Anualmente, la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP, por sus siglas en inglés) elige un tema al que se presta una atención especial y concentra diversas iniciativas de la organización. En 2019, ha elegido el Año Mundial contra el Dolor en los pacientes más vulnerables y se centra en las siguientes poblaciones: dolor en personas mayores (incluido dolor en la demencia); dolor en bebés y niños pequeños; dolor en individuos con impedimentos cognitivos (no relacionados con la demencia) o trastornos psiquiátricos y dolor en supervivientes de la tortura. Todos ellos comparten la imposibilidad de comunicarse de forma eficiente con los profesionales sanitarios, lo que les sitúa en una posición de riesgo en cuanto a evaluación y manejo del dolor.

Igualmente, la IASP ha definido seis objetivos clave para proteger a la población mas vulnerable. Estos son: identificar las barreras para su correcto diagnóstico y tratamiento; explorar los tipos de dolor que pueden afectarles; identificar las herramientas de evaluación más apropiadas para la población vulnerable; identificar las técnicas adecuadas para este grupo de población; explorar las necesidades formativas del personal sanitario en la atención a estas personas, e identificar las áreas de investigación y desarrollo relevantes en este campo.

Para el Dr. Fernando Cerveró, profesor emérito de la McGill University (Canadá) y expresidente de la IASP: “es imposible separar el dolor de su contexto social y cultural”, y que la intención de la IASP es abordar el dolor en todas sus dimensiones. Igualmente, el Dr. Cerveró lamentó que en la mayor parte de las facultades de Medicina no exista un estudio sistemático del dolor, “que solamente se aborda como un síntoma y de modo disperso”. Añadió que: “La sociedad actual demanda un tratamiento efectivo del dolor y un final de la vida sin agonía ni sufrimiento. Ya no es aceptable decir a los pacientes que deben aprender a vivir con dolor o que el dolor es inevitable. Este cambio social ha impulsado el desarrollo de tratamientos efectivos de muchas formas de dolor, así como el establecimiento de cuidados paliativos al final de la vida”.

Al Dr. Juan Pérez Cajaraville, director de Mensajeros Sanitarios de la Paz y miembro de la junta directiva de la SED, le preocupa enormemente la situación de vulnerabilidad de la población de edad más avanzada: desde la soledad de los ancianos en países industrializados hasta los abuelos que se han encontrado a cargo de los nietos por la mortalidad asociada a la epidemia de sida en África. “Creo que la población vulnerable es la que no despierta nuestro interés…, y esto nos debería llevar a una seria reflexión. En el mundo, según el informe, hay un total de 868 millones de personas mayores de 60 años, cerca del 12% de la población global. Para 2050, está previsto que aumente a 21%.

En cuanto a la investigación para mejorar el tratamiento del dolor en la población infantojuvenil, el Dr. Cajaraville señala que, según los últimos estudios, el dolor crónico afecta a entre el 20 y el 30% de la población infantil y juvenil, de los que el 5% sufre graves problemas de discapacidad asociados al dolor. “Hay que tener en cuenta que el dolor infantil hay que observarlo no solo en dispositivos asistenciales, sino también en el colegio, en casa…, por lo que intervienen también padres y maestros. Debido a esta peculiaridad y a la falta de conciencia social, el dolor infantil puede ser infradiagnosticado e infratratado”.

En líneas generales, “la investigación de nuevas moléculas y dianas farmacológicas en dolor crónico avanzan día a día, pero aquellos niños que participan en la investigación necesitan protección especial. Ellos son distintos biológicamente a los adultos, con una mayor vulnerabilidad, necesidades específicas a su edad y potencial de crecimiento y desarrollo. Por ello, la protección del niño debe ajustarse a la Declaración de Helsinki e incluir los principios de consentimiento y autodeterminación. La investigación avanza, pero un 95% con ensayos clínicos de adultos”, añade el especialista.