Los resultados de un estudio de adultos con insuficiencia renal sugieren que tomar benzodiacepinas y opioides de acción corta puede poner a pacientes con insuficiencia renal en un riesgo especialmente alto de morir prematuramente, según publican en el ‘Clinical Journal of the American Society of Nephrology’ (CJASN).

El uso creciente de opioides en los últimos años ha llevado a un aumento en el número de muertes y hospitalizaciones debido a sobredosis. A la luz de esta epidemia de opioides, es importante comprender si otros medicamentos interactúan con los opioides para elevar los riesgos para los pacientes.

Un equipo dirigido por la doctora Mara McAdams-DeMarco, de Johns Hopkins Medical Institutions, buscó ver si existe tal interacción con las benzodiacepinas (también consideradas tranquilizantes o sedantes), que son algunos de los medicamentos recetados más comúnmente en los Estados Unidos.

El estudio incluyó a 69.368 adultos estadounidenses con insuficiencia renal que iniciaron la hemodiálisis en 2013 o 2014. Muchos pacientes con insuficiencia renal tienen afecciones físicas y psiquiátricas que se tratan con benzodiacepinas, y también tienen 3 veces más probabilidades de recibir opioides recetados que la población general.

“Intentamos cuantificar el impacto sinérgico de las benzodiacepinas y los opioides en la mortalidad entre los pacientes que inician la hemodiálisis”, explica.

Durante una mediana de seguimiento de 16 meses, 15.175 pacientes (30%) murieron. Según datos de reclamaciones al sistema sanitario estadounidense Medicare dentro del año de inicio de la hemodiálisis, 10.854 pacientes (16%) recibieron una benzodiacepina de acción corta y 3.262 pacientes (5%) recibieron una benzodiacepina de acción prolongada.

Entre los que recibieron una benzodiazepina, se produjo la dispensación simultánea de opioides y benzodiacepinas de acción corta en 3.819 (26%) pacientes y la dispensación simultánea de opioides y benzodiacepinas de acción prolongada en 1.238 (8%) pacientes.

Los pacientes con prescripción de opioides tenían 1,66 veces más probabilidades de recibir posteriormente benzodiacepinas de acción corta y 1,11 veces más probabilidades de recibir posteriormente benzodiacepinas de acción prolongada.

Los pacientes que recibieron una benzodiacepina de acción corta tuvieron un riesgo 1,45 veces mayor de morir durante el seguimiento en comparación con aquellos sin una benzodiacepina de acción corta, y entre aquellos con dispensación simultánea de opioides, el riesgo fue 1,90 veces mayor.

En contraste, la dispensación de benzodiacepinas de acción prolongada se asoció con un riesgo 16% menor de morir en comparación con la no dispensación de benzodiacepinas de acción prolongada y no hubo riesgo diferencial por la dispensación de opioides.

“Los riesgos potenciales asociados con las benzodiacepinas de acción corta siempre deben compararse con su beneficio terapéutico y los pacientes sometidos a hemodiálisis que actualmente están en tratamiento con benzodiacepinas de acción corta deberían considerar otros tratamientos cuando sea clínicamente apropiado”, escriben los autores.

“Además, los proveedores que atienden a pacientes que se someten a hemodiálisis deben recibir las herramientas necesarias para implementar un enfoque colaborativo y en equipo para la eliminación de las benzodiacepinas de acción corta, en particular para los pacientes que probablemente usen opioides”, añaden.