Investigadores de la Clínica Mayo han descubierto que características estructurales sutiles en los riñones de los donantes vivos solo apreciables al microscopio pueden predecir el riesgo de fracaso del trasplante en los receptores, según publican en el ‘Journal of the American Society of Nephrology‘.

Estas características estructurales sutiles son la cicatrización mínima del riñón, el endurecimiento de los vasos y un mayor tamaño de las nefronas.

“Creemos que esas anomalías sutiles pueden hacer que el riñón sea más susceptible a fallar en el futuro en el receptor –apunta Naim Issa, nefrólogo de la Clínica Mayo y autor principal del estudio–. Estos importantes hallazgos pueden proporcionar información sobre predictores no reconocidos de fracaso del trasplante de riñón en los receptores”.

Para los pacientes que necesitan un trasplante de riñón, encontrar un donante vivo suele ser su mejor opción, dice el doctor Issa. Esto se debe a que los riñones de los donantes vivos generalmente duran más que los de los donantes fallecidos y tienen excelentes resultados después de la donación.

Al evaluar la calidad de un riñón donado, los expertos en trasplantes generalmente confían en información como la edad del donante, los factores de riesgo y la función renal. Estos donantes también se someten a pruebas médicas exhaustivas para garantizar que estén lo suficientemente saludables como para ser donantes. No obstante, algunos receptores experimentan el fracaso del trasplante antes que otros.

Como parte del estudio, un equipo de investigación dirigido por Andrew Rule,  nefrólogo de la Clínica Mayo, y el doctor Issa evaluaron 2.293 pares de donantes y receptores. Se realizaron biopsias en los riñones de los donantes después de que se extrajeran para el trasplante en el receptor. Según esa investigación, algunas características estructurales pueden afectar la vida útil de un trasplante de riñón.

“Se necesita más investigación sobre estas características estructurales sutiles, junto con el papel que juega la respuesta inmune en dañar el riñón trasplantado –apunta el doctor Issa–. Esperamos que nuestros hallazgos puedan desempeñar un papel en el futuro para ayudar a prolongar la vida útil de los trasplantes de riñón”.