Si usted tiene en su casa un pequeño diablillo que les vuelve locos porque nunca para quieto, es impulsivo y va siempre a lo suyo es posible que su hijo sufra un Trastorno por Déficit de Atención y/o Hiperactividad (TDAH). Afrontar este diagnóstico no es nada fácil y es comprensible sentir preocupación por algo de lo que nunca antes se ha oído hablar. Pero una vez pasado por el difícil trance de encarar la realidad, acepte a su hijo tal y como es. Con una actitud positiva, la ayuda profesional necesaria, el apoyo de otros padres que están pasando por la misma situación, asimilando toda la información que pase por sus manos, siempre que sea actual, práctica, realista y fiable, y comprendiendo los sentimientos de su hijo le será más fácil hacer frente a este trastorno.

Mejore su autoestima

Como estos niños suelen meterse en problemas y tienen pocos amigos, su autoestima puede estar por los suelos y pasar por algún que otro síntoma depresivo. Descubra qué tiene de especial y dígaselo. Si es bueno, por ejemplo, jugando al fútbol o tocando un instrumento musical haga que se sienta valioso por ello. Y cada vez que sea capaz de superar sus limitaciones y hacer cosas tan sencillas para otros, como permanecer quieto durante mucho tiempo, tenga en cuenta este esfuerzo, elógielo y dele un premio por lo que ha sido capaz de hacer. Es importante que se sienta apreciado y que sepa que es especial para usted. Crea en él dándole la oportunidad de responsabilizarse de determinadas tareas, como dar de comer a la mascota o poner la mesa. Si se siente querido y apoyado podrá crecer como los demás. Seguramente terminará los estudios, encontrará un buen trabajo, una pareja, se rodeará de amigos y creerá en sí mismo.

Pero mientras ese momento llega, necesitan ayuda para relacionarse con los demás. Lo primero que tiene que hacer es observarle mientras juega con otros niños para saber en qué falla. Una vez que reconozca las trabas que ha de superar diseñe con el niño un sistema de señales. Por ejemplo, acuerde con él que si se usted se toca una oreja significa que está moviendo mucho los pies y que ha de dejar de hacerlo. Así, le irá ayudando sin ponerle en evidencia delante de los demás. Le vendrá bien practicar deportes en los que compita de forma individual pero en los que se entrene con otros niños, como el tenis o la natación.

Modifique su conducta

Un niño con TDAH puede protagonizar conductas desordenadas e inapropiadas por las que los demás le tilden de “pesado” o “maleducado”. Para evitar que esto suceda los padres deben ser pacientes e intentar modificar su conducta poco a poco siguiendo unas reglas básicas que no siempre dan resultado o que, cuando lo dan, pueden generar un efecto rebote mejorando en un principio la actitud y empeorando de nuevo rápidamente. Ante todo se ha de ser consciente de que el niño, como el resto de las personas, también pasa por altibajos. Utilizando mensajes positivos se le puede hacer ver que no ha actuado bien sin lastimar su autoestima. Por ejemplo, él no es desordenado, sino que es su habitación la que está desordenada.

Sobre el papel todo parece fácil, pero sólo las personas que conviven con uno de estos niños saben lo difícil que es conseguir que obedezcan. Con ellos la rectitud y la mano dura no sirven, la única solución es convertir las instrucciones en algo fácil para ellos y, lo más difícil, conseguir que quieran hacerlo. Es aconsejable hacer una lista, lo más sencilla posible, con las reglas de la casa y dejar claro el premio que compensará una buena conducta y el castigo que traerá consigo saltarse unos límites que, en su caso, deben ser inflexibles. Dígale mirándole a los ojos, con voz clara y calmada, lo que debe hacer y dele las indicaciones de una en una, apoyándose en frases simples y cortas, para que no se enrede en una larga lista de indicaciones que le sea difícil recordar. Para asegurarse de que le ha escuchado mientras hablaba y que le ha entendido bien no está de más que le haga repetir en voz alta lo que tiene que hacer. Algo que puede serle de gran ayuda es involucrarle en un simple juego en el que gane o pierda puntos según sea su comportamiento. Al final de la semana recibirá un premio que será mejor cuantos más puntos acumule. No se limite a reñirle por las cosas malas que hace. Es muy importe que le felicite cada vez que haga algo bueno, ya que puede pensar que sólo consigue llamar la atención cuando se porta mal y no parará de hacerlo.

