Los cerebros europeos prefieren hacer las Américas. "Cada vez más, nuestros investigadores miran a Estados Unidos antes de siquiera considerar lo que puede haber para ellos en Europa", dijo ayer Philippe Busquin, comisario de Investigación y Ciencia. Según el último ‘Informe europeo sobre ciencia y tecnología’, el 73% de los científicos de la Unión que obtienen el grado de doctor prefería en 1999 emigrar a EE UU que trabajar en su continente natal. En 1990, ésa era la mejor opción para ‘sólo’ el 41 por ciento, informa el diario EL CORREO DIGITAL.

Europa es la mayor fábrica de investigadores del mundo. Sus universidades e institutos formaron en 2000 un total de 2,14 millones de doctores y licenciados en disciplinas científicas y técnicas, frente a los 2,07 millones de los centros estadounidenses y los 1,1 millones de Japón. El problema es que, una vez en la calle, los jóvenes europeos juegan en franca desventaja: en la UE sólo hay 5,4 puestos de investigador por cada mil empleos, mientras que en EE UU hay 8,7 y en Japón, 9,7.

Estados Unidos cubre las carencias educativas con la importación. En 1999, según la Comisión Europea, 85.700 investigadores europeos -28.400 británicos, 25.200 alemanes y 7.700 italianos, entre otros- emigraron a EE UU y otros 20.000 cruzaron el Atlántico con rumbo a Canadá. La UE, por su parte, sólo atrajo a sus centros de investigación a 41.000 investigadores originarios del continente americano.

Baja inversión

"Sin investigadores no hay investigación", recordó ayer Busquin, quien achacó la creciente fuga de cerebros a la menor inversión de la Unión en ciencia y tecnología. La media de los Quince se sitúa en el 1,94% del Producto Interior Bruto (PIB), lejos del 2,98% de Japón y el 2,80% estadounidense. Y la brecha entre Europa y sus principales competidores se ensancha cada vez más, debido, según el informe, a la baja implicación del sector privado, cuya inversión en ciencia y tecnología sólo supone en la UE el 56% del total, frente a los dos tercios de EE UU y Japón.

La consecuencia inmediata de esa falta de inversión y esa pérdida de capital humano es la menor pujanza de la industria europea en las áreas más innovadoras. Así, el déficit comercial de los Quince en productos de alta tecnología ha pasado de 9.000 millones de euros en 1995 a 48.000 millones en 2000.

Incluso en áreas en las que Europa es líder, como en la producción científica del campo de la biotecnología, la debilidad de su tejido industrial hace que el número de patentes sea la mitad que en EE UU.

El comisario Busquin pidió ayer a los Quince que respeten los compromisos que han suscrito de elevar hasta el 3% el gasto en investigación y desarrollo, y confió en que los socios de la Unión darán prioridad a esta cuestión en su agenda pese a la recesión económica y la crisis iraquí.