Los más de 4,5 a 6 litros de sangre que a diario recorren el organismo, transportan oxígeno, células y numerosas sustancias (glucosa, lípidos, proteínas, minerales, vitaminas…) necesarias para que podamos realizar nuestras funciones vitales. Todo ello la convierte en el elemento idóneo, como ocurre también con la orina, para que de su análisis el médico pueda tener una amplia visión sobre el estado de salud de su paciente. Su lectura e interpretación permite detectar precozmente un amplio abanico de enfermedades. Tal es así que el médico suele recurrir a este método como sistema rutinario de ayuda para la confirmación de un diagnóstico o para controlar la evolución de una enfermedad.

Hemograma

Una vez extraída -unos 10-20 centilitros de sangre venosapara analizarla, la misión del personal sanitario es realizar, primeramente, un hemograma, es decir, una representación gráfica de la composición de la sangre: número de hematíes (glóbulos rojos, encargados de transportar el oxígeno a todas las células y tejidos del organismo), leucocitos (glóbulos blancos, encargados de defender al organismo de infecciones y sustancias extrañas) y plaquetas (componentes de la sangre que contribuyen a la coagulación sanguínea).

Análisis bioquímico

El siguiente paso es proceder a unos análisis bioquímicos más generales, donde se determinan, si el médico así lo ha solicitado, los niveles de glucosa (azúcar), colesterol, triglicéridos, velocidad de sedimentación globular, electrolitos (sodio, potasio y calcio), transaminasas (enzimas presentes principalmente en el hígado cuyo estudio permite confirmar problemas cardiacos, hepáticos y musculares), ácido úrico, urea, bilirrubina, creatinina (su análisis revela si el riñón trabaja correctamente), etc.

Cuando el facultativo dispone por fin de los resultados analíticos, podrá constatar el grado de normalidad o no de los valores obtenidos comparándolos con los valores normales. en función de ello, dilucidará los posibles trastornos para la salud que de ello se derive, algunos más habituales, como infecciones, anemia, diabetes” y otros menos frecuentes, como leucemia u otros tipos de cáncer.

No siempre un análisis de sangre es decisivo a la hora de establecer un diagnóstico.

No siempre un análisis de sangre es decisivo a la hora de establecer un diagnóstico.

Todo es relativo

Los expertos advierten, no obstante, que no siempre un análisis de sangre es decisivo a la hora de establecer un diagnóstico, ya que en ocasiones sus resultados no coinciden con los síntomas que pueda presentar el paciente. de ahí la conveniencia de no alarmarse y de no apresurarse a establecer una patología cuando inicialmente se obtienen unos resultados adversos. Así, en el valor de hematíes interfieren factores como la altitud geográfica en que se realice el análisis, el número de leucocitos, la deshidratación, el embarazo, una hemorragia previa al análisis, algunos medicamentos, etc.. en el recuento de leucocitos influyen, a su vez, factores como la actividad física, el estrés, determinados alimentos y medicamentos, el embarazo y la extirpación del bazo. En las plaquetas, por su parte, la influencia proviene también de la altitud geográfica, además de haber realizado un ejercicio muy intenso, así como de determinados medicamentos.

Si un primer análisis de sangre revela, por ejemplo, niveles de glucosa elevados, ello no necesariamente es sinónimo de diabetes, pues dicha glucemia puede deberse a otros factores. En estos casos el médico hará repetir los análisis u ordenará pruebas complementarias para confirmar el diagnóstico.

El análisis, al detalle

Eritrocitos: también llamados glóbulos rojos o hematíes, son los corpúsculos celulares que transportan el oxígeno por la sangre que necesitan las células para respirar. En su interior contienen hemoglobina, que es la proteína encargada de llevar el oxígeno y que da el color rojo a la sangre. Cuando la concentración de hemoglobina disminuye aparecen las anemias. las más frecuentes se llaman ferropénicas porque se deben a la falta de hierro.

Hematocrito: es el tanto por ciento de hematíes en el volumen total de la sangre. Es un buen indicador para valorar las anemias.

V.C.M.: el Volumen Corpuscular Medio es un valor que refleja el tamaño de los hematíes y que sirve de ayuda para diagnosticar anemias.

H.C.M.: la Hemoglobina Corpuscular Media es el promedio de la cantidad de hemoglobina que tiene cada hematíe.

C.H.C.M.: Concentración de Hemoglobina Corpuscular Media. Es el índice que valora la concentración de hemoglobina que lleva cada hematíe.

Leucocitos: o glóbulos blancos, sirven de defensa contra los agentes patógenos.

Plaquetas o trombocitos: son las encargadas de taponar las heridas, iniciar la formación del coágulo sanguíneo e impedir la pérdida de sangre por hemorragia.

V.S.G.: Velocidad de Sedimentación Globular, es un indicador de la velocidad con que los hematíes se agregan y sedimentan. Es un valor muy inespecífico porque aumenta con la edad, la menstruación, el embarazo, la toma de anticonceptivos y situaciones patológicas como infecciones, tumores, anemias, enfermedades autoinmunes, etc.

Fibrinógeno: es la proteína del plasma precursora de la fibrina, responsable de la coagulación de la sangre.

Glucosa: es un hidrato de carbono simple y la principal fuente de energía que utilizan las células. Se puede alterar por dietas, ayuno, entrenamiento intensivo, hipotiroidismo, diabetes, etc.

Colesterol: circula en el plasma unido a varias lipoproteínas, de las que las más conocidas son la LDL, responsable del transporte del colesterol a los tejidos periféricos, que al aumentar puede contribuir a formar depósitos en las arterias (arterioesclerosis), y la HDL, que al contrario, retira el colesterol de los tejidos y lo lleva al hígado, reduciendo el riesgo cardiovascular (por eso se la llama popularmente el colesterol “bueno”).

Triglicéridos: o grasas neutras, corresponde a la grasa que ingerimos en la dieta y sirve de transporte y almacén de energía. Sus valores varían con la dieta.

Proteínas plasmáticas: en el plasma circulan multitud de proteínas entre las que se encuentran las inmunoglobulinas, las proteínas encargadas de la coagulación de la sangre, la albúmina, etc.

Bilirrubina: es captada y transformada por el hígado y se elimina en la bilis. Aumenta cuando existe una incapacidad del hígado para metabolizarla, o se destruyen demasiados hematíes (anemias hemolíticas) o se produce una obstrucción física al paso de la bilis.

Transaminasas (GOT, GPT): son enzimas del metabolismo de los aminoácidos presentes en el hígado principalmente y en los músculos, corazón, páncreas y cerebro. Al aumentar refleja destrucción de estos tejidos (hepatitis, infarto de miocardio, miopatías, etc.).

Creatinina: es un producto del metabolismo muscular que se elimina por el riñón, por lo que se emplea como indicador de la función renal, ya que cuando el riñón no funciona correctamente no puede eliminarla por la orina y se acumula en la sangre.

Ácido úrico: también se acumula en casos de enfermedad renal o por una dieta desequilibrada.