El embarazo es una de las etapas de la mujer en la que se producen numerosos cambios fisiológicos y anatómicos, por lo que es fundamental, durante el periodo de gestación, controlar cualquier enfermedad crónica. Dentro de este tipo de patologías, el asma es la más frecuente en las mujeres embarazadas, se calcula que la sufre entre el 8 y el 12% de las gestantes. Además, se calcula que un 30% de ellas pierde el control del asma durante el embarazo, hasta un 20% sufre exacerbaciones (un 50% en el caso de las que tienen asma grave persistente) e, incluso, un 6% requiere de hospitalización por causa de una agudización grave del asma.

Son datos que se pueden mejorar teniendo un buen control de la enfermedad respiratoria en las mujeres que están en estado o que están pensando en tener familia. Para conocer más en detalle cómo se debe llevar a cabo un buen manejo del asma en este periodo tan importante de la mujer, en EL MÉDICO INTERACTIVO hemos hablado con la doctora Ana Gómez-Bastero Fernández, del servicio de Neumología del Hospital Universitario Virgen Macarena, en Sevilla.

Según los datos que maneja la experta, durante el embarazo: aproximadamente un tercio de las pacientes mejora su asma, un tercio empeora y el tercio restante permanece estable, volviendo a recuperar la situación inicial, previa al embarazo, tres meses después del parto.

“Se sospecha que una de las causas que hace que el embarazo influya sobre el curso del asma es hormonal, aunque hay otros factores implicados como los cambios mecánicos, al miedo a utilizar medicamentos por parte de la embarazada y al control previo de la enfermedad. Por todo ello, es importante que cuando una mujer que padece asma se quede embarazada se realice un control más estrecho y se ajuste adecuadamente el tratamiento para conseguir un embarazo lo más controlado posible y una menor tasa de complicaciones, tanto para la madre como para el feto”, asegura la neumóloga.

Objetivos clínicos

Un control exhaustivo cuyos objetivos clínicos son los mismos a alcanzar fuera de dicho escenario, siendo algunos de los más importante, según apunta la doctora: evitar la presencia de crisis de asma, obtener un control de los síntomas que medimos mediante cuestionarios, mantener adecuada función pulmonar (medida mediante espirometría) sin pérdida de la misma durante el embarazo, con el uso de un adecuado ajuste del tratamiento según gravedad y en las dosis más bajas posibles para conseguir el control del asma. “Esto es claramente beneficioso frente a los riesgos potenciales del uso de los fármacos habituales durante el embarazo”, asevera.

Para lograr esos objetivos, “es importante -destaca la doctora Gómez-Bastero- realizar el tratamiento de mantenimiento todos los días para tener un control diario y evitar efectos sobre la salud fetal de forma sostenida, o como consecuencia de una crisis aguda”.  Y es que, como decíamos al inicio, el mal control del asma puede producir un aumento de las crisis durante el embarazo lo que ocurre, en concreto, en un 12,6% si el asma es leve, 25,7% si el asma es moderada y en el 51,9 % si el asma es grave. “Por tanto, la prevención de las crisis es esencial para reducir el riesgo de complicaciones y, para ello, es recomendable realizar un seguimiento estrecho y establecer unos objetivos de educación, autocontrol y cuidados que incluye el consejo antitabáquico”, indica la especialista.

Desde la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), se recomiendan controles trimestrales en consultas de Neumología durante la gestación, así como hacer pruebas periódicas lo más objetivas posibles desde espirometrías, mediciones de feno, cuestionarios como el asma control test ACT y cuestionarios para la correcta adherencia terapéutica como el TAE. Pruebas que ayuden a mantener un estricto control del asma con todas las medidas objetivas necesarias.

A juicio de la neumóloga del Hospital Virgen Macarena, es recomendable hacer un seguimiento de la embarazada mediante el uso rutinario de un cuestionario de síntomas y función pulmonar y, al menos, una espirometría en cada visita. “Las visitas serán frecuentes hasta conseguir el control del asma; y posteriormente, como mínimo, deberá programarse una visita en el segundo y tercer trimestre, y otra al mes del parto”, asevera. Asimismo, añade que es preciso establecer en las gestantes con asma un programa de educación mínimo, con el fin de: eliminar las barreras que impidan una buena adherencia al tratamiento como son los habituales temores y creencias erróneas acerca del uso de los fármacos en este periodo; instruirlas en el manejo de su sistema de inhalación; y enseñarlas a detectar el inicio de la pérdida de control de su asma, facilitándoles pautas de autocontrol, si la paciente acepta.

Riesgos asociados

Y es que el mal control del asma bronquial durante el embarazo, además de las mencionadas crisis, supone otra serie de riesgos asociados. Los estudios lo relacionan con un menor peso del bebé al nacer, partos prematuros u otras complicaciones como preclamsia, hemorragias, hipertensión arterial, placenta previa y necesidad de parto por cesárea. Más aún, si el asma está mal controlada.

Son problemas provocados, nos explica la experta del hospital sevillano, por una disminución de oxígeno en el feto con el consiguiente sufrimiento fetal que puede acarrear consecuencias en el desarrollo evolutivo del feto como retraso del crecimiento intrauterino, parto pretérmino y bajo peso al nacer, entre otras.

