• Sábado, 21 de septiembre de 2019
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La migraña es mucho más que un dolor de cabeza

Cefalea significa simplemente

dolor de cabeza, y

en este sentido la migraña,

que equivale a jaqueca, es un

dolor de cabeza, pero para

nada simple, ya que es una

enfermedad neurológica cuya

acción repercute en la familia y

en el trabajo. Según la definición

del doctor Rogelio Leira,

del Hospital Xeral de Galicia,

Complejo Hospitalario Universitario

de Compostela, “la migraña

es un trastorno crónico

que viene determinado genéticamente

y que se caracteriza

clínicamente por episodios recurrentes

de cefalea. La frecuencia,

intensidad y duración

de estos episodios dolorosos es

muy variable, oscilando entre

pacientes que presentan una

crisis de migraña cada 6 meses,

hasta aquellos que sufren

6 o más crisis de migraña

mensuales. Evidentemente, la

repercusión que tiene para la

vida es muy diferente dependiendo

de la situación clínica

en la que se encuentre un determinado

paciente”.

En opinión de este especialista,

durante muchos años

se ha considerado que poco

se podía hacer para tratar o

prevenir la migraña. “Al tratarse

de un proceso determinado

genéticamente, es muy

frecuente que los pacientes

con migraña nazcan y se desarrollen

en el contexto de

familias con migraña. Esta situación

hace que se transmita

la idea de que la migraña

no tiene curación y que por

tanto hay que sufrirla toda la

vida. Los pacientes se acostumbran

al manejo de una

serie de analgésicos que les

ayuden a mitigar el dolor y

rara vez solicitan ayuda médica.

Es frecuente que en diversas

etapas de la vida realicen

cambios de analgésicos a

medida que éstos van perdiendo

eficacia en el alivio

del dolor”.

Siempre según este experto,

“desde hace una década

se conocen con mayor precisión

cuáles son los mecanismos

que se producen en el

cerebro y en la circulación cerebral

que condicionan la

aparición y desarrollo de una

crisis de migraña. Se han descubierto

nuevos fármacos que

son específicos para tratar las

crisis de migraña. Estos avances

en el conocimiento de la

migraña han supuesto que actualmente

se la considere como

una “enfermedad específica

que precisa un tratamiento

específico”, olvidando la situación

previa de “proceso doloroso

inespecífico que sólo precisaba

analgésicos”.

Uno de los mayores

problemas de salud

Se estima que en España sufren

migraña cuatro millones

de personas. Afecta a un porcentaje

de población que oscila

en torno al 16% de mujeres

y 7% de varones, con

edades comprendidas entre

los 14 y 55 años. “Se trata,

sin lugar a dudas, de uno de

los mayores problemas de salud

que afectan a la población

adulta joven”, apunta Leira.

La migraña es dos veces

más frecuente en la mujer que

en el hombre, aunque algunos

autores alargan esta proporción

situándola en una relación

de 3 a 1. Ataca principalmente

a personas jóvenes y de edad

media, en épocas de formación

y de mayor productividad profesional

y laboral. La intensidad

de las crisis, y especialmente su

frecuencia, determina la pérdida

de horas de trabajo, una

disminución del rendimiento

profesional, dificultades en la

escolarización y reducción de

la calidad de vida.

Inicialmente, el dolor migrañoso

se localiza en un solo

lado del cráneo, aunque casi

siempre termina por generalizarse.

Es frecuente que vaya

acompañado de náuseas, vómitos,

sensación de abatimiento

y malestar general. En un

tercio de los casos, el dolor es

precedido por fenómenos visuales

denominados auras, los

cuales pueden consistir en

manchas negras en el campo

visual, visión de puntos o líneas

quebradas luminosas o imágenes

que recuerdan zanjas de

fortificación, chispas o relámpagos

y sensaciones visuales de

centelleo luminoso en zig-zag.

El dolor aumenta con la

tos, estornudos y movimientos

bruscos de cabeza, incrementando

la tensión en el

interior de la misma, y puede

llegar a ser muy intenso e

incluso insoportable. Su duración

no excede de las 72

horas.

