En un informe de políticas de las Naciones Unidas, “La COVID-19 y la necesidad de actuar en relación con la salud mental”, refiere que, aunque la crisis provocada por la COVID-19 es, en primer lugar, una crisis de salud física, contiene también el germen de una importante crisis de salud mental. Comenta que la angustia psicológica está extendida entre la población. Un caso de interés es la evolución de los estados de ansiedad durante la pandemia.

Según la base de datos de THIN® Spain (CEGEDIM Health Data España) durante el año 2020 en España se han incrementado las consultas relacionadas con la ansiedad hasta un 12 % sobre la media semanal coincidiendo con las diversas oleadas de infección por la COVID-19.

En la encuesta del CIS sobre la salud mental de los/as españoles/as durante la pandemia de la COVID-19, el 15,8% de los 3.083 encuestados había presentado uno o más ataques de ansiedad o pánico.

Se ha publicado mucho sobre este tema. A nivel nacional es interesante el estudio que se realizó con 6.789 encuestas en la población general adulta (18 años o más) en 17 CCAA entre los meses de marzo y mayo del 2020 con una adecuada representación del nivel socioeconómico, género y edad referida a la primera etapa del confinamiento (“Las consecuencias psicológicas de la COVID-19 y el confinamiento”, liderado por Nekane Balluerka , Catedrática de Metodología de las Ciencias del Comportamiento, Rectora de la Universidad del País Vasco). En dicho estudio, se observó un cambio psicológico entre los encuestados, ya que se incrementaron aspectos negativos como la incertidumbre (84,4%), el miedo a perder seres queridos (82,5%), la preocupación por contraer enfermedades graves, incluida la COVID-19 (71%), los problemas del sueño (61,4%), los sentimientos depresivos (57%), la irritación o enfado (56%), el agobio por el número de mensajes (53%), los cambios de humor (53%), las dificultades para concentrarse (52%) y los sentimientos de irrealidad (50,2%). Al contrario, disminuyó la sensación de tranquilidad (51,5%) y la de vitalidad (58,9%).

La incertidumbre, la preocupación por padecer o contraer una enfermedad grave (COVID-19 u otras), y la preocupación por perder seres queridos son los tres ítems son los que más han empeorado en la dimensión de ansiedad/miedo.

En este mismo estudio, un 44% de las mujeres y un 25 % de los hombres presentaron un aumento de ataques de angustia o ansiedad. El hecho de que las mujeres sigan llevando una gran parte de la carga en el hogar ha multiplicado los efectos negativos del confinamiento a este colectivo. Según THIN Spain el 69,5% de las consultas realizadas por ansiedad eran de mujeres durante el año 2020.

Por edades, En la base THIN Spain, el 67% de las consultas realizadas por ansiedad eran hombres y mujeres de entre 18 y 64 años, mientras que en el estudio de Balluerka se observó un mayor incremento en los ataques de angustia/ansiedad en la población por debajo de los 34 años, seguida de la franja entre 35 y 60 y mayores de 60.

Este impacto en la salud mental de la pandemia ha llevado a la OMS a realizar una campaña mundial de salud pública donde da diversos consejos para mantener la salud mental de la población. Entre ellos se destaca el mantenimiento de una rutina adecuada, que incluya la realización de ejercicio físico habitual, y evitar el consumo de alcohol y drogas.  Otra vez, la encuesta del estudio de Balluerka observa el incremento del consumo de tabaco y alcohol en un 21 % de los encuestados y que, si bien un 28% de los encuestados había aumentado el tiempo de ejercicio físico un 46%, lo había reducido.

El último consejo que daba la OMS era apoyar a los profesionales sanitarios. Esta recomendación tiene mucho sentido, ya que este colectivo ha estado expuesto a un gran número de aspectos estresantes de salud física y mental.  En un meta-análisis con 65 estudios iniciados con posterioridad a diciembre de 2019, “Prevalence of depression, anxiety and post-traumatic stress disorder in health care workers during the COVID-19 pandemic: A systematic review and meta-analysis” por la London School of Hygiene & Tropical Medicine, en el que intervinieron 97.333 profesionales de la salud de 21 países de los cuales el 45% fueron del colectivo de enfermería y el 27% de la profesión médica. Se obtuvo que un 22,1 % de los profesionales presentaban ansiedad moderada. Los estudios donde más del 50% de todos los profesionales estaban en contacto con pacientes infectados por la COVID-19 presentaban que el porcentaje de profesionales que presentaban ansiedad (25,7%) era superior al de los estudios donde los profesionales en contacto con pacientes infectados por la COVID-19 era inferior (17,4%) por lo que no obtuvo diferencia estadísticamente significativa (p=0,06).

No solo debemos pensar en esta cuestión como un problema pasajero durante la pandemia, ya que, volviendo al informe del inicio de las Naciones Unidas, la salud mental seguirá siendo una preocupación central incluso cuando los países salgan de la pandemia y se embarquen en la recuperación social y económica.