El pasado 18 de noviembre se celebró por primera vez el “Día Europeo para el Uso Prudente de los Antibióticos” impulsado por varias organizaciones sanitarias con el objetivo fundamental de sensibilizar a toda la población acerca de los riesgos asociados con el uso inapropiado de los antibióticos y, en última instancia, lograr que los ciudadanos contribuyan a detener el rápido incremento de las bacterias resistentes a los antibióticos.

Según un informe de José Campos, del Laboratorio de Antibióticos del Centro Nacional de Microbiología y coordinador del Día Europeo, “en la actualidad se habla desde diversos campos de la llamada crisis en la investigación y desarrollo de los antibióticos que puede secundariamente conducir a una crisis de tipo clínico y en última instancia de salud pública motivada por la limitada disponibilidad de nuevos antibióticos capaces de combatir la diseminación de bacterias resistentes a los mismos”. El mismo informe señala que “la educación de la población y de los sanitarios influye de manera decisiva en la forma en que los antibióticos son utilizados y en última instancia en las tasas de resistencia a los mismos.

Dadas las carencias señaladas de investigación e incorporación de nuevos antibióticos, los factores de tipo educativo se han convertido en factores de importancia estratégica para preservar el uso de los antibióticos actualmente disponibles, frenar la progresión de las resistencias e incluso disminuirlas”.

Los antibióticos son la principal familia de fármacos cuyo uso acarrea un impacto ecológico inmediato tanto en el propio individuo como en el medio ambiente, incluyendo la cadena alimentaria. Su mal uso se viene combatiendo desde hace años con campañas auspiciadas por el Ministerio de Sanidad y Consumo, por las administraciones sanitarias de las comunidades autónomas y por distintas sociedades científicas y colegios profesionales.

Sin embargo, es una realidad que las resistencias bacterianas a este tipo de medicamentos, que tienen una especial incidencia en los países del sur de Europa, continúan creciendo, como también es una realidad el hecho de que, aunque va a menos, sigue siendo relativamente frecuente que la población acuda a la farmacia a solicitar antibióticos sin su preceptiva receta médica.

Por estas razones, la Sociedad Española de Farmacia Comunitaria (SEFAC) se ha unido a esta iniciativa europea para subrayar tres mensajes: en primer lugar, que el mal uso de los antibióticos no sólo perjudica al individuo, sino que además tiene un efecto colectivo ya que las bacterias resistentes se pueden diseminar con facilidad y dejarnos a todos más desprotegidos ante futuras infecciones bacterianas; segundo, que sólo el médico puede decir a un paciente cuándo necesita un antibiótico y cuál es el adecuado para su problema de salud, y sólo la receta garantiza que existe una prescripción médica y, por último, que el uso adecuado de los antibióticos no es un capricho del farmacéutico, sino una petición unánime de las principales organizaciones sanitarias nacionales e internacionales