Los carcinomas uroteliales son los cuartos tumores más frecuentes después de los de próstata, mama, pulmón y colorrectal. Aparecen tanto en vías urinarias inferiores como superiores. Dentro de la patología urológica maligna son el segundo tumor después del cáncer de próstata. El 90-95% de los tumores son en vejiga, mientras que el 5-10% restantes son del tracto urinario superior: los pielocaliciales tienen el doble de frecuencia que los de localización ureteral.

Respecto a la incidencia, de forma global aparecen aproximadamente unos 14.000-15.000 casos de cáncer vesical al año (algunas estimaciones más recientes llegan hasta los 20.000 casos diagnosticados al año en España). Esto situaría la incidencia entorno a un 7-8%. Si se estratifica por sexos, en el varón la incidencia anual se sitúa alrededor de 12.000-13.000 casos, aunque esta cifra puede subir hasta los 16.000 casos anuales. Las cifras son más bajas en las mujeres, se estima que cada año se diagnostican unos 3.000-4.000 casos nuevos.

Este tipo de cáncer presenta una alta prevalencia dada su alta supervivencia a los 5 años del diagnóstico, que se sitúa en torno al 75% en hombres y al 70% en mujeres, algo superiores a la del conjunto de Europa.

La edad de diagnóstico es pasados los 50 años y más del 70% de las personas diagnosticadas de cáncer de vejiga tienen más de 65 años. En el caso de los tumores de vía superior el diagnóstico se suele retrasar unos años con mayor frecuencia entre los 70 y 79.

Edad de diagnóstico

No obstante, el cáncer de vejiga puede manifestarse a cualquier edad incluso durante la infancia. Por lo general, más de dos terceras parte de los tumores vesicales se diagnostican a partir de los 50 años, siendo la edad media al momento del diagnóstico de 73 años. Por debajo de los 40 años este tumor es muy infrecuente. Además, la incidencia se incrementa en relación directamente proporcional a la edad, pasando de 142/100.000 hombres y 33/100.000 mujeres de 65-69 años a 296/100.00 hombres y 74/100.000 mujeres de 85 años o mayores.

En líneas generales, se puede ser optimistas con los carcinomas superficiales de vejiga, puesto que tienen un pronóstico bueno. Aproximadamente, el 75% de los hombres y el 70% de las mujeres que sufren un cáncer de vejiga en España sobreviven más de 5 años, superior a la media europea, que se sitúa en torno al 69%.

Sin embargo en los infiltrantes, la supervivencia baja notablemente siendo en los pT2/pT3 menor al 50%  a los 5 años y menor del 10% en los pT4. Y es que los superficiales solamente progresan hacia la infiltración un 15-20%, y normalmente lo hacen desde un grupo de pronóstico intermedio formado por los tumores superficiales de alto grado, asociados a carcinoma in situ o multifocales.

Los factores de riesgo más importantes para el cáncer de vejiga son el tabaco y la exposición ocupacional a aminas aromáticas. El tabaco es el factor de riesgo más importante presentando un riesgo 4 veces mayor los fumadores respecto los no fumadores correlacionándose con el número de cigarrillos y la duración del hábito. Las cifras hablan por sí mismas; el tabaco causa entre el 50 y el 65% y entre el 20 y 30% de los casos en varones y mujeres, respectivamente.

Profesiones de riesgo

Entre las ocupaciones asociadas a un mayor riesgo de cáncer de vejiga por la exposición ocupacional a aminas aromáticas, hidrocarburos aromáticos policíclicos, formaldehido, asbesto, arsénico y disolventes se encuentran los trabajadores de la piel, pintores, taladradores, manufacturación de papel, limpiadores, fontaneros, conductores de vehículos, los trabajadores del metal y los mineros, así como los empleados en industrias de hidrocarburos y de empresas textiles.

También hay que tener en cuenta que la radioterápica pélvica se ha relacionado con el desarrollo de cáncer de vejiga. Las mujeres tratadas con radioterapia por cáncer de cérvix y ovario presentan un aumento del riesgo de 2 a 4 veces de padecer un cáncer de vejiga.

Otros factores asociados con el cáncer de vejiga son las cistitis crónicas sobre todo en pacientes con sondas vesicales permanentes o litiasis, así como la infección por Schistosoma Haematobium.

Opciones terapéuticas

En cuanto al abordaje terapéutico, lo primero que hay que hacer es una buena clasificación. Así, para tumores no músculo invasivos de bajo riesgo de recidiva y progresión la resección endoscópica puede ser suficiente. En los tumores que presentan recidivas o un riesgo intermedio-alto de progresión se indican tratamientos endovesicales mediante quimioterapia o inmunoterapia (BCG, bacilo de Calmette-Guerin) endovesical posterior a la resección endoscópica para prevenir recidivas y progresión.

Por su parte, la cistectomía radical es el tratamiento de elección para los tumores músculo invasivos al diagnóstico, en los tumores no músculo invasivos con progresión a músculo invasivo o los de alto riesgo de difícil control o refractarios a tratamientos endovesicales. En pacientes con tumores músculo invasivos, la terapia de preservación vesical con radioterapia y quimioterapia es una opción en casos seleccionados. Como opción de tratamiento única, la radioterapia es menos efectiva que la cirugía radical o la terapia combinada. En pacientes con enfermedad a distancia (adenopatías pélvicas o metástasis) la quimioterapia sistémica proporciona unas tasas de respuesta del 8 al 26% con una media de supervivencia para la enfermedad metastásica es de 12-14 meses, pero no se recomienda como opción de tratamiento único del tumor vesical localizado.

En la elaboración de este artículo han participado los doctores Pedro Arrosagaray Echepare, Anna Ubre Lorenzo, David García Calero, Agustín Martín Huéscar y Jacobo Arce Gil.