El incremento de la esperanza de vida, así como de las enfermedades crónicas, ha situado al modelo sanitario español ante la necesidad de reinventarse. Gracias a los avances sociales, los españoles viven más tiempo y con mayor calidad de vida; en paralelo, muchas afecciones que antes eran mortales ahora se han convertido en crónicas, extendiéndose aún más entre la población más envejecida.

En este escenario, el desarrollo de tecnologías médicas que se adapten a las necesidades de un sistema de salud cada vez más saturado se convierte en una de las herramientas para afrontar con garantías el nuevo desafío sanitario. Así, la innovación tecnológica facilita que la atención domiciliaria emerja como una alternativa para liberar la presión asistencial de los hospitales mientras se garantiza la calidad de vida de los pacientes. El déficit de recursos hospitalarios se irá haciendo más evidente durante los próximos años, conforme avancen el número de enfermos crónicos. Garantizar la viabilidad del sistema liberando al hospital de tratamientos que podrían realizarse en el propio domicilio se convierte en una alternativa que ofrece la misma eficacia y seguridad que la hospitalización tradicional.

Se trata, además de una elección del propio paciente: según Rosana Taricone, en su libro “Atención domiciliaria en Europa: los hechos sólidos”, el 30% de las personas con enfermedades crónicas prefieren recibir tratamientos en su casa. Además, el Informe Xerfi 2017 indica que estos procesos domiciliarios pueden ahorrar hasta un 30 % de los costes sanitarios agudos en Europa, estimados en 1.400 millones de dólares; es decir, un ahorro de 420M$. Por último, según Estrategas de Gupta (“No hay lugar como el hogar, 2016”), los avances tecnológicos – que favorecen el tratamiento de situaciones cada vez más complejas – podrían producir que en un futuro próximo el 46 % de la atención hospitalaria se traslade al hogar, por lo que la liberación asistencial comprendería a prácticamente la mitad de los pacientes, provocando una revolución en los sistemas de salud.

Pero, además de las ventajas para el modelo sanitario público y privado, la hospitalización domiciliaria también ofrece grandes beneficios para los pacientes. En primer lugar, mejora la calidad de vida de usuarios y familiares, permitiendo conciliar su actividad cotidiana – si el tratamiento lo admite – y evitando desplazamientos al hospital de forma continua. Según Pascual Garel ("Hospitales en Europa Health Care Data, 2018"), el homecare reduce también el riesgo de contraer infecciones nosocomiales, así como de caídas; además de facilitar el descanso, la comodidad y la intimidad del paciente. En los pacientes de mayor edad, evita asimismo la posibilidad de desorientación, ansiedad o confusión que les puede producir permanecer en un entorno hospitalario.

En definitiva, nos encaminamos hacia un nuevo escenario en el que el desarrollo de nuevas soluciones y su aplicación en el ámbito de la salud puede suponer un cambio sustancial para el sistema sanitario. La transformación en el sector de la salud es imparable y ofrece una gran oportunidad para garantizar la calidad de vida de los pacientes, el objetivo principal de la sanidad pública y privada. Y desde Becton Dickinson apostamos por la innovación en tecnología médica, una tecnología que permita construir un sistema sanitario que ofrezca una asistencia segura y eficiente mientras mejora la calidad de vida de las personas.