• Miércoles, 19 de junio de 2019
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Las personas con obesidad tienen tres veces más riesgo de desarrollar diabetes tipo 2

El riesgo de padecer diabetes es tres veces mayor en el caso de las personas obesas. Cuanto más elevado es el sobrepeso, más se observa un aumento de la glucemia. Las personan con resistencia a la insulina a menudo son obesas. La obesidad unida a la diabetes puede originar en el organismo un aumento de los riesgos cardiovasculares. De hecho, en la alimentación de las personas con sobrepeso, normalmente hay un alto contenido en grasas que con el tiempo pueden hacer que se formen depósitos de grasa en las arterias, llegando a originar las placas de ateroma, que pueden producir una lesión en la pared arterial y provocar la obstrucción del vaso, dando lugar a consecuencias muy graves como accidentes cerebrovasculares o infarto de miocardio.

Al mismo tiempo, el sobrepeso causante de la diabetes puede dar lugar a la oclusión de las arterias de las extremidades inferiores, originando una pérdida de la sensibilidad nerviosa y la imposibilidad de cicatrizar las heridas en los pies debido a la falta de oxigenación.

Perder peso ayuda al paciente a mejorar los niveles de glucosa en sangre, la presión arterial y los niveles de colesterol. En la actualidad, los beneficios de bajar de peso son ampliamente reconocidos. La ganancia de peso asociada al tratamiento de la diabetes tiene efectos indeseables, provoca deterioro de la función de la célula beta, se incrementa la resistencia a la insulina, aumenta la glucemia, el riesgo de padecer enfermedad cardiovascular, y, por supuesto, empeora la calidad de vida.

Cambio estilo de vida

Así, el control del paciente diabético con sobrepeso pasa por establecer un cambio en su estilo de vida, ya que perder peso a través del ejercicio y una dieta balanceada ayudará en dicho control. La práctica de ejercicio físico no solo será útil para alcanzar las metas de reducción de peso, sino también es una buena manera de disminuir los niveles de azúcar en sangre.

El abordaje del paciente diabético con sobrepeso pasa por una dieta pobre en hidratos de carbono, por  enfatizar no solo el objetivo de hemoglobina glicosilada a alcanzar, sino los medios para conseguirlo, que no dependen sólo de la medicación, sino también de sus hábitos de vida. Para explicar esto, hay que trabajar desde ambos lados de la mesa. Se pautará una terapia farmacología adaptada al paciente en función de su dificultad del control de la glucemia, patología asociada a hipertensión con o sin afectación de órganos diana e insuficiencia renal crónica.

La obesidad se relaciona directamente con los problemas cardiovasculares y con la diabetes, entre otras patologías. La evaluación del riesgo cardiovascular del paciente obeso debe hacerse de forma integral. En el momento del diagnóstico de la diabetes tipo 2 se debe establecer el grado de obesidad según el índice de masa corporal (IMC) y determinar el perímetro de la cintura.

Reducir peso

En el abordaje del paciente diabético con sobrepeso, la primera actuación irá encaminada al establecimiento de unos objetivos para reducir el peso, intentando en un primer momento una reducción del 10% del peso basal e ir más allá tras la primera evaluación.

La combinación de tratamiento dietético, con una dieta individualizada, junto con los programas de actividad física, moderada en un principio, son elementos básicos para empezar el tratamiento de estos pacientes.

Hay que tener en cuenta que los principales beneficios del ejercicio pasan por incrementar el consumo muscular de glucosa, mejorando la sensibilidad a la insulina, lo que reduce el riesgo que conllevan las enfermedades cardiovasculares y ayuda a perder peso y a controlar de mejor forma los niveles de tensión arterial.

Dentro del tratamiento de la conducta del paciente, resulta fundamental una buena evaluación del mismo para encomendarle unas estrategias conductuales que promuevan la dieta, el ejercicio físico y sirvan de ayuda para motivarle en el seguimiento del plan de adelgazamiento. En estos pacientes, el tratamiento y abordaje deberá ser personalizado, teniendo en cuenta la gravedad del problema en cada uno de ellos.