“La alteración de la salud fetal, fruto de un mal control de los síntomas durante el periodo gestacional, no solo se manifiesta en la etapa perinatal. Algunos estudios demuestran que el mal control de la madre conlleva mayor incidencia de ingreso en la UCI neonatal, aparición de niveles altos de bilirrubina, síndrome de distress respiratorio del recién nacido y hemorragia cerebral. La consecuencia más grave, la mortalidad perinatal, está aumentada un 35% en la mujer gestante como consecuencia del mal control de los síntomas durante el periodo gestacional”, subraya.

“Incluso, un inadecuado control del asma durante la gestación también se manifiesta en el periodo posnatal, donde un estudio reciente demuestra que las consecuencias pueden prolongarse hasta el año de vida”, añade la doctora.

Mejorar la adherencia terapéutica

Uno de los puntos fundamentales a la hora de optimizar el control del asma en el embarazo es mejorar la adherencia terapéutica de las pacientes, ya que no hay que olvidar que el abandono terapéutico es una de las principales causas del mal control de esta enfermedad. “Una pobre adhesión al tratamiento y las infecciones respiratorias de vías altas por virus son las causas más frecuentes para desencadenar crisis. Por tanto, es muy importante mantener todos los fármacos necesarios e imprescindibles para alcanzar el control, ya que los riesgos potenciales derivados del uso de la medicación habitual para controlar el asma de la mujer gestante son mucho menores que los derivados del mal control del asma, tanto complicaciones para la madre como para la salud fetal”, incide la neumóloga.

Para ello, la doctora Gómez-Bastero considera que los programas de educación constituyen un componente esencial en el manejo de la enfermedad que se ha demostrado que son efectivos para mantener el control del asma.

“Deben aprovecharse las visitas programadas o no programadas para impartir este tipo de programas. Debe existir una buena comunicación profesional sanitario/paciente para alcanzar objetivos de buen control y evitación de crisis durante la gestación. Explorar las falsas creencias que puedan existir, informar de la seguridad de la medicación de mantenimiento y rescate para la gestante y el feto, así como de los efectos negativos de una crisis y de un mal control, pactar el plan de autotratamiento: subir la medicación en caso de no control e intentar bajar si el asma está estable durante al menos tres meses”, destaca.

La importancia de una buena técnica inhalatoria

El buen manejo de los inhaladores y una correcta técnica inhalatoria son aspectos esenciales de los programas de educación de los pacientes con asma, incluidas las gestantes, dado que son el tratamiento específico para el control del asma. “Y se ajustan -añade la especialista- según la gravedad del asma y en las dosis más bajas posibles para conseguir el control del asma según las guías de asma actualmente disponibles, con alguna pequeña variación”.

“Es importante tener presente que casi todos los fármacos empleados en el tratamiento del asma atraviesan la placenta; sin embargo, las ventajas de tratar el asma durante el embarazo superan a los potenciales inconvenientes del uso de la medicación. Los glucocorticoides inhalados previenen las crisis asmáticas durante el embarazo un 75%”, añade.

Una incorrecta técnica inhalatoria puede ser causa de un mal control en el asma. Según los datos de un estudio, indica la doctora: “se comprobó que un 40% de las asmáticas embarazadas no tenía una buena adherencia al tratamiento, el 16% realizaba la maniobra de inhalación con errores críticos y el 42% no tenía un conocimiento adecuado de su medicación, datos que se correlacionan con un mal control y mayor número de crisis asmáticas. Por tanto, es importante durante el seguimiento el comprobar la técnica de inhalación y que sea correcta para mejorar el control del asma”.

Entre los errores críticos más frecuentes en la técnica de inhalación se encuentran el no realizar una inspiración suficientemente enérgica (32-38 % de los pacientes con inhalador en polvo seco (DPI)) y no coordinar pulsación e inhalación (25 % de los pacientes con inhalador en cartucho presurizado (pMDI)). “Estos dos errores mayoritarios podrían ser minimizados con el uso de dispositivos inhaladores activados por la inspiración (BAI) al no requerir una inhalación enérgica para desagregar el polvo, como ocurre con los DPI, ni precisar cámara espaciadora para superar la no coordinación, como sucede con los pMDI, y así contribuir a mejorar el control del asma. Los BAI están diseñados para facilitar y simplificar el manejo del dispositivo al administrar fármacos por vía inhalada”, argumenta.

“Corticofobia”

Uno de los mitos más arraigados entre las pacientes con asma durante la etapa del embarazo es la “corticofobia”, es decir, la fobia a los corticoides. De hecho, su existencia hace que las mujeres prefieran medicinas alternativas o subestimen sus síntomas para justificar no tomar medicación, asevera la doctora. “Frecuentemente estos temores hacen que las mujeres tomen solo medicación de rescate favoreciendo la aparición de complicaciones materno-fetales. El 44% de las mujeres embarazadas tienen miedo a tomar medicación por temor a que afecte al feto (que no crezca, malformaciones, etc.) lo que actúa facilitando la baja adherencia al tratamiento”, destaca.

Sin embargo, a juicio de la neumóloga, este mito no se da solo entre las pacientes, sino que es “un temor compartido por los profesionales de la salud”. En un estudio retrospectivo se observó que las mujeres embarazadas con asma cuando acudían a urgencias, a igualdad de gravedad de la crisis, eran menos probable que fueran tratadas con corticoides sistémicos frente a las no embarazadas, indica.

Para la doctora Gómez-Bastero hablamos de mitos basados en información confusa y errónea que las mujeres encuentran en Internet y que les hace tomar decisiones equivocadas, como suspender tratamiento sin consultar al médico, por lo que ella recomienda dirigir a las pacientes a información fiable, segura y rigurosa.