• Lunes, 15 de octubre de 2018
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Un tratamiento farmacológico precoz en la DM2 es la mejor manera de evitar complicaciones futuras

CIBERDEM

La elevada presión asistencial dificulta el manejo de los pacientes con DM2, que necesitan mucha formación en hábitos dietéticos, higiénicos y de administración de la medicación. Con la presión asistencial, a día de hoy, es muy difícil dedicarle el tiempo que necesitan. Por este motivo, es tan importante la colaboración de la enfermería en la formación del paciente en esta patología. En cuanto a las pruebas, sí es posible solicitar aquellas que consideras necesarias.

El coste y/o la presión administrativa sobre la prescripción de la terapia antidiabética dificultan la individualización del tratamiento. Es muy necesario poder trabajar en equipo con el personal de enfermería en este tipo de patologías porque, en general, dispone de más tiempo para dedicar a la formación del paciente, del que dispone el personal médico. A día de hoy esta colaboración depende de la buena voluntad del profesional con el que se trabaja en cada momento y, también, debido a la presión asistencial que sufren, del tiempo del que pueden disponer. Por eso, es necesario mejorar el grado de organización y de implicación multidisciplinar de la enfermería para optimizar el control del paciente con diabetes 2 en Atención Primaria.

La enfermería es uno de los pilares para el control y seguimiento de pacientes con DM2 en Atención Primaria, ya que hace un seguimiento completo de estos pacientes. Normalmente, suelen tener una gran importancia en la autoeducación de estos pacientes.

Inercia terapéutica

La inercia terapéutica afecta de manera muy importante a la hora de hacer un buen diagnóstico. El médico siempre procura empezar por recomendaciones dietéticas, como dieta, ejercicio y después pasar a tratamiento farmacológico cuando sea preciso para alcanzar un control adecuado y evitar complicaciones a largo plazo. Lo que el paciente diabético necesita es tener un buen control de sus cifras.

Las intervenciones para mejorar la adherencia terapéutica en la DM2 suelen estar a cargo principalmente del médico de Atención Primaria y equipo de enfermería, y sería importante la implicación por parte del farmacéutico. La toma de decisiones compartidas entre profesional sanitario-paciente y que el paciente participe en la monitorización de su enfermedad son factores con los que se puede lograr una mayor adherencia, centradas en adecuar el lenguaje, comprobar con el paciente el grado de comprensión de los mensajes que se le han dado o explicar con claridad dudas sobre la enfermedad y el tratamiento.

Educación sanitaria

Otras intervenciones que podrían aumentar la adherencia terapéutica incluyen la educación sanitaria del paciente y cuidador, el apoyo de las asociaciones de pacientes, intervenciones basadas en llamadas telefónicas, mensajes de texto y alertas, y aumentar la formación específica sobre adherencia en los profesionales sanitarios.

Un tratamiento farmacológico precoz en la DM2 es la mejor manera de evitar complicaciones en un futuro no muy lejano. Cada vez se disponen de tratamientos más adecuados para los pacientes difíciles de controlar.

En Atención Primaria se tiene suficientemente en cuenta la ganancia de peso y las probables hipoglucemias con las distintas terapias disponibles en la elección de los fármacos. No obstante, no todos los médicos de AP están dispuestos a utilizar fármacos que no estén dentro de las recomendaciones de los supervisores de los distritos sanitarios. También hay que tener en cuenta la seguridad cardiovascular de los fármacos antidiabéticos en la decisión sobre qué tipo de fármaco utilizar en la DM2 de reciente diagnóstico. La seguridad cardiovascular es fundamental pues, junto con la diabetes, genera problemas en este tipo de pacientes crónicos. En el paciente con diabetes mellitus tipo 2 un buen control glucémico y del resto de los factores de riesgo puede reducir la presencia de complicaciones crónicas y disminuir la morbimortalidad cardiovascular.

Abordaje global

El tratamiento del paciente diabético debe contemplar un abordaje global, con especial hincapié no sólo en el control de la hiperglucemia sino también de las cifras de presión arterial, lípidos y el abandono del tabaquismo. La DM2 es una enfermedad en la que intervienen distintos mecanismos fisiopatológicos que pueden variar su importancia, según el momento evolutivo de la enfermedad. En la actualidad, existen distintos grupos de fármacos (orales e insulinas) cuyo mecanismo de acción se basa en las diferentes alteraciones fisiopatogénicas responsables de la enfermedad. Aunque reducir la glucemia hasta los objetivos recomendados reduce el riesgo de complicaciones microvasculares, el efecto de los antidiabéticos sobre las complicaciones macrovasculares y la muerte cardiovascular es motivo de preocupación.

En este contexto, las diferentes agencias reguladoras han establecido la necesidad de realizar estudios específicamente diseñados acerca de la seguridad cardiovascular de los antidiabéticos. Se han publicado los resultados de dos ensayos clínicos que aportan información relevante acerca de la seguridad cardiovascular de los inhibidores de la dipeptidil peptidasa-4 (DPP-4).

Primeros pasos

Actualmente, se recomienda la metformina como tratamiento de primera elección en el paciente con DM tipo 2 y como tratamiento de segunda línea, en caso de que no se consigan alcanzar los objetivos de HbA1c, la asociación de metformina con sulfonilureas, tiazolidindionas, inhibidores de la DPP-4, agonistas del GLP-1 y con los inhibidores de SGLT2. En caso de que no se tolerase o estuviese contraindicada la metformina, los tratamientos de segunda línea pasarían al primer escalón. Sin embargo, teniendo en cuenta la seguridad cardiovascular, y a la luz de las evidencias actuales, habría que inclinarse más por utilizar aquellos fármacos que actualmente hayan demostrado ser más seguros.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores María Luisa Moro Mateos, María Begoña Sánchez Alonso, Alfonso Sánchez Escudero, María Luisa Mateos Polo y Manuel Rodríguez Rodríguez, del Centro de Salud Universidad Centro; Fernando Álvarez-Franco Cañas, Mª Teresa Villadangos Fernández y Javier Pérez Flandez, de León, los especialistas en Medicina de Familia Rosalía Romero Andrés, Ana Belén Mejias Úbeda, Pablo Estrada Ortiz, Fernando Javier Ortiz Llamas y Manuel David Torres Villalón, del Centro de Salud San Miguel, de Torremolinos; los cardiólogos Antonio Agarrado Luna, del Hospital de Jerez de la Frontera, y Lucas Cano Calabria y Ernesto Marante Fuertes, del Hospital de Cádiz; los médicos de Atención Primaria Francisco Manuel Adán Gil, Oscar Fernando Isaula Jiménez, Cristina Borra Ruiz y Ana Isabel Acereda Ridruejo, de Logroño.

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