Factores como la luz, los

olores o el ruido contribuyen

a aumentar el dolor, de ahí

que el enfermo busque el aislamiento,

la tranquilidad, el silencio

y la oscuridad. Si logra

conciliar el sueño, pasadas 1

ó 2 horas se despertará reestablecido,

pero con sensación

de abatimiento.

Ya en la adolescencia

Si hablamos de la evolución

de la migraña hay que tener

en cuenta que suele aparecer

ya en la adolescencia, repitiéndose

con una frecuencia

muy variable. Algunos migrañosos

presentan crisis semanales

y otros cada tres meses

o al año.

Con el paso del tiempo,

las crisis suelen perder sus

rasgos característicos. Entonces

es frecuente la desaparición

de los fenómenos acompañantes

y la pérdida del

carácter pulsátil del dolor, esto

es, al ritmo de los latidos

del corazón.

Hacia los 50 años las crisis

tienden a desaparecer. en

la mujer, la menopausia puede

acentuar transitoriamente

estas crisis, que posteriormente

se hacen virulentas y desaparecen.

Cuando las crisis son muy

frecuentes, el abuso de medicamentos

puede crear lo que

se conoce como cefalea crónica

diaria, la cual obedece a la

presentación de una crisis de

migraña más un dolor continuo,

provocado por los mismos

analgésicos. Al desaparecer

el efecto beneficioso

transitorio del medicamento,

se presenta nuevamente el

dolor como un síndrome de

“abstinencia”, generándose un

abuso de analgésicos y planteándose

una situación clínica

de muy difícil solución.

Preguntas sin respuestas

Para el doctor Julio Pascual,

del Servicio de Neurología del

Hospital Universitario Marqués

de Valdecilla (UC) de Santander,

comprender y aclarar por

qué se produce la migraña,

dónde se inicia la primera señal

que desencadenará un

episodio y cómo funciona el

cerebro durante un ataque de

migraña son las preguntas

que aún hoy en día no pueden

responderse en su totalidad.

El estudio de la migraña

se complica porque sus síntomas

aparecen de forma episódica,

el paciente está sin dolor

la mayor parte de su vida, y

los cambios que tienen lugar

en el cerebro durante un episodio

de migraña son, en su

mayoría microscópicos, poco

accesibles a las técnicas de

observación de las que se dispone

actualmente.

Indica este experto que

cuando un paciente sufre una

crisis de migraña por lo general

presenta tres fases distinguibles:

pródromos (estado

previo a la aparición del dolor.

al menos un tercio de los pacientes

experimentan síntomas

premonitorios el día o las horas

previos al dolor), aura (sintomatología

neurológica focal

transitoria) y cefalea (dolor de

cabeza. es el síntoma principal

de la inmensa mayoría de las

crisis de migraña). “Es obvio

que no todos los pacientes tienen

en todas las crisis las tres

fases, por ejemplo sólo un

15% de los pacientes tienen

aura. No es raro, sin embargo,

que un mismo paciente migrañoso

combine episodios en

los que tiene las tres fases perfectamente

reconocibles, otros

en los que sólo tiene la fase

de cefalea o, incluso, episodios

en los que la única sintomatología

se reduce a un aura migrañosa”.

Más vale prevenir…

La doctora Margarita Sánchez

del Río, del Hospital Ruber Internacional

de Madrid, afirma

que no existe una regla fija

en cuanto al número de ataques

al mes o a la semana

que son necesarios para iniciar

un tratamiento preventivo,

aunque en la práctica se

plantea dicho tratamiento en

los casos en los que las migrañas

se presentan al menos

tres veces al mes. Además, se

deberán tener en cuenta circunstancias

como:

” La forma en que interfieren

los ataques en el quehacer

habitual del paciente, a

pesar del seguimiento de un

tratamiento analgésico adecuado

e independientemente

del número de ataques.

” Los casos en los que

existan problemas con el tratamiento

analgésico.

” Los casos en los que

exista un abuso de analgésicos.

“Aquí es importante recordar

que el tratamiento

analgésico está diseñado para

tomarlo sólo cuando hay

dolor, de forma puntual, con

el fin de eliminar el dolor,

pero no va a evitar que aparezca

un nuevo ataque de

migraña”. El uso indiscriminado

de analgésicos nos llevará

a tener dolor a diario y

por tanto a cronificar el problema,

pero también a dificultar

que los fármacos actúen

con eficacia.

