatía, de mirar a los ojos a los pacientes”, ha subrayado.

En opinión de Javier Anitua, director de la Fundación Mylan para la Salud, “se trataba de lanzar un estudio con el que dimensionar en qué medida estamos abrazando emocionalmente a nuestros pacientes oncológicos en la mayoría de nuestros hospitales y en qué medida esto difiere de las guías teóricas de cómo debería ser ese abrazo emocional”. Una vez identificadas las necesidades concretas, el siguiente paso ha sido el planteamiento de mecanismos con los que aportar soluciones innovadoras, dirigidas tanto a los pacientes oncológicos como a los profesionales que los gestionan, señala.

Proyecto piloto

El proyecto piloto se implementará en cuatro hospitales madrileños: Hospital Clínico San Carlos, Hospital Universitario de Fuenlabrada, Hospital de Getafe y Hospital 12 de Octubre, y consta de dos estudios, para los que se reclutarán entre 150 y 200 pacientes.

En el primero de los estudios, explica Pedro Pérez Segura, jefe del Servicio de Oncología del primero del Clínico San Carlos, se desarrollará un instrumento de evaluación, y se validará para que, de forma sencilla y rápida, el oncólogo pueda evaluar en el paciente con cáncer tanto su estado emocional como el afrontamiento que está haciendo de la enfermedad, ya que se ha comprobado que ambas variables son predictoras de la evolución del paciente y su adherencia al tratamiento. A este respecto, Mª Ángeles Pérez, del Servicio de Radioterapia del Hospital 12 de Octubre, ha recalcado la necesidad de que dicho cuestionario de evaluación sea rápido y sencillo.

El segundo de los estudios busca formar a los oncólogos en herramientas para comunicarse de un modo más eficaz con sus pacientes, sobre todo al darles información difícil y analizar el efecto de dicha información sobre ellos, especialmente en el manejo de la ansiedad y depresión.

Se plantea también, de forma separada a este proyecto piloto, otro estudio general descriptivo exclusivamente con pacientes, para el que se solicitará la colaboración de las asociaciones de pacientes, y con el que se pretende describir cómo se comunican los pacientes de cáncer con sus oncólogos.