Redacción, Madrid.- De acuerdo con el Informe de Salud Mundial de 2002, la cifra de muertes en todo el mundo ascendió a 56 millones, de las cuales el 29 por ciento se debió a una enfermedad cardiovascular, y más de un 12 por ciento se atribuyó a la arteriopatía coronaria. Asimismo, alrededor de 20 millones de europeos sufren cardiopatía isquémica, y 600.000 españoles angina de pecho, según ha indicado José María Cruz Fernández, presidente de la Sociedad Española de Cardiología (SEC) y jefe de Servicio de Cardiología del Hospital Virgen Macarena de Sevilla, durante la reciente presentación del Estudio Europa, en Madrid, un ensayo clínico en el que han participado 24 países europeos, 424 centros y 525 investigadores.

En España, las cifras no difieren mucho, ya que durante el último año, se produjeron un total de 130.000 muertes, 68.500 por infarto agudo de miocardio, según datos de la SEC. De éstas, "se podrían reducir hasta un 20 por ciento si a las terapias recomendadas para cada paciente se añade un inhibidor de la enzima conversora de la angiotensina (ECA) de larga duración", tal como se ha asegurado desde esta Sociedad Científica.

Este último dato ha sido corroborado por el doctor Jordi Bruguera Cortada, jefe de servicio de Cardiología del Hospital del Mar de Barcelona, uno de los centros que ha participado en el Estudio Europa, "desde el primer año del estudio Europa, ya se demostró una reducción en el porcentaje de fallecimientos que se concretó en un 20 por ciento al final del ensayo, a los cuatro años", según ha explicado este cardiólogo.

Por su parte, Luis Rodríguez Padial, jefe de servicio de Cardiología del Hospital Nuestra Señora de la Salud de Toledo, que también ha participado como investigador del estudio, ha insistido en que, de esta forma, "en un país con 60 millones de habitantes se podrían evitar 100.000 ataques al corazón o muertes coronarias en cuatro años.

Por último, Jordi Soler, jefe del Servicio de Cardiología del Hospital Valle de Hebrón, ha hecho hincapié en que "la prevención primaria, para evitar la dolencia, y la secundaria, para eludir los episodios coronarios (muerte cardiovascular, infarto de miocardio o parada coronaria, entre otros), son básicas para el enfermo y, por ende, para el sistema sanitario".