La prevención temprana de las enfermedades crónicas es uno de los parámetros esenciales de la nutrición del siglo XXI, según ha manifestado Javier Aranceta, presidente del comité científico del VIII Congreso Nacional de Nutrición Comunitaria, quien considera que “la alimentación en el embarazo, la lactancia y la etapa infantil es básica para un correcto tránsito hacia la edad adulta. Hay que racionalizar la necesidad de que los padres adopten una nutrición equilibrada incluso antes del embarazo, para afrontar este período en el mejor estado de salud posible dado que el óvulo fecundado se alimenta de la madre desde el primer día”.

Durante el embarazo se producen una serie de cambios fisiológicos que obligan a prestar mayor atención a la dieta. Existen una serie de recomendaciones sobre requerimientos nutricionales durante la gestación que se han calculado para cubrir las necesidades del feto y de la madre. Sin embargo, puntualiza Aranceta, “el organismo materno puede adaptarse a estas circunstancias modificando la capacidad de utilización de los nutrientes, por lo que las mujeres sanas, con un adecuado estado nutricional antes del embarazo, podrían desarrollar su gestación sin ningún aporte extra de nutrientes”.

Una vez nacido el niño, es aconsejable la lactancia materna de manera exclusiva durante los seis primeros meses de vida, siempre y cuando sea posible. A partir de ahí han de ir realizándose las transiciones alimentarias, incorporando nuevos alimentos, con el objetivo de definir el perfil metabólico del niño. Se trata de una fase crucial de la vida de cualquier persona que va desde el vientre materno hasta los dos años de edad porque es ahí donde es posible inhibir y modular la posible aparición prematura de una enfermedad crónica.