Son muchas las novedades que se han presentado en la 60 Reunión Anual de la Asociación Americana de Hematología (ASH por sus siglas en inglés) en la que además ha habido una notable presencia de hematólogos españoles. Entre ellos, acudía Ramón García Sanz, presidente electo de la Sociedad Española de Hematología y Hematoterapia (SEHH), que valoraba en primer lugar que “este está siendo el congreso de las combinaciones”.  En concreto, el hematólogo aportaba que “está habiendo combinaciones nuevas y quizás en ese sentido estemos un poco perdidos. Hay demasiadas combinaciones nuevas, sobre todo en mieloma, y encontrar la mejor va a ser el reto de los próximos años”.

En contrapartida, uno de los estudios que más destacaba era ALLIANCE, promovido por el National Cancer Institute, en que el que se demostraba que si “ya sabíamos que ibrutinib era mejor que lo había antes en el tratamiento de leucemia linfocítica crónica (LLC)”, la duda estaba si el tratamiento mejoraba en combinación con otros fármacos. Concretamente, la rama control se realizaba con rituximab asociado, “demostrando que este no era necesario, sino que ibrutinib solo es suficiente”, en el caso concreto de pacientes de edad avanzada con LLC recién diagnosticada.

Desde la perspectiva de Ramón García Sanz, este dato era reseñable dentro del congreso ya que “marca una diferencia en la tendencia actual, donde parece que todo consiste en añadir, y en este caso al revés”, lo que supone una mejora a nivel económico y también en la calidad de vida de los pacientes.

Terapia génica

Más allá del debate entre investigar con más o menos combinaciones, la otra línea de investigación destacada en ASH 2018 ha sido sin duda la terapia génica. “Sobre todo en hemofilia, donde ya vemos resultados en hemofilia A”. En este sentido, el experto recordaba que si bien hasta el momento la investigación se había centrado en hemofilia B, más infrecuente, pero con un gen más pequeño y más fácil de manejar, por fin se han presentado datos en hemofilia A, a largo plazo, que permite hablar incluso de curaciones, lo que ha supuesto una de las sorpresas del congreso. “Se han presentado datos de hemofilia A a largo plazo, en estudios que han abordado de 7 a 8 años, y se ve que los resultados son duraderos”, todo ello teniendo además en cuenta que en terapia génica, solo es necesaria una dosis del tratamiento.

La otra novedad, sin duda “son las células CAR-T, donde hay mucha investigación en este congreso”. A este respecto, García Sanz destacaba los resultados “fundamentalmente en leucemia linfoblástica, donde ya están aprobadas, pero donde se presentan datos a largo plazo, pero también se han adelantado datos en linfoma a dos años con datos de un 40 por ciento de supervivencia libre de progresión. También en mieloma se ha observado que si los resultados iniciales eran poco estimulantes, empiezan a ser algo más interesantes”.

La tecnología del futuro

Si esas eran algunas de las ideas que cambiarán la práctica clínica de los hematólogos en el corto y medio plazo, en el ASH 2018 también se ha hablado de las perspectivas de futuro y de cómo las nuevas tecnologías han revolucionado las expectativas.  En concreto, Joseph Mikhael, del Instituto de Investigación de Genómica Traslacional (TGen) de Ciudad de Hope Cancer Center en Phoenix (Arizona) explicaba en una de las ruedas de prensa como actualmente los médicos pueden usar la información genética y clínica para obtener información específica del paciente.

En lo referente a esta cuestión, estacaban principalmente tres estudios. El primero de ellos, se centraba en técnicas de aprendizaje automático para mejorar las herramientas que determinan el pronóstico de los pacientes con síndromes mielodisplásicos. En segundo lugar, se presentaba un trabajo que utilizaba el cribado genético rápido para hacer coincidir a los pacientes diagnosticados con leucemia mieloide aguda con terapias dirigidas. Por último, un tercer estudio sugería centrarse en la salud del microbioma para ayudar a mejorar los resultados de los pacientes que se someten a un trasplante de células hematopoyéticas.

Al respecto de los mismos, Joseph Mikhael, insistía en que “incluso hace solo dos años, estudios como este no eran posibles”, lo que es un ejemplo de los avances y cambios que sufre la especialidad, sobre todo gracias a “la mejor colaboración entre científicos”.

Por último, también había margen para los avances más humanitarios. Así, uno de los temas que fue protagonista durante las sesiones plenarias fue un ensayo multinacional prospectivo de hidroxiurea para la anemia de células falciformes en África subsahariana, presentado por el Center Hospitalier Monkole de Kinshasa (República Democrática del Congo).  En el mismo se concluía que después de una mediana de 2,5 años de tratamiento, los niños en el ensayo experimentaron menos dolor y anemia, menos episodios de malaria y otras infecciones, y menores tasas de transfusiones y muerte en comparación con las tasas durante la fase de selección previa al tratamiento.