Conocer su riesgo

El paciente diabético debe ser consciente del riesgo cardiovascular, que puede ser entre 2 y 4 veces superior en comparación con las personas no diabéticas de edad similar. Por eso, en el diagnóstico es importante transmitir al paciente el concepto de enfermedad crónica para que se prepare a su nueva situación y poder trabajar conjuntamente en todos los objetivos de control de la enfermedad. Aún cuando las personas con diabetes tipo 2 tienen un mayor conocimiento sobre su enfermedad que la población general y son conscientes en mayor medida de la gravedad de la patología, existe un alto porcentaje de pacientes diabéticos que no son conscientes de su patología. El hecho de no identificarse con la enfermedad tiene una repercusión muy directa tanto en el control de la diabetes como en la calidad de vida del paciente. Por ello, es necesario realizar una detección del problema lo más precoz posible para así poder establecer las estrategias de intervención que permitan la corrección de esas actitudes.

En líneas generales, no son conscientes de su enfermedad y del elevado riesgo cardiovascular que de por sí tiene una persona diabética, aunque esté bien controlada.

Colaboración de la familia

Para fomentar buenos hábitos de vida es imprescindible la colaboración de la familia. Tras el diagnóstico de la diabetes mellitus y el establecimiento del plan terapéutico y de cuidados, es fundamental hacer participe al paciente en la consecución de unos objetivos de control. El buen control tendrá efectos muy beneficiosos y positivos en cuanto a evitar o retrasar la aparición de complicaciones micro y macrovasculares, y en reducir la mortalidad asociada a padecer la enfermedad. En el paciente diabético tipo 2 se debe ofrecer una educación estructurada en el momento del diagnóstico y después de forma continuada, en función de sus necesidades, revisándolo de forma regular. El plan terapéutico debe ser evaluado periódicamente, requiriendo de una continuidad asistencial con coordinación entre los diversos profesionales y ámbitos de actuación. La falta de adherencia al tratamiento también está vinculada a la no consecución de los objetivos marcados. Las medidas para mejorar la adherencia pueden ser simplificar el tratamiento e implicar a los diversos escalones de la atención sanitaria, médicos, personal de enfermería y farmacéuticos, y fomentar la autonomía y autocuidado del paciente puede contribuir también a la mejora de la seguridad.

También es importante la concienciación a nivel familiar y disponer de espacios al aire libre para poder realizar ejercicio físico: paseos habilitados con aceras anchas y buena iluminación, gimnasios, actividades físicas dirigidas a cada grupo específico de población… La utilización de folletos con información de hábitos de vida saludables, charlas grupales, con ejemplos de pacientes que hayan conseguido controlar su peso y su diabetes pueden ser una buena opción para que el paciente sea consciente de su autocuidado.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores especialistas en Medicina Familiar y Comunitaria Manuel López Pérez, del Centro de Salud Bóveda; Francisco Expósito Rubinos, del Centro de Salud Castro; Enrique Pérez Vázquez, del Centro de Salud Sober; Dolores López Martínez, del Centro de Salud Chantada Lugo, Miguel A. Rodríguez Lois, del Centro de Salud Sagrado Corazón, y Agustín Ferreiro Abelairas, del Centro de Salud Burela, todos en Lugo; los médicos de Familia María Cruz Grandal Amor, María Victoria Castro Ocampo, Octavio Alejandro Dopico Pérez, Manuel Abuín Rodríguez y Carlos Vicente Díaz Sueiras, del Centro de Salud Narón, y Jesús Luengo Cifuentes, Francisco Javier Gómez San Miguel, Francisco Javier Bujalance Cañete y Jacinto López Díaz, del Centro de Salud O Grove.