Bendita rutina

Otro problema añadido es que los niños con TDAH son un completo desastre a la hora de organizar las tareas. No saben cómo hacerlo, por lo que es muy importante que cuenten con la ayuda de los padres. Lo primero es sentarse con el pequeño y elaborar conjuntamente una lista en la que se marque lo que ha de hacer a lo largo del día, ya que el resultado es mejor cuando las actividades se organizan con anticipación y tienen un horario a seguir. Así, el niño ha de hacer sus deberes siempre a la misma hora y lugar, el mismo día tras día, en un rincón de la casa tranquilo y alejado de ruidos que puedan distraerle. La tarde que no tenga deberes podrá ocupar ese tiempo con una actividad tranquila, como leer un libro, y no dejarle jugar o a ver la televisión, pues con ello rompería su rutina.

Para que no se le pase la hora de cambiar de actividad, programe la alarma de una radio o avísele usted mismo unos minutos antes. Todo ha de estar debidamente ordenado y marcado, así sabrá en cada momento donde buscar o guardar las cosas. Por ejemplo, los juguetes han de estar en cajas grandes donde se marque claramente lo que contienen: puzzles, muñecos, coches, etc. Si el día ha sido muy ajetreado, reserve un espacio del tiempo a la tranquilidad: léale un cuento o bajo una música tranquila y una luz tenue simplemente hable con él. Seguro que habrá momentos en los que se agobie porque no es capaz de controlarle. Lo mejor para ambos es salir a dar un paseo. Al aire libre se tranquilizará y usted podrá relajarse.

Diagnóstico

Aunque es habitual que en los primeros años de vida ya se pueda entrever el trastorno, es al comienzo de la escolaridad cuando se muestra abiertamente, permaneciendo en muchos casos en los años posteriores. De hecho, se estima que más del 80% de los niños con este trastorno seguirán con él cuando lleguen a la adolescencia y que el 30-65% están predestinados a ser adultos con TDAH. Aún desapareciendo los síntomas, las relaciones sociales, el aprendizaje y la vida familiar futura pueden quedar condicionadas si no se detecta a tiempo. Por ello, es fundamental que, ante cualquier comportamiento que apunte en la dirección de este trastorno, y siempre que el niño tenga entre 6 y 12 años de edad, se acuda al médico para descartar o confirmar el diagnóstico.

El problema es que no existe ninguna prueba con la que poder diagnosticar certeramente el TDAH y el médico sólo puede confirmar su presencia apoyándose en entrevistas con el niño y sus padres, examinando físicamente al pequeño, analizando la información que le facilitan los profesores y realizando pruebas complementarias con las que descartar otros trastornos.

Tratamiento

Si el resultado de este examen es positivo, el siguiente paso es iniciar un tratamiento con el que intentar ordenar la vida personal, escolar y familiar del niño. Para ello, la mejor opción es un tratamiento combinado en el que se ha de simultanear el fármaco adecuado con el apoyo psicológico y psicopedagógico. Aunque la medicación es la parte decisiva del tratamiento, las tres partes han de ir siempre de la mano y ninguna de ellas debe ni puede sustituir a las demás. Aún sabiendo todo esto, resulta curioso cómo los médicos alertan sin cesar de la falta de diagnóstico y en el mejor de los casos de un diagnóstico tardío. Y es que sólo uno de cada diez niños que tienen TDAH en nuestro país está diagnosticado y tratado adecuadamente.

Esperar una curación espontánea es un gran error. Apenas se produce y las consecuencias de no tratar adecuadamente este trastorno pueden ser graves. Aunque el síntoma más llamativo, la hiperactividad, tiende a reducirse o desaparecer con los años, la falta de atención y la impulsividad persisten muchas veces en la adolescencia y en la edad adulta. No tratar este problema puede conducir al fracaso escolar de los niños y a dificultar una socialización normal. Es más, pueden presentar más habitualmente conductas de riesgo, como accidentes o consumo de drogas, y convertirse en adultos con un nivel educativo y laboral por debajo de sus posibilidades reales, sin menoscabar que pueden tener problemas en sus relaciones de pareja y un mayor riesgo de sufrir trastornos mentales.

Por último, es muy importante que los padres de estos niños no se olviden de sí mismos. Deben dormir bien, cuidar la dieta, hacer ejercicio y permanecer tranquilos, ya que son el modelo a seguir de sus hijos. Y recuerde que es muy importante que el pequeño viva en un ambiente tranquilo y sin estrés.

FUENTES: Federación Española de Asociaciones para la Ayuda al Déficit de Atención e Hiperactividad. Asociación de Niños con Síndrome de Déficit de Atención con o sin Hiperactividad. Asociación Española de Psiquiatría Infanto-Juvenil.