Las ampollas se han asociado tradicionalmente con los deportes y el ejercicio físico, pero todos sabemos por experiencia propia que se pueden producir de forma habitual en otras situaciones, como al estrenar zapatos, al ponerse de nuevo los de verano, tras un largo día de compras o con cualquier actividad que produzca una fricción superior sobre la piel durante un tiempo prolongado. De hecho, caminar durante 15 minutos con zapatos recién estrenados es suficiente para desarrollar una ampolla dolorosa. Además, con la humedad y especialmente con el sudor, la elasticidad y la resistencia de la piel disminuyen por lo que las rozaduras están prácticamente garantizadas.

Ahora que llega el buen tiempo y estamos deseosos de sustituir las botas por calzado más fresquito, es el momento de saber cómo prevenir rozaduras y ampollas y, en caso de sufrirlas, cómo tratarlas.

Fricción excesiva

Las ampollas en los pies son una reacción natural de la piel ante una fricción excesiva. Cuando ésta se produce, la capa externa de la piel muere y se forma una pequeña bolsa. Si no se presta atención y se continúa con la actividad normal, la bolsa de piel se agranda y se rellena con líquido exudado y si no se trata a tiempo la ampolla se revienta, aumentando el dolor, ya que ahora las terminaciones nerviosas se exponen al exterior.

Lo primero que hay que hacer cuando aparece una ampolla es limpiar el área afectada con agua y jabón o suero fisiológico. Tras secar la zona perfectamente, se debe aplicar un antiséptico y colocar un apósito. Existen apósitos especiales que no se mueven, absorben la humedad y el exudado y forman un “colchón” que protege de la fricción y de la presión. Estos apósitos, una vez aplicados, hay que dejarlos actuar hasta que se desprendan por sí solos. Cuando la ampolla contiene ya líquido en su interior, debe pincharse con una aguja estéril y eliminar el líquido, lo cual ayudará a cicatrizar más rápidamente, pero sin retirar la piel muerta, que sirve de protección. Después se ha de aplicar el apósito y dejar que el proceso de cicatrización natural de la piel siga su curso.

Igual de importante es saber lo que no se debe hacer: no tocar la ampolla con las manos sucias, no utilizar algodón ni alcohol, no aplicar esparadrapo directamente sobre la ampolla, no desprender el apósito de forma brusca y no apretar ni recortar la ampolla.

Es importante controlar la zona en la que ha aparecido la ampolla por si se presentaran signos de infección. En ese caso consulte con su médico o farmacéutico.