El asma no hace distinciones de edad, sexo, raza o condición social, puede ser mortal y no es un trastorno propio de la edad ni necesariamente se adquiere con los años, ya que a lo largo de la vida se puede desarrollar en cualquier momento. Sin embargo, es en las personas mayores donde adquiere una especial dimensión, habida cuenta de que el proceso natural del envejecimiento puede obstaculizar su diagnóstico y tratamiento. De hecho, es frecuente, según los expertos, que en estos pacientes se confunda el asma con la bronquitis crónica, e incluso, como ocurre con otras tantas enfermedades, se la considere “un trastorno propio de los años”. Ello explicaría la aparente baja incidencia de asma en la tercera edad. Quizá esta confusión tiene su raíz en la propia definición de asma, la cual, según la Fundación Respira, dependiente de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), es una inflamación de los bronquios que hace que éstos se obstruyan y que sean muy sensibles frente a una gran variedad de estímulos del ambiente. Debido a esta inflamación, se produce un moco viscoso y espeso que se expectora con dificultad. Al mismo tiempo, la obstrucción de los bronquios hace que el aire quede atrapado en los pulmones y se produce el ahogo característico.

Asma encubierto

El doctor José Mª Negro Álvarez, del Hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia y Profesor de Alergología en la Facultad de Medicina de dicha localidad, confirma que “un paciente que desarrolla síntomas en el pecho tardíamente en la vida no necesariamente padece bronquitis crónica o enfisema; puede haber desarrollado un asma. Algunos mayores tuvieron asma de niños o en su juventud y ahora el problema reaparece”. Según este especialista, no es infrecuente que el asma afecte a personas de la tercera edad. “Si tiene alguna forma de jadeo, un síntoma común del asma, o respira con dificultad o con ruidos en el pecho al padecer un resfriado, e incluso sin estar resfriado, quizá tenga un asma encubierto”. Una serie de enfermedades pulmonares, como bronquitis y enfisema presentan síntomas similares al asma, en particular en los fumadores. Más aún, una persona puede tener enfermedad cardiaca y pulmonar al mismo tiempo, lo que complica aún más el diagnóstico de asma. Los síntomas más frecuentes y los desencadenantes del asma son los mismos a cualquier edad: respiración con pitos en el pecho, tos prolongada, que puede ir acompañada de expulsión de moco, dificultad para respirar, sensación de ahogo y opresión en el pecho. Lo mismo sucede con las formas de prevención y estrategias terapéuticas, pero entre los ancianos surge un factor adicional que les es propio: los cambios normales derivados del envejecimiento.

Atención a los medicamentos

Alteraciones neurológicas o psicológicas por circunstancias como la jubilación, cambio de residencia, recursos limitados, etc. suponen un factor emocional añadido a tener en cuenta ante la presencia de asma, pues pueden afectar seriamente las posibilidades de tratamiento. Unido a ello, merece una muy especial atención los efectos de los medicamentos. La polimedicación, habitual en los ancianos y, en concreto, el uso frecuente de betabloqueantes contra la hipertensión arterial, alteraciones cardíacas leves o la tensión ocular, pueden ejercer un efecto negativo en el paciente asmático y dificultar el tratamiento. Por otro lado, los hipnóticos que se usan para conciliar el sueño pueden enlentecer la respiración y hacerla menos profunda, lo que puede resultar peligroso si se tiene asma. Esta circunstancia requiere una advertencia: nunca se debe decidir por sí mismo suspender o reducir la dosis prescrita de un medicamento; si se cree que en alguno de ellos reside algún inconveniente, hay que comunicárselo inmediatamente al médico, pues tomar en exceso o en dosis insuficiente un determinado medicamento puede empeorar el asma. Por ello es recomendable hacer una lista de todos los fármacos que se consumen y dársela a conocer al médico en cada visita, pues sólo él está capacitado para cambiar las dosis o retirar medicamentos.

Vigilancia especial

El anciano asmático -como los niños con asma- requiere una vigilancia especial para que cumpla el tratamiento, ya que en ocasiones presenta también fallos cognitivos como pérdida de memoria. Otras veces, determinadas enfermedades adicionales como la artritis puede entorpecerles o, es más, llegar a hacerles imposible el uso de un inhalador activado manualmente, con lo que un familiar debidamente informado deberá intervenir para que el tratamiento sea aplicado correctamente. Hoy día ha habido avances importantes que facilitan esta acción, como es la aparición de medicamentos con un único dispositivo provisto de broncodilatadores y corticoides inhalados en polvo seco, lo que permite ajustar la medicación a las necesidades del paciente. En otros casos, puede ser más fácil tragar un medicamento líquido que un comprimido si los dos son igualmente efectivos. Pero independientemente del apartado emocional o mental, hay sustancias que actúan como irritantes: gases, humo de tabaco, polución ambiental, productos de limpieza, lacas, desodorantes y otros como olores fuertes, cambios bruscos de temperatura, aire acondicionado, etc., que pueden favorecer la aparición de síntomas. El control ambiental de todas estas sustancias es un elemento básico y muy importante en el tratamiento.

Manejo del asma

Para el Dr. Negro, “el asma se puede combatir y los médicos cuentan con las herramientas para ayudar a nuestros mayores”. Entre dichas herramientas, este alergólogo cita el estado de nutrición que, basado en una alimentación equilibrada con predominio de ingesta de frutas, verduras y proteínas, es fundamental para el buen estado general del asmático. Una medida muy sencilla de controlar el estado nutricional es pesarse de forma regular, evitando pérdidas y ganancias de peso. Distintos estudios coinciden en que la dieta mediterránea contribuye a mantener la salud del sistema respiratorio y a evitar la aparición de algunas enfermedades como el asma y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), que es hoy la cuarta causa de mortalidad en el mundo desarrollado.

Recuerde que el asma es una enfermedad crónica que actualmente puede controlarse adecuadamente con los fármacos disponibles. Ahora bien, es importante que recuerde que no debe abandonar el tratamiento por su cuenta. Consulte con su médico o farmáceutico antes de tomar alguna decisión a este respecto.

ALIMENTACIÓN ADECUADA FRENTE AL ASMA

– Las frutas, las verduras y el pescado protegen contra el asma y la EPOC.

– Las manzanas y los tomates podrían ser los alimentos más eficaces en la protección contra el asma y las demás afecciones respiratorias.

– La baja ingesta diaria de vitamina E se asocia a un incremento de los síntomas de las personas asmáticas.

– El bajo consumo diario de fruta y ácidos omega-3 se asocia con un aumento de los síntomas de EPOC y asma.

– Evitar el tabaquismo y fomentar una dieta con fruta, verduras y pescados.

– El aporte de vitaminas, antioxidantes y omega-3 de los alimentos típicos de la dieta mediterránea ayudan a mantener la salud pulmonar.

– Ciertos micronutrientes -vitaminas y antioxidantes- protegen al organismo del daño producido por sustancias tóxicas. Entre estos nutrientes cabe destacar las vitaminas A y C y el magnesio.

– El magnesio favorece la dilatación bronquial y reduce la inflamación de la vía aérea en general. Por ello es importante incluir en la alimentación cotidiana alimentos como cereales, nueces, vegetales de hoja y productos lácteos.

– También el pescado constituye una buena fuente de magnesio, a la vez que aporta un tipo especial de ácidos grasos, los famosos ácidos grasos omega 3, que tienen propiedades antiinflamatorias.