Los problemas dermatológicos suponen entre un 5 y un 30% de las consultas de Pediatría de Atención Primaria, unas patologías entre las que destaca el impétigo como la enfermedad bacteriana de la piel más frecuente en la infancia. El hecho de ser tan común y además muy contagiosa hace que la mejor arma para atajarla sea aplicar un tratamiento precoz, para lo que es fundamental llevar al niño al pediatra cuanto antes.

“Aparentemente no es un problema grave pero puede ser muy alarmante, porque se inicia con una o dos pápulas que pasan a vesícula y luego se convierten en una costra”, todo a gran velocidad, ya que “tres lesiones iniciales se multiplican rápidamente y se extienden a todas las partes en las que el niño se haya tocado”, señala la doctora Begoña Pelegrín López, coordinadora del Grupo de Dermatología de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP). “Es algo muy aparatoso y que preocupa a los padres”, con unas costras melicéricas “de color miel” que, si no se tratan pronto, se van a reproducir de manera rápida y extensa.

El impétigo también se presenta en adultos, pero es más propia de la infancia porque en esas edades se controla menos el impulso de rascarse, que es lo que acaba extendiendo la infección. Esto propicia que se infecte lo que ha empezado como un pequeño rasguño o picadura, a lo que se une que “es muy contagioso” por las propias bacterias causantes (estreptococos y estafilococos) y porque “con los niños es mucho más fácil que se propague al ser por contacto directo, y ellos lo comparten todo…”.

Lo mejor, la prevención

Por ello, “lo mejor es la prevención”, que pasa por extremar las medidas de higiene y sobre todo por reforzar la limpieza de manos. En cuanto al tratamiento, el primer paso es lavar la zona afectada, para aplicar a continuación un antiséptico y un antibiótico tópico, aunque si la lesión es más importante habrá que proceder con un antibiótico sistémico. “La gravedad la marca la extensión de la infección o si se localiza en puntos difíciles de tratar, como alrededor de los ojos o en zonas de piel, o que haya varios miembros en la familia y puedan contagiar hasta a los padres”, apunta la doctora Pelegrín López.

Así que las recomendaciones básicas si se produce un caso pasan por “consultar con el pediatra, un poco de aislamiento porque es muy contagiosa y reforzar la higiene”, lo que incluye la limpieza de toallas, sábanas y ropa. “Una vez que se inicia el tratamiento con el antibiótico ya deja de ser contagioso aproximadamente en 24 horas”, apostilla.

El impétigo afecta sobre todo a menores de entre 2 y 6 años, y es importante que en cuanto se detecta no se lleve al pequeño a la guardería o al colegio, “sería una explosión si está en clase y contagiaría a los demás niños”. “No es una patología alarmante ni preocupante, por ejemplo no cursa con fiebre”, lo que hace que “no sea muy conocida por los padres”, que ante estos casos suelen llevar al niño a Atención Primaria antes que al hospital.

Control por el pediatra

Para los pediatras, de hecho, “es una enfermedad bastante conocida. Puede generar confusión con otro tipo de lesiones, pero es muy característica por la costra melicérica, amarillenta, lo que ayuda al diagnóstico diferencial”.

Una de las ‘ventajas’ del impétigo es que, por el aspecto de la patología y las lesiones que presenta el menor, los padres acuden directamente al pediatra, sin atreverse a administrar un medicamento por su cuenta. “No hay problemas de automedicación ni se están desarrollando resistencias”, confirma la doctora Pelegrín López, a lo que se une que, si se inicia el tratamiento de manera precoz, “la respuesta al tratamiento es bastante espectacular y en unos días está solucionado el problema”.

El impacto del impétigo está muy generalizado, aunque “es más típico de la época estival porque vamos más descubiertos, con menos ropa, y una pequeña picadura o roce provoca la infección”. “Los gérmenes están en la mano”, recuerda, y al rascarse es cuando se extiende el problema, de ahí que las medidas que se vienen aplicando en la lucha contra el coronavirus “vienen bien, habría que estudiar si este año habrá menos casos, como está pasando con las bronquitis y los catarros por el uso de mascarillas y los lavados de manos frecuentes”.

En cuanto a posibles secuelas, inicialmente no son graves. “Existe una tendencia a la curación espontánea sin cicatriz, pero puede llegar a dejar lesiones en la piel de hipopigmentación”, aunque el impacto también puede ser mayor si no se trata la enfermedad. “Puede provocar lesiones más profundas y crear una zona de la piel que no se va a regenerar tan fácilmente”, advierte.

La doctora Pelegrín López recuerda que el impétigo se clasifica en no ampolloso, común o contagioso (que es el más frecuente, copando el 70% de los casos) y el ampolloso o bullar, “que es mucho más importante y provoca lesiones más generalizadas y graves.

Por ello, es importante que sea un pediatra el profesional que trate el niño, ya que “la formación en dermatología es bastante buena”. “El pediatra lo sabe distinguir y es fácil de diagnosticar si sabes lo que es, así que hay que ir rápido al pediatra para iniciar un tratamiento cuanto antes porque la precocidad es fundamental”, insiste.