Finalmente, a la hora de

establecer un tratamiento

preventivo, es importante tener

en cuenta las situaciones

especiales, como:

» Migraña hemipléjica. Son ataques de migraña que

cursan con parálisis de una

parte del cuerpo. Dada la

severidad de los episodios

no es posible ni práctico

emplear analgésicos. Es fundamental

en estos casos la

utilización de fármacos que

eviten que aparezca un nuevo

ataque.

» Migraña basilar. Ataques

de migraña que pueden

cursar con visión doble, mareo

importante o vértigo, incoordinación,

dificultad para

hablar o desmayos. Nuevamente

dichos ataques van a

interferir de forma importante

con el funcionamiento de

la persona que lo padece y

para un tratamiento adecuado

es fundamental iniciar el

tratamiento preventivo.

» Ataques de migraña

con aura donde los síntomas

del aura duren más de

una hora. En estos casos especiales

no es recomendable

la utilización de cualquier tipo

de analgésico.

Por su parte el doctor José

Miguel Láinez Andrés, del

Servicio de Neurología del

Hospital Clínico Universitario

de Valencia, abunda en que,

como paciente, uno puede

empezar a realizar tratamiento

preventivo de sus crisis conociendo

bien su migraña y

los factores que desencadenan

estas crisis. de hecho, si

es capaz de eliminar todos los

factores que se las provocan

(alteraciones del sueño, estrés,

alimentos…) puede reducir

significativamente el número

de las mismas. “Desafortunadamente,

algunos factores

desencadenantes (por ejemplo,

la menstruación) no se

pueden eliminar y también

hay muchas ocasiones en que

las crisis se producen sin que

existan factores desencadenantes

que podamos identificar,

por lo que no nos queda

otra alternativa que tratarlas

y/o a prevenirlas”.

De acuerdo con este especialista,

existen algunas terapias

no farmacológicas que

nos pueden ayudar a prevenir

las crisis. “es muy importante

saber que sólo aquellas técnicas

en las que el paciente se

implica y participa son útiles a

medio-largo plazo. En esta línea

son útiles tratamientos como

la relajación o el biofeedback,

mientras que otras

tienen un efecto pasajero como

la acupuntura o la hipnosis.

El tratamiento farmacológico

es la base del tratamiento

preventivo, existiendo diversas

alternativas que se han ido introduciendo

sucesivamente en

la prevención de la migraña.

Cuando tenemos que elegir

un fármaco profiláctico lo hacemos

en función del paciente

(tipo de migraña, asociación

con otras enfermedades…) y

de la tolerabilidad (posibles

efectos adversos) del medicamento

a emplear”.

El medicamento preventivo

se toma todos los días en

una dosis única o en varias

dependiendo del fármaco

que se utilice. Es importante

saber que estos tratamientos

no son como los que se utilizan

en el manejo de la crisis,

cuyo efecto es inmediato.

Habitualmente requieren un

cierto tiempo hasta que empiezan

a mostrar su eficacia.

el tiempo mínimo para decidir

si un tratamiento preventivo

funciona o no en un determinado

paciente es un

mes. El período mínimo en

que se suele mantener el tratamiento

preventivo es de

tres meses, aunque esto varía

mucho con cada paciente.

en general se suele indicar

por un período de 6 meses.

Recomendaciones no farmacológicas

Entre las recomendaciones no

farmacológicas para evitar los

ataques de migraña, el doctor

Jesús Hernández Gallego,

del Hospital General “Dr. Negrín”,

de Las Palmas de Gran

Canaria, destaca algunos consejos

higiénico-dietéticos, así

como una filosofía de vida

para atajar el dolor.

Dentro del tratamiento no

farmacológico, aduce este especialista,

existen también

medidas preventivas (evitar los

factores desencadenantes) y

sintomáticas (aislarse, relajarse,

evitar el ejercicio físico, la luz y

los ruidos). esto lo necesitan

hacer todos los pacientes:

cuando sufren una migraña,

se van a la cama, se ponen

frío en la cabeza, se aíslan de

la luz y de los ruidos y no comen.

No hay que olvidar el

sueño como supresor de la

migraña, pero también existe

el sueño como activador de la

misma: la migraña se puede

desencadenar tras dormir más

o menos horas de lo normal,

cosa que sucede en ocasiones

en los fines de semana.

En relación con la dieta, el

migrañoso suele intentar identificar

qué alimentos favorecen

el dolor de cabeza. Una vez

que analice sus hábitos dietéticos,

probablemente deba

prescindir de algún alimento,

pero en todo caso debe privarse

de ingerir alcohol y tabaco.

“La dieta, considerada

como un factor precipitante

en las migrañas, ha generado

listas interminables e irracionales

de alimentos, la mayoría

de ellas sin una base científica.

Hay muy pocos trabajos científicos

epidemiológicos rigurosos

que determinen qué producto

de la dieta es un factor

inductor de las migrañas”.

En general, prosigue el

doctor Hernández, el migrañoso

aún siendo psicológicamente

normal, tiene un cierto

grado de neuroticismo o depresión

(el temor a que sobrevenga

otro dolor terrible por

muy transitorio que sea no deja

de ser una “constante preocupación”)

y en esta obsesión

por no sufrir, el migrañoso genera

una parafernalia de acciones

físicas, alimentarias y psicológicas

que coartan su vida

cotidiana a veces más de lo

que el propio dolor se merece.

En opinión de Hernández Gallego,

conviene descubrir qué

hábitos diarios pueden disminuir

la intensidad, la duración

y la frecuencia de los ataques.

Como recomendaciones generales,

el migrañoso debe ser

rutinario: tratar de dormir todos

los días las mismas horas

(incluso los fines de semana) y

ajustar las actividades diarias a

un horario fijo y no excesivo.

Mantener una dieta variada,

realizar ejercicio físico con

regularidad, no fumar y, si se

puede, practicar algún tipo

de relajación física y mental.

Plantearse durante un rato

distraerse o saber perder el

tiempo, ser menos productivo,

también ayuda a controlar la

recurrencia de las migrañas, a

reflexionar sobre los acelerones.

Saber perder el tiempo a veces

es ganarlo, al menos en salud.

Estudiar a cada paciente

Según informa la Red Española de Cefaleas,

antes de establecer el tratamiento

de la migraña es imprescindible estudiar

en cada paciente la existencia de mecanismos

desencadenantes. La identificación

y la supresión de los mismos es,

pues, el primer paso en la terapia de este

proceso. El cambio del “estilo de vida”

e incluso un tratamiento con ansiolíticos

(tranquilizantes) debe imponerse

en casos de estrés.

A) Tratamiento de la crisis

Los analgésicos deben administrarse lo

antes posible. De éstos, los más eficaces

son los de acción antiinflamatoria (ibuprofeno,

naproxeno, indometacina).

Existen otros medicamentos, de acción

más específica, denominados genéricamente

ergóticos y triptanes, que actúan

disminuyendo la dilatación de los vasos

sanguíneos cerebrales.

Es importante considerar que:

” En caso de migraña leve se aconseja

tomar analgésicos antiinflamatorios,

así como el reposo en un ambiente silencioso

y poco iluminado. Muchas veces

si el paciente puede conciliar el sueño,

las crisis desaparecen en unas horas.

” Cuando se trata de un dolor moderado

a severo debe administrarse medicamentos

más específicos que posean

tanto acción analgésica como neutralizante

del mecanismo de la migraña.

B) Tratamiento preventivo

Cuando aparecen más de tres crisis

mensuales, duran demasiado tiempo o

no responden a la medicación, se debe

recurrir al tratamiento preventivo. Los

medicamentos que se utilizan en este

caso son antihipertensivos, antidepresivos,

antiepilépticos, magnesio o vitamina

B12 a dosis altas o hasta incluso inyecciones

de toxina botulínica.

Es importante considerar que:

” Los medicamentos preventivos no

tienen acción analgésica, por ello su administración

durante las crisis es totalmente

ineficaz.

” La medicación preventiva de la

migraña requiere un tiempo para iniciar

su acción beneficiosa, que habitualmente

oscila entre 3 y 4 semanas. Esta particularidad

debe ser conocida por el paciente

para que no abandone la

medicación que podría considerar ineficaz.

Este tratamiento preventivo debe

mantenerse un mínimo de 3 meses, y

en algunos casos durante 1 año o